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En una pequeña veterinaria del sur de Culiacán, la experiencia acumulada durante casi dos décadas se ha convertido en la principal herramienta de Florencio Castro Favela para salir adelante.
A sus 55 años, Florencio tiene 18 años al frente de Veterinaria El Gallo de Oro, ubicada por Alberto Terrones B-3611, en la colonia Díaz Ordaz, entre Alfonso Cabrera y Luis Basurto.
Su relación con los animales comenzó mucho antes de abrir el negocio. Originario de San Rafael, Guasave, creció entre las actividades del rancho y posteriormente llegó a Culiacán para estudiar la preparatoria. Ingresó a la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Sinaloa, pero tuvo que dejar sus estudios.

El camino, sin embargo, lo mantuvo cerca de los animales.
Cuando tenía alrededor de 26 o 27 años comenzó a trabajar con un hermano que también tenía una veterinaria. Ahí aprendió a atender a los clientes, conocer los productos y enfrentarse a las necesidades cotidianas de quienes buscaban ayuda para sus animales.
Con esa experiencia decidió emprender por cuenta propia.
De unos cuantos costales a un negocio conocido
Florencio recuerda que cuando comenzó tenía apenas tres o cuatro costales de alimento y algunos medicamentos. Con el paso de los años fue ampliando el negocio conforme aumentaron los clientes y las necesidades de quienes acudían a buscarlo.
Actualmente ofrece alimento para mascotas, gallos y otros animales, además de productos de la línea veterinaria. También mantiene su vínculo con el mundo gallero y, ocasionalmente, realiza servicios de estética para animales, una actividad que antes formaba parte habitual de su negocio.
No realiza cirugías ni se presenta como médico veterinario especializado. Cuando un caso requiere atención clínica especializada, busca apoyo y canaliza al animal con otro profesional.
“Animalito que me llega aquí, pues hago lo posible por curarlo; si no puedo, lo mando a otra clínica”, explica.
La constancia como forma de salir adelante
Mantener abierto un negocio durante 18 años también ha significado enfrentar temporadas difíciles, gastos y meses de menor actividad. Para Florencio, la respuesta ha sido no desesperarse y mantener la constancia.
Su jornada comienza a las 9 de la mañana y normalmente termina a las 7 de la tarde, de lunes a sábado. Los domingos trabaja de 9 de la mañana a 2 de la tarde.
Su hijo, ingeniero agrónomo, ocasionalmente lo apoya para que pueda salir a comer. El resto del tiempo, Florencio permanece al frente.
La clientela se ha extendido por distintas colonias cercanas, entre ellas Lázaro Cárdenas, Toledo Corro, Huizaches, Pemex, Estela Ortiz, Díaz Ordaz, Felipe Ángeles y Ruiz Cortines.
Son casi dos décadas de trato cotidiano que han convertido a muchos clientes en amistades y que mantienen vigente un negocio que comenzó con unos cuantos costales.
Desde que dejó San Rafael, Guasave, para buscar nuevas oportunidades en Culiacán, Florencio ha construido aquí su historia: formó una familia, consolidó un negocio y convirtió su cercanía con los animales en una forma de vida.
Hoy, 18 años después, El Gallo de Oro representa, además de su fuente de trabajo, el resultado de una trayectoria basada en la constancia, el aprendizaje y el cariño por su oficio.














