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Culiacán, Sinaloa. - El niño, Jesús Miguel Osuna Astorga encontró en la escritura una manera de contar algo que le importa: las historias de los lugares que forman parte de la vida de Culiacán.

Alumno de quinto grado de la Escuela Primaria Juan M. Banderas, decidió participar en el XV Concurso de la Niña o Niño Cronista de Culiacán después de que su maestro, Edgar Daniel Ortega López, compartió la convocatoria con el grupo.

Su crónica comenzó hablando del Zoológico de Culiacán, pero terminó contando también la historia de un niño curioso que quiere seguir preguntando, investigando y aprendiendo. Foto: Juan Madrigal
Su crónica comenzó hablando del Zoológico de Culiacán, pero terminó contando también la historia de un niño curioso que quiere seguir preguntando, investigando y aprendiendo. Foto: Juan Madrigal

Entre animales y recuerdos, Jesús Miguel descubre el valor de contar la historia de Culiacán

Entre más de 200 niñas y niños participantes, Jesús Miguel fue seleccionado como uno de los 10 ganadores con su crónica “Entre animales y recuerdos: La historia del Zoológico de Culiacán”.

“Me puse muy contento, muy feliz. Y descubrí que todos los sueños se pueden lograr”, contó el menor de 10 años.


Su elección del tema estuvo relacionada con una afición que ha cultivado desde hace tiempo. A Jesús Miguel le gustan los animales, conocer sus características y aprender sobre su cuidado. Ya había visitado el zoológico y recuerda haber visto leones, serpientes y jirafas, pero investigar para su crónica le permitió descubrir una historia que desconocía.

Encontró que, antes de convertirse en zoológico, los terrenos donde actualmente se encuentra formaban parte de antiguas huertas. Una de ellas pertenecía a la familia Redo y era reconocida por sus árboles de mango.

Después de contar la historia del Zoológico de Culiacán, Jesús Miguel ya tiene un nuevo tema en mente: investigar la historia de La Lomita. Foto: Juan Madrigal
Después de contar la historia del Zoológico de Culiacán, Jesús Miguel ya tiene un nuevo tema en mente: investigar la historia de La Lomita. Foto: Juan Madrigal

También conoció que el Zoológico de Culiacán fue inaugurado el 14 de diciembre de 1958 como parte del proyecto del Centro Cívico Constitución, impulsado por el gobernador Gabriel Leyva Velázquez con el apoyo del presidente municipal Emilio Aguerreverre. En sus primeros años contaba con 86 animales de 24 especies.

Con el paso del tiempo, el lugar se transformó junto con la ciudad. Sus instalaciones fueron remodeladas y se incorporaron espacios como el aviario, el herpetario, el jardín botánico y áreas para peces y aves acuáticas.

Para Jesús Miguel, aquellos datos dejaron de ser información para una tarea escolar. Le permitieron comprender que detrás de un sitio visitado por muchas familias existen historias, transformaciones y recuerdos que también forman parte de la identidad de Culiacán.

Jesús Miguel cuenta, sueña y aprende: quiere ser veterinario y seguir descubriendo Culiacán. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel cuenta, sueña y aprende: quiere ser veterinario y seguir descubriendo Culiacán. Foto: Juan Madrigal

“Me interesó más cuando me enteré de que antes de ser el zoológico, eran huertas de mangos y el 14 de diciembre de 1958 se empezó a construir. Y que fue transformándose junto con la ciudad”, explicó el pequeño cronista.


La investigación también reforzó su interés por el cuidado de los animales, pues considera que merecen atención, respeto y protección, ya que, aunque no pueden expresar con palabras lo que sienten, también experimentan emociones.

Si pudiera convertirse en un animal, elegiría un gallo. Le gustan sus patitas y la manera en que cantan.

Esa curiosidad por conocer el mundo que lo rodea también está presente en sus planes para el futuro. Jesús Miguel quiere estudiar para convertirse en médico veterinario, una profesión que relaciona con su gusto por los animales.

Jesús Miguel Osuna Astorga posa junto a la presidenta municipal de Culiacán, Ana Miriam Ramos Villarreal, y al director de su plantel, Mario Medina Meza, durante el reconocimiento a su talento como pequeño cronista. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel Osuna Astorga posa junto a la presidenta municipal de Culiacán, Ana Miriam Ramos Villarreal, y al director de su plantel, Mario Medina Meza, durante el reconocimiento a su talento como pequeño cronista. Foto: Juan Madrigal

“Me gustaría ser de grande médico veterinario, porque me gusta el cuidado de los animales, ellos no hablan, pero sienten”, expresó el menor.


El concurso también le dejó aprendizajes que no aparecen en las páginas de su crónica. Durante el proceso contó con el apoyo de su mamá, Briceida Astorga, quien lo ayudó a iniciar la investigación, y de su maestro Edgar Daniel Ortega López.

Para Jesús Miguel, ese acompañamiento le permitió comprender la importancia de convivir y trabajar en equipo. A esta experiencia se suman otros retos que ya ha enfrentado, como su participación en actividades de Olimpiada de Matemáticas y cuentacuentos.

También disfruta leer. Entre los libros que ha conocido está “Sed de la mariposa”, de Agustín Cadena, que recibió como premio durante el evento de reconocimiento a los ganadores. La lectura forma parte de las actividades que alimentan su curiosidad y su imaginación.

Jesús Miguel Osuna Astorga comparte la alegría de su logro junto a sus padres Miguel Ángel Osuna y Briceida Astorga y su maestro, Edgar Daniel Ortega López, quienes lo acompañaron y apoyaron en cada paso de esta experiencia. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel Osuna Astorga comparte la alegría de su logro junto a sus padres Miguel Ángel Osuna y Briceida Astorga y su maestro, Edgar Daniel Ortega López, quienes lo acompañaron y apoyaron en cada paso de esta experiencia. Foto: Juan Madrigal

La historia que acaba de contar, sin embargo, no será la última que investigue. Jesús Miguel ya tiene en mente un nuevo tema: la historia de “La Lomita”. También observa lo que ocurre cerca de su escuela y considera que los cambios de su entorno merecen ser conocidos.

Habla de la pavimentación de la calle, de la nueva entrada de su plantel y de las adecuaciones que permiten que personas con discapacidad puedan ingresar y desplazarse con mayor facilidad.

Su interés por contar historias también tiene un propósito que involucra a sus compañeros. Le gustaría que su próxima visita al Zoológico de Culiacán fuera acompañada por su grupo escolar, especialmente porque algunos todavía no conocen el sitio turístico de la capital sinaloense.

Jesús Miguel Osuna Astorga, pequeño cronista de Culiacán, encontró en su amor por los animales y la escritura una forma de descubrir y compartir la historia de su ciudad. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel Osuna Astorga, pequeño cronista de Culiacán, encontró en su amor por los animales y la escritura una forma de descubrir y compartir la historia de su ciudad. Foto: Juan Madrigal

Para Jesús Miguel, esa visita sería una oportunidad para compartir con sus amigos una historia que primero despertó su curiosidad y después se convirtió en un reconocimiento.

“Me gustaría mucho ir al zoológico con mis compañeros de la escuela, porque muchos de ellos todavía no lo conocen. Quisiera que fuéramos juntos para que pudieran ver a los animales y aprender más sobre ellos. También me gustaría compartirles la crónica con la que gané, porque me siento muy feliz de haberla escrito y quiero que, a través de ella, conozcan más sobre Culiacán”, compartió el cronista infantil.


A otros niños y niñas que tienen una historia que quieren contar les recomienda participar y confiar en sus capacidades, siempre con el acompañamiento de sus familias y maestros.

“Invito a los niños y niñas a participar en los concursos que más les interesen, a confiar en ellos mismos y a luchar por sus sueños. Sí pueden lograrlo. Yo participé en el Concurso de la Niña o Niño Cronista de Culiacán y tuve la oportunidad de ganar gracias al apoyo de mis papás, mi hermano cuate y mi maestro”, expresó Osuna Astorga.


Jesús Miguel, junto a sus compañeros de grupo y su maestro. Uno de sus sueños es visitar el Zoológico de Culiacán con ellos y compartir la historia que lo convirtió en pequeño cronista. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel, junto a sus compañeros de grupo y su maestro. Uno de sus sueños es visitar el Zoológico de Culiacán con ellos y compartir la historia que lo convirtió en pequeño cronista. Foto: Juan Madrigal

También les aconseja estudiar, practicar la actividad física que más les guste y pensar en la profesión que algún día quieren ejercer. Él eligió el fútbol como su deporte y la veterinaria como uno de sus sueños.

En esta etapa de su vida, Jesús Miguel ha descubierto que hacer preguntas puede llevar a conocer historias y que compartirlas puede ayudar a valorar lo que existe alrededor.

Su crónica habló del Zoológico de Culiacán, pero el proceso terminó contando también una parte de su propia historia: la de un niño curioso, interesado por los animales, acompañado por su familia y su maestro, y dispuesto a seguir aprendiendo.

Jesús Miguel y su cuate Ángel Jesús, juntos como siempre, compartiendo momentos, sonrisas y ese cariño especial que los une desde siempre. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel y su cuate Ángel Jesús, juntos como siempre, compartiendo momentos, sonrisas y ese cariño especial que los une desde siempre. Foto: Juan Madrigal

Jesús Miguel reconoce y agradece el apoyo de sus papás, Miguel Ángel Osuna y Briceida Astorga; de sus hermanos, Ángel Jesús y Roberto; de su maestro, Edgar Daniel Ortega López, y del director del plantel educativo, Mario Medina Meza, quienes lo acompañaron durante este proceso.

Ahora tiene nuevos temas que despiertan su curiosidad y un sueño profesional que ya puede nombrar. Entre animales, libros, fútbol y el deseo de conocer más sobre la ciudad que habita, Jesús Miguel sabe que todavía tiene mucho por descubrir y compartir.

Conoce la crónica de Jesús Miguel: Entre animales y recuerdos: la historia del Zoológico de Culiacán

Cuando escucho la palabra zoológico, pienso inmediatamente en animales: jirafas, monos, aves, felinos y muchas otras especies.

También pienso en niños emocionados señalando a los animales, en familias caminando juntas y en las preguntas que hacemos cuando vemos por primera vez una especie que solamente conocíamos por fotografías.

Pero un día me pregunté algo diferente: ¿qué había en ese lugar antes de que existiera el Zoológico de Culiacán?

Esa pregunta hizo que mi visita al zoológico dejara de ser solamente un paseo. Quise conocer su historia.

Quise saber quién tuvo la idea de construirlo, cómo era Culiacán cuando nació y por qué, después de tantos años, este lugar sigue siendo importante para nuestra ciudad.

Entonces descubrí que detrás de cada espacio que conocemos existe una historia que merece ser contada. Y esta es la historia que encontré.

Jesús Miguel cuenta la historia del Zoológico de Culiacán y demuestra que los sueños se cumplen. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel cuenta la historia del Zoológico de Culiacán y demuestra que los sueños se cumplen. Foto: Juan Madrigal

Un lugar que antes era muy diferente

Hoy podemos caminar por el Zoológico de Culiacán y observar animales de diferentes partes del mundo. Sin embargo, hace muchos años ese paisaje era muy distinto.

Los terrenos donde actualmente se encuentra el Centro Cívico Constitución y el zoológico formaban parte de una antigua zona de huertas. Una de ellas pertenecía a las quintas de la familia Redo y era conocida por sus árboles de mango.

Al conocer este dato imaginé a las personas de aquella época caminando entre los árboles, en un Culiacán mucho más pequeño que el que conocemos actualmente.

Me pareció sorprendente pensar que un lugar que hoy relacionamos con animales y familias alguna vez fue una huerta. También comprendí que los lugares guardan recuerdos.

Quizá para nosotros el zoológico siempre ha estado ahí, pero para las generaciones anteriores significó un cambio enorme en la ciudad.

Mi investigación me llevó hasta el año 1958. Ese año fue muy importante para Culiacán porque se inauguró el Centro Cívico Constitución, un gran espacio pensado para ofrecer actividades culturales, deportivas y recreativas a las familias.

Con curiosidad, imaginación y amor por los animales, Jesús Miguel convirtió su interés por el Zoológico de Culiacán en una crónica ganadora que hoy lo llena de orgullo. Foto: Juan Madrigal
Con curiosidad, imaginación y amor por los animales, Jesús Miguel convirtió su interés por el Zoológico de Culiacán en una crónica ganadora que hoy lo llena de orgullo. Foto: Juan Madrigal

Dentro de este proyecto nació también nuestro zoológico. El 14 de diciembre de 1958 se inauguró el Zoológico de Culiacán. El proyecto fue impulsado por el entonces gobernador de Sinaloa, Gabriel Leyva Velázquez, con el apoyo del presidente municipal Emilio Aguerreverre.

El diseño estuvo a cargo del arquitecto Jaime Sevilla Pollastro. Cuando leí estos datos imaginé cómo debió ser aquel día. Me pregunté cómo se sentirían los niños que entraron por primera vez.

Tal vez algunos tendrían miedo de acercarse a ciertos animales y otros estarían emocionados. Quizá muchos regresarían a sus casas contando todo lo que habían visto.

Lo que sí sabemos es que aquel zoológico comenzó siendo mucho más pequeño que el que conocemos actualmente.

En sus primeros años llegó a contar con 86 animales de 24 especies diferentes. Hoy parece poco comparado con la variedad que podemos encontrar, pero en aquel momento seguramente representó una gran novedad para los habitantes de Culiacán.

Jesús Miguel tiene 10 años, ama a los animales y ya está contando la historia de Culiacán. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel tiene 10 años, ama a los animales y ya está contando la historia de Culiacán. Foto: Juan Madrigal

Un zoológico que creció junto con la ciudad

Culiacán también fue creciendo. Las calles cambiaron, aumentaron las casas, aparecieron nuevas colonias y cada vez hubo más habitantes. Mientras la ciudad se transformaba, el zoológico también fue cambiando.

Con el paso de los años recibió diferentes arreglos y remodelaciones. Una de las transformaciones importantes ocurrió alrededor de 2010, cuando sus instalaciones fueron renovadas para mejorar los espacios destinados a los animales y ofrecer mejores condiciones para quienes lo visitan.

Eso me hizo pensar que un lugar que forma parte de la historia de una ciudad no puede quedarse exactamente igual para siempre. Tiene que cambiar, pero sin perder su identidad. Y eso es precisamente lo que me parece interesante del zoológico.

Cuando un niño de hace más de sesenta años entraba por sus puertas, veía un zoológico diferente al que yo conozco. Pero los dos niños tenían algo en común: la emoción de descubrir.

Más que animales

Antes de investigar sobre el zoológico, yo pensaba que era principalmente un lugar para ir a ver animales. Ahora pienso diferente. El Zoológico de Culiacán también es un espacio para aprender.

En él existen diferentes áreas y espacios destinados a conocer especies y acercar a las personas al mundo animal. Cuenta con áreas educativas, aviario, herpetario, jardín botánico, estanque de peces y aves acuáticas, además de otros espacios para las familias.

Cada animal tiene características diferentes. Algunos vuelan. Otros corren. Algunos pasan gran parte del tiempo descansando. Otros son muy activos. Pero todos tienen algo en común: necesitan que los seres humanos aprendamos a respetarlos.

Jesús Miguel agradece a su maestro por acompañarlo y apoyarlo en el camino para convertirse en pequeño cronista. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel agradece a su maestro por acompañarlo y apoyarlo en el camino para convertirse en pequeño cronista. Foto: Juan Madrigal

Una pregunta que me hizo pensar

¿Para qué sirve conocer la historia del zoológico si yo puedo simplemente ir a visitarlo?

Después encontré mi propia respuesta: porque conocer la historia de un lugar hace que lo valoremos de otra manera. Si yo solamente entro, veo animales y salgo, tuve una visita.

Pero si sé que ese lugar existe desde 1958, que forma parte de la historia de Culiacán y que ha cambiado junto con nuestra ciudad, entonces ya no veo solamente caminos, árboles y animales. Veo más de sesenta años de historias.

Pienso en los abuelos que llevaron a sus hijos. En los padres que después llevaron a sus propios hijos. Y en los niños que algún día llevarán a sus hijos. Por eso creo que el zoológico también es un lugar donde se encuentran varias generaciones de culiacanenses.

Jesús Miguel escribe sobre el Zoológico de Culiacán y motiva a otros niños a luchar por sus sueños. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel escribe sobre el Zoológico de Culiacán y motiva a otros niños a luchar por sus sueños. Foto: Juan Madrigal

El zoológico y nuestra identidad

La convocatoria de este concurso habla de conocer nuestros símbolos de identidad y de aquello que representa a nuestra ciudad. Cuando pensé en eso, entendí que Culiacán no solamente se identifica por sus edificios, calles, monumentos o lugares históricos.

También se identifica por aquellos sitios donde las familias han creado recuerdos. Para muchas personas, el Zoológico de Culiacán es uno de esos lugares.

Tal vez alguien recuerde la primera vez que vio una jirafa. Otra persona puede recordar haber llevado a sus hijos. Alguien más puede recordar una fotografía familiar tomada dentro del zoológico.

Y seguramente habrá personas mayores que recuerden cómo era el lugar cuando ellos eran niños. Por eso considero que el zoológico no solamente conserva animales. También conserva recuerdos de los culiacanenses.

Jesús Miguel Osuna Astorga, junto a los otros nueve ganadores del Concurso de la Niña o Niño Cronista de Culiacán, comparte la alegría de contar historias que preservan la memoria de su ciudad. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel Osuna Astorga, junto a los otros nueve ganadores del Concurso de la Niña o Niño Cronista de Culiacán, comparte la alegría de contar historias que preservan la memoria de su ciudad. Foto: Juan Madrigal

Cuidar también es conocer

Pero investigar sobre el zoológico también me hizo pensar en otra cosa. Si queremos que este lugar siga formando parte de nuestra ciudad durante muchos años, tenemos que aprender a cuidarlo.

Cuidar a los animales no significa solamente darles alimento. También significa respetar sus espacios, no molestarlos, no arrojar basura, no gritarles y comprender que son seres vivos.

Cuando visitamos un zoológico debemos recordar que nosotros somos los visitantes. Los animales son quienes viven ahí. Por eso debemos comportarnos con respeto.

También debemos cuidar los árboles, las plantas, el agua y todos los espacios que forman parte de este lugar. Porque cuidar la naturaleza no es responsabilidad solamente de los adultos. También es responsabilidad de los niños.

Jesús Miguel comparte momentos especiales junto a su hermano cuate, Ángel Jesús, quien forma parte de su vida y de las alegrías que acompañan sus sueños y logros. Foto: Juan Madrigal
Jesús Miguel comparte momentos especiales junto a su hermano cuate, Ángel Jesús, quien forma parte de su vida y de las alegrías que acompañan sus sueños y logros. Foto: Juan Madrigal

Una historia que todavía continúa

Después de investigar, descubrí que el Zoológico de Culiacán tiene una historia que comenzó hace más de seis décadas y que todavía no termina. En 1958 comenzó una historia. Desde entonces han pasado muchas generaciones.

Han cambiado las instalaciones. Han llegado nuevos animales. La ciudad ha crecido. Las familias han cambiado. Pero hay algo que permanece: las ganas de conocer. Ahora, cuando pienso en el Zoológico de Culiacán, ya no solamente pienso en los animales que puedo observar.

Pienso en su historia. Pienso en aquella antigua huerta de mangos. Pienso en el Culiacán de 1958. Pienso en las personas que hicieron posible que existiera. Pienso en los primeros animales. Pienso en los niños que lo conocieron hace muchos años.

“Ellos no hablan, pero sienten”, dice Jesús Miguel al explicar por qué considera que los animales merecen cuidado, respeto y atención. Foto: Juan Madrigal
“Ellos no hablan, pero sienten”, dice Jesús Miguel al explicar por qué considera que los animales merecen cuidado, respeto y atención. Foto: Juan Madrigal

Y pienso en nosotros, los niños que tenemos la oportunidad de conocerlo hoy. Me gustaría que cuando soy adulto pueda regresar al zoológico y encontrarlo todavía ahí.

Pero también me gustaría que esté mejor cuidado, que los animales tengan espacios adecuados y que los niños de las próximas generaciones puedan sentir la misma emoción que yo sentí al descubrir su historia.

Porque ahora entiendo algo: un lugar no se vuelve importante solamente por ser antiguo. Se vuelve importante porque las personas lo hacen parte de sus vidas. Y el Zoológico de Culiacán ha sido parte de la vida de muchas familias durante generaciones.

Por eso, para mí, no es solamente un lugar donde viven animales. Es un lugar donde vive una parte de la historia de Culiacán. Y si nosotros conocemos esa historia, podemos ayudar a que nunca se olvide.



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Juan Madrigal
Juan Madrigal

Licenciado en Administración de Empresas, con más de 15 años dedicado al periodismo impreso y digital en Sinaloa, México, con enfoque en problemáticas urbanas y sociales. Actualmente, suma su experiencia orientando su trabajo al periodismo para la paz, con énfasis en el periodismo constructivo.

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