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Culiacán, Sinaloa.- Hay lugares a los que uno llega con un sueño y, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en parte de la propia historia.
Eso ocurrió con Santos Javier Velázquez Hernández, quien hace alrededor de 30 años llegó a Sinaloa desde Tempoal, Veracruz, con solo 17 años.
Llegó con la intención de estudiar y con el sueño de convertirse algún día en escritor.
No imaginaba que esta tierra terminaría dándole mucho más que una profesión: aquí conoció a su esposa, formó su hogar, construyó una familia y encontró también una tierra cuya historia literaria despertaría su curiosidad.
Javier llegó a Culiacán atraído por la posibilidad de estudiar en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Su hermano ya estaba en la ciudad y un familiar, Cruz Hernández Fermín, quien había sido profesor en Sinaloa, les hablaba de las oportunidades que ofrecía la universidad.
Al principio pensaba estudiar periodismo o comunicación, pero cuando conoció la carrera de Letras, encontró un camino que parecía hecho para él: “Esto es lo mío”, pensó.

Una pasión que nació desde niño
Sin embargo, su amor por la literatura había comenzado mucho antes de llegar a Sinaloa: con apenas siete años, Javier comenzó a interesarse por los cuentos desde que supo leer y, en vacaciones, mientras su mamá le pedía estudiar, él recuerda tomar su libro de español y leer las historias que en él venían.
Los libros le rodearon desde que tiene uso de razón, pues recuerda que su mamá leía la Biblia, mientras su papá y su abuelo tenían entre sus manos el periódico, y en su memoria aún vive un viejo diccionario que despertó su curiosidad y que pasó muchas horas entre sus manos.
Con el tiempo, aquellos primeros encuentros con las palabras se transformaron en una verdadera pasión. En la secundaria llegaron autores como Hermann Hesse y La cabaña del tío Tom, José Martí y Rubén Darío.
Pero recuerda con emoción también un viejo cancionero que tenía su hermano, donde los boleros lo acercaron más a su amor por la poesía.

Un arraigo de identidad
Después de estudiar Letras, Javier trabajó un tiempo en el periodismo, realizó una maestría y un doctorado en Historia y durante una década fue corrector de estilo en la editorial de la UAS.
Su formación poco a poco lo llevaría a mirar a Sinaloa desde otra perspectiva y también a compartirla a través de fructífera carrera como profesor e investigador, el escritor ha hecho un gran trabajo de difusión sobre la literatura y cultura sinaloense.
Su tesis de carrera fue sobre Gilberto Owen, poeta sinaloense al que llegó casi por casualidad. Después investigó a escritores sinaloenses del Porfiriato y más adelante dedicó su doctorado a Óscar Liera, dramaturgo cuya obra posteriormente se convirtió en uno de sus cuatro libros publicados.
Y fue así que comenzó a descubrir una parte de Sinaloa que considera vital seguir explorando: su historia literaria. Para Javier, conocer a los escritores sinaloenses no significa solamente reunir nombres y obras, sino comprender una parte de la identidad y de la memoria cultural del estado:
“Hay muchos escritores y escritoras bastante interesantes y no tienen el suficiente reconocimiento”, señala con emoción.

Treinta años echando raíces
Javier llegó a Sinaloa siendo un adolescente que buscaba definir su camino. Tres décadas después, puede mirar atrás y reconocer que aquella decisión cambió su vida.
Desde que llegó, le llamó la atención la manera directa y abierta en que las personas se relacionan entre sí, una cercanía y franqueza que, con el paso del tiempo, también hicieron de Sinaloa su hogar.
Esa forma de ser es algo que aprecia profundamente. La cercanía, la franqueza y la posibilidad de hablar de manera directa con los demás son parte de las características que, con el paso de los años, hicieron que este estado también se sintiera suyo.
Y quizá por eso su relación con Sinaloa terminó encontrando una de sus expresiones más importantes en la literatura.

Acercar las letras a los jóvenes
Hoy esa inquietud forma parte del Quinto Seminario Interinstitucional de Literaturas Regionales, un encuentro que busca acercar las voces y expresiones literarias del Pacífico mexicano a nuevas generaciones. Y es que para el escritor ya naturalizado sinaloense el humanismo es algo que hace mucha falta:
“Definitivamente necesitamos más humanistas”, destaca Javier al subrayar la importancia de acercarse a la literatura y formar lectores críticos.
Por ello, bajo el tema “Novedades literarias del Pacífico mexicano”, el seminario será virtual y gratuito del 12 de septiembre al 21 de noviembre de 2026, con seis sesiones sabatinas.
El encuentro reunirá a instituciones de educación superior de distintos estados del Pacífico mexicano para analizar las nuevas expresiones literarias de la región y conocer a sus autores.
Pero para él hay algo todavía más importante: que los jóvenes descubran la literatura que nació cerca de ellos. Su deseo es que las nuevas generaciones no solamente conozcan a los grandes autores de la literatura universal, sino también las voces que han escrito desde Sinaloa.
Hoy busca compartir esa pasión, convencido de que muchas veces la literatura que nace más cerca de nosotros también puede ayudarnos a comprender nuestra historia y quiénes somos.
Y es precisamente esa pasión por transmitir a las nuevas generaciones, porque cuando encontramos aquello que nos mueve, puede convertirse en el impulso para abrir caminos, alcanzar sueños y llegar mucho más lejos de lo que imaginamos.

Actividades parte del Seminario de Literaturas Regionales
- 12 de septiembre: Entre las fronteras y los extrañamientos. Donde termina el verano y otras narrativas peligrosas de Elma Correa.
- 26 de septiembre: En busca de la traza. Obra reciente de autoras sudcalifornianas.
- 10 de octubre: Un breve paseo por las editoriales independientes de Guadalajara y el Sur de Jalisco.
- 24 de octubre: ¿Necropoética? La literatura de Sinaloa frente a sus fantasmas.
- 7 de noviembre: Nuevos fuegos, nuevas olas. Colima en su literatura actual.
- 21 de noviembre: Homenajes, influencias y reescritura de la historia literaria. La obra ensayística de Evelina Gil en Evaporadas y Las calladas del boom.







