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En lo alto de Urbivillas del Roble, en el sector Barrancos, al sur de Culiacán, hay un jardín de niños que ha crecido prácticamente al mismo tiempo que la comunidad.
El Annie Sullivan comenzó en 2007 en una casa prestada de Vinoramas y, con los años, fue ganando aulas, juegos, espacios para convivir y nuevas oportunidades para sus pequeños alumnos.
Hoy sus puertas reciben a cerca de 80 niñas y niños de primero, segundo y tercero, principalmente de Urbivillas del Roble, Vinoramas y sectores cercanos.
La maestra Olga Lidia Ríos Obeso, directora del plantel, llegó en 2009 y desde entonces ha sido parte de ese crecimiento.
“Me tocó trabajar para que lográramos tener otras cuatro aulas, la plaza cívica, los desayunadores, los juegos, porque tampoco había juegos”, cuenta para Tus Buenas Noticias.
Detrás de esos espacios hay años de gestión y trabajo para que los pequeños tengan un lugar digno donde aprender, correr, jugar y convivir.
Innovación educativa en el jardín de niños Annie Sullivan

Pero hay un espacio que particularmente llama la atención: el aula de robótica. Es un salón adaptado especialmente para que los niños trabajen con el material del programa.
Hay mesas, tapetes y los recursos que utilizan durante sus actividades, pero no está lleno de muebles. La intención es que los pequeños tengan libertad para moverse, experimentar y trabajar en equipo.
Una vez a la semana, los diferentes grupos tienen su clase de robótica, siguiendo una planeación que incluye desde el inicio de la actividad hasta el momento de recoger los materiales.
Para la maestra Olga Lidia, lo valioso no solamente está en aprender sobre tecnología. “Los niños aprenden mucho a trabajar en equipo, a desarrollar su lenguaje, a esperar su turno, a cuidar los materiales y a respetar las indicaciones”, explica.
Son aprendizajes que comienzan desde edades muy tempranas y que aparecen mientras los niños juegan, construyen, prueban y buscan soluciones juntos.
Las maestras del jardín también reciben capacitación para poder desarrollar las actividades y cuentan con acompañamiento para llevar a cabo las sesiones.
El impacto de la robótica en la formación infantil

El programa de robótica es una de las fortalezas del Annie Sullivan, pero no la única. Los pequeños también tienen clases de música, artes plásticas y educación física, actividades que complementan su formación y les permiten descubrir diferentes maneras de expresarse.
El jardín cuenta además con un área de juegos, una plaza cívica, desayunadores y espacios arborizados que los niños disfrutan durante su jornada.
La escuela funciona de 9:00 de la mañana a 12:00 del mediodía, con entrada a las 8:45, y todavía tiene espacios disponibles para segundo y tercer grado.
Para la maestra Olga Lidia, hablar del Annie Sullivan es hablar de un lugar que ha ido tomando forma con el paso de los años y con el esfuerzo de quienes han trabajado para hacerlo crecer.
Lo que comenzó con dos aulas hoy es una comunidad escolar donde los niños tienen la oportunidad de aprender, crear, jugar y acercarse desde pequeños a experiencias como la robótica.
Y allá, en lo alto de Urbivillas del Roble, cada mañana vuelven a escucharse las voces de los pequeños que llegan con una mochila al hombro y muchas cosas nuevas por descubrir.





























