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Con una hielera llena de bolis y una determinación que no se rinde, Ángela Santamaría recorre los pasillos del tianguis de la colonia Flores Magón en Mazatlán. Ofrece sus productos a vendedores y clientes mientras avanza hacia una meta doble: contribuir al sostén de su familia y concluir un doctorado en turismo.
Tiene apenas dos meses en este emprendimiento. Los bolis los prepara una tía y ella se encarga de venderlos en el Tianguis de la colonia Flores Magón, en escuelas y los domingos en el tianguis de la colonia Pancho Villa.
Ofrece sabores como cajeta, ciruela con leche, pica fresa, fresa con chantillí, tamarindo, nanche, piña, yogurt de fresa, mango con chamoy y otros.
“Empecé a vender por necesidad. Tengo dos hijos, estoy casada, pero el sueldo de una sola persona no alcanza para sostener un hogar”, explica en entrevista cin Tus Buenas Noticias.

Ángela es licenciada en Educación y en Economía, tiene una maestría en Ciencias Sociales y actualmente cursa el último año del doctorado en Gestión del Turismo en la Universidad Autónoma de Occidente, campus Mazatlán.
Sin embargo, no cuenta con una beca y debe buscar ingresos para cubrir sus estudios y las necesidades de sus hijos, de cuatro y siete años.
Antes de vender bolis tuvo un puesto de ropa y calzado en el mismo tianguis, pero llegó el momento de elegir entre ambas actividades. La venta de ropa disminuyó y optó por los bolis, un trabajo más cansado, pero que le deja mejores resultados.
“Es más cansado, sí es cierto; tienes que estar de aquí para allá, caminando y en el sol, pero sí me deja un poco más”, cuenta.
Emprender para estar cerca de sus hijos
Para Ángela, emprender también es una decisión familiar. Los empleos relacionados con su preparación profesional suelen exigir jornadas extensas, incompatibles con el tiempo que desea dedicar a sus hijos.
“Me han dicho: ‘Te puedes encontrar un trabajo mejor’, y yo pienso: sí, ¿y mis hijos? ¿Es descuidar a mis hijos?”, expresa.

Por eso prefiere recorrer los pasillos, ofrecer sus bolis y organizar sus días entre las ventas, la casa, sus hijos y las clases presenciales. En esta etapa, además, concentra sus esfuerzos en la tesis doctoral y busca que le den oportunidad de vender más para completar sus ingresos.
Su esposo la apoya y comprende que el emprendimiento es una forma de contribuir al sustento familiar mientras continúa preparándose. Ángela también aprovecha que vive cerca de la colonia Flores Magón, lo que facilita sus traslados y le permite mantenerse cerca de sus hijos.
“Mis hijos no me van a decir: ‘Mamá, hoy no comemos’. No hay problema”, afirma con la seguridad de quien ha convertido la necesidad en impulso.

Entre el calor, las caminatas y los sabores de sus bolis, Ángela construye una alternativa para salir adelante sin renunciar a su formación ni al acompañamiento de sus hijos.
Su historia muestra que emprender no siempre nace de una elección sencilla, sino de la determinación de encontrar un camino posible para cuidar a la familia y alcanzar los propios sueños.



















