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En la colonia Flores Magón, en Mazatlán, una pequeña mesa colocada afuera de una vivienda se convirtió para Clementina García Reséndiz en una fuente constante de ingresos y en una muestra de que siempre es posible encontrar un camino para salir adelante.
Originaria de Guanajuato, Clementina llegó hace 43 años a Sinaloa junto con su familia. Primero se estableció en Villa Unión, donde su esposo encontró mejores oportunidades como albañil. Más tarde, ambos se trasladaron a Mazatlán en busca de estabilidad y un futuro con mayores posibilidades.
“Llegamos con mi familia a Villa Unión porque allá ganaba mi esposo poquito y aquí trabajamos los dos”, recuerda en entrevista con Tus Buenas Noticias.
Durante sus primeros años en el puerto, Clementina trabajó seis años en labores de limpieza en una casa y posteriormente pasó una década en una congeladora de camarón.
Sin embargo, un accidente cambió sus planes: una varilla se le incrustó en la pierna y le impidió continuar trabajando de pie. 
A esa dificultad se sumó la inseguridad que enfrentaba su familia. Mientras ella y su esposo salían a trabajar, su vivienda permanecía sola y sufrían robos constantes.
Ante esa situación, su esposo le propuso quedarse en casa para cuidar sus pertenencias y buscar otra alternativa.
Una mesa que se convirtió en negocio
Clementina decidió iniciar un pequeño emprendimiento desde su hogar. Comenzó con una mesa en la que ofrecía churros y bolis, pero pronto escuchó las preferencias de sus vecinos y amplió su oferta con dulces, agua fresca y ceviche.
Con el paso de los años, aquel negocio se convirtió en un respaldo para su hogar. La comerciante asegura que sus ventas le han permitido contribuir a los gastos familiares, mantenerse activa y darse algunos gustos.
“Con el negocio me ha ido muy bien en estos años porque diario traigo un peso en la bolsa, para mantenerme y mantener a mis hijos”, dice orgullosa.

Clementina llegó a Mazatlán con tres hijos y en esta ciudad tuvo otros tres. Aunque una de sus hijas falleció recién nacida, el resto de su familia permanece cerca, mientras que una hija vive fuera del estado.
Su esposo continúa trabajando en la construcción, pese a que el oficio representa un esfuerzo cada vez mayor para él.
El ejemplo que inspira a la familia
El trabajo de Clementina también dejó huella en sus hijos. Su hijo decidió dedicarse al comercio después de conocer las exigencias de la albañilería y actualmente cuenta con su propio negocio. Por las tardes, ella se instala afuera del establecimiento para continuar con sus ventas.
“Mis hijos me vieron trabajar y mi hijo también se hizo comerciante”, señala.

Para Clementina, emprender no solo significó generar ingresos, sino construir una alternativa familiar frente a los momentos difíciles. Su historia muestra cómo una actividad sencilla, sostenida con constancia y cercanía con la comunidad, puede convertirse en una herramienta de bienestar.
Actualmente, Clementina vende por las tardes, de 5:00 a 8:00, en la calle Jazmín, entre Rosas y Girasol. Desde ese punto continúa ofreciendo sus productos y demostrando que el esfuerzo cotidiano puede abrir oportunidades, fortalecer a una familia y motivar a las nuevas generaciones.
















