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Hay personas que, con el paso de los años, terminan siendo parte del paisaje de un lugar.
En el tianguis del Rasac, en Alturas del Sur, una de ellas es Olivia López López. Quienes recorren los puestos probablemente la han visto acomodando pantalones, blusas y prendas de dama, buscando entre su mercancía alguna talla para una clienta o saludando a quien se acerca a preguntar por los precios.
Olivia lleva casi 15 años haciendo lo mismo. Fue una de las primeras mujeres que comenzaron a instalarse en este tianguis, cuando todavía eran pocas las personas que acudían a vender. Con el tiempo llegaron más comerciantes, algunas se fueron y otras permanecieron, pero Olivia continúa ahí.
¿Cómo ha cambiado el tianguis en Alturas del Sur?

Su puesto también ha cambiado con los años. Hoy vende principalmente ropa de dama de segunda mano, aunque también ofrece prendas nuevas.
Parte de la mercancía la compra y otra se la regalan personas que la conocen, incluso ropa que sus propios hijos ya dejaron de utilizar. Después, esas prendas encuentran una nueva oportunidad en manos de alguien que busca vestir bien sin gastar demasiado.
En su puesto hay pantalones desde 30 o 40 pesos, otros de 60 o 70, blusas desde 25 pesos y prendas nuevas con etiqueta que pueden alcanzar los 100 pesos.
Pero si algo distingue a Olivia no está colgado en un gancho. Está en su manera de atender a sus posibles clientes. Cuando alguien se acerca, ella saluda, pregunta qué busca, muestra las tallas y explica los precios.
No necesita insistir demasiado. Prefiere atender con amabilidad y dejar que cada persona encuentre lo que necesita. Y sus clientes lo reconocen.
“Les gusta mi forma de ser y de cómo los trato cuando les ofrezco la ropa”, cuenta para Tus Buenas Noticias.
Una vida como comerciante

Olivia tiene cinco hijos y reconoce que la venta de ropa representa una ayuda importante para la economía de su familia. Pero después de tantos años, el tianguis significa algo más. Aquí también encontró amigas. A sus compañeras las llama con cariño “las tiangueras de Alturas”.
Con ellas ha compartido tardes de trabajo, conversaciones, ventas buenas y días en los que simplemente hay que esperar a que llegue un cliente.
Por eso, cuando habla de lo que más disfruta de su actividad, no menciona primero la venta. “Me gusta el convivir con mis amigas”, dice con una sonrisa.
Quizá esa sea la mejor manera de entender por qué Olivia continúa después de casi 15 años. Porque su trabajo le permite generar un ingreso para su familia, pero también le ha dado un lugar dentro de una comunidad que ayudó a construir desde sus primeros días.
Cada tarde, vuelve a extender su ropa, acomoda las prendas y espera a quienes llegan buscando alguna blusa, un pantalón o simplemente algo que les guste.
Y así, entre precios accesibles, ropa que encuentra una segunda oportunidad y conversaciones entre amigas, Olivia López ha hecho del tianguis del Rasac una parte de su vida en Alturas del Sur.















