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Para Ti

Guasave, Sin.- La música llegó temprano a la vida de Ramón Raúl Valenzuela López, pero el camino para convertirla en su profesión comenzó con una frase que pudo haber apagado su sueño.

Tenía apenas alrededor de 10 años de edad cuando pasó unas siete horas esperando una audición para entrar a una orquesta en su comunidad de origen, en León Fonseca de Guasave.

Quería tocar percusiones. Al final, en lugar de una oportunidad, recibió una sentencia: "Tú jamás vas a ser músico", y con esto lo sacaron de la fila de espera de aspirantes.

Raúl pudo haberse quedado con esas palabras. En cambio, siguió buscando la manera de acercarse a los instrumentos.

Hoy, a sus 81 años y con más de seis décadas de trayectoria, todavía toca, comparte melodías con otros músicos y disfruta ver cómo las nuevas generaciones se acercan a escucharlo y buscan tocar junto a él algunas canciones que han acompañado su vida.

La escena siempre está puesta, con sus amigos de antaño mantiene vivo aquel grupo que lo vio salir del pueblo y pasar fronteras.

Su historia demuestra que una puerta cerrada no siempre marca el final del camino, sino la llegada de un mejor escenario.

Y es que aquel maestro que lo sacó del casting para la sinfónica de su localidad no desapareció la historia de Raúl, tampoco la definió, pero sí de ahí emergió lo que hoy es, un ícono del arte en Guasave y en todo el estado de Sinaloa.

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De una tarola a los escenarios

Desde los siete u ocho años, Raúl sentía una atracción especial por la música. En León Fonseca, su madre tenía un restaurante al que acudían integrantes de una banda originaria de La Cruz de Elota.

El niño se acercó a ellos, hizo amistad con los músicos y comenzó a aprender durante las vacaciones escolares. Así conoció de cerca la tarola y las percusiones.

A los 12 o 13 años ya recibía sus primeros pagos: 75 pesos por cinco horas de trabajo musical. Era apenas el comienzo de un oficio que terminaría acompañándolo durante toda su vida.

Después llegó su primera guitarra. Mientras trabajaba en una bodega cerca de su pueblo reunió dinero para comprar una y aprendió por su cuenta con los cancioneros que conseguía en la Librería Excélsior.

No todo salía a la primera. Hubo un momento en que la frustración le ganó y rompió el instrumento, pero se arrepintió, buscó cómo pegarla y volvió a intentarlo.

En 1964, junto con su hermano Jesús Enrique Valenzuela y otros músicos, formó el grupo Versin (Verdura, Sinaloa). La agrupación tocaba rock en inglés y español, con canciones de bandas como The Beatles y The Rolling Stones que en ese entonces eran todo un fenómeno.

Entre bailes y presentaciones en clubes sociales, el grupo se convirtió en parte de aquella escena musical que comenzaba a tomar forma en Guasave.

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Raúl no se conformó con lo aprendido empíricamente sobre la marcha. Hacia 1968 se trasladó a Guadalajara para estudiar música. Allí permaneció alrededor de dos años y avanzó hasta el cuarto nivel. Después volvió a su tierra, con más herramientas para continuar una carrera que lo llevaría a compartir escenarios con artistas de renombre.

Bacatuquiras: noches de música y grandes figuras

El 22 de noviembre de 1971 abrió sus puertas Bacatuquiras, un bar que Raúl impulsó junto con su hermano y otros socios. Durante 23 años, el lugar fue escenario de encuentros musicales y recibió a figuras reconocidas de la canción mexicana y latinoamericana.

Raúl y sus compañeros tuvieron la oportunidad de acompañar musicalmente a José José, Juan Gabriel, Leo Dan, Rocío Dúrcal, Olga Breeskin, Alberto Vázquez y Napoleón, entre otros artistas de aquella época.

No se trataba solamente de escuchar canciones conocidas: para los músicos, acompañar a esos intérpretes significaba estar atentos a cada entrada, sostener el ritmo y responder desde sus instrumentos a lo que ocurría sobre el escenario. Era un trabajo colectivo que exigía oficio, oído y experiencia.

Más adelante, Raúl encabezó "Raúl Bacatuquiras y sus Voces", una agrupación con cuatro mujeres y cuatro hombres en las voces. Con ese proyecto recorrió ciudades desde Guadalajara hasta Hermosillo y Mexicali, además de otros lugares del país.

En esa ruta también tuvo a una compañera fundamental que, como él lo describió para Tus Buenas Noticias, fue pieza clave y cómplice de su crecimiento: su esposa, Hilda Siria Quiñones Sepúlveda.



Llevan 54 años juntos y ella también formó parte activamente en la organización de vestuario, ensayos, horarios y comunicaciones de la agrupación. De aquella vida compartida nació una familia de tres hijos, que con los años creció con nietos y bisnietos.

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El músico que todavía tiene canciones por tocar

A los 81 años, Raúl no vive únicamente de las historias que guarda en la memoria. Actualmente, en el 2026, su pasión y devoción por la música está intacta, y eso es porque se mantiene activo en el bar de su hijo Raúl "El Mil Amores", quien siguió sus pasos como empresario de centros nocturnos además por el amor a la música, pues todos los martes en las reuniones musicales en este lugar ubicado en el centro de Guasave, es el epicentro del encuentro de grandes músicos, que junto a él formaron un repertorio instrumental de orquesta, algo que no en cualquier lugar puedes apreciar y que ha tomado tanto auge que muchos de la época del Bacatuquiras asisten para deleitarse de las melodías de viento.

Todo comenzó con una invitación casual para tocar una tarde. Su hijo grabó una sesión y la publicó en redes sociales. Después llegaron las preguntas de personas que querían saber dónde podían escucharlos. Aquella reunión terminó convirtiéndose en una cita regular.

En el público hay adultos mayores que reconocen las melodías desde los primeros compases y jóvenes que se acercan para escuchar, aprender o grabar los arreglos. En esas reuniones, las canciones pasan de una generación a otra sin necesidad de grandes discursos: basta con que alguien empiece a tocar.

También se reencontró con integrantes de Versin. Tres de los músicos originales, acompañados por otros intérpretes, retomaron las sesiones de los miércoles. Su reunión anterior había sido en 1995, aunque en 2016 volvieron a tocar durante un evento a beneficio de un músico enfermo.

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En casa, la música sigue ocupando buena parte de sus días. Raúl toca y Hilda lo acompaña cantando. No necesita un gran escenario para disfrutar lo que hace; a veces, basta un instrumento y alguien dispuesto a compartir la canción.

Su trayectoria recibió un homenaje municipal por más de 60 años de carrera, realizado en la explanada de la iglesia de El Rosario, en la que reunió una asistencia de más de mil personas. Fue una forma de reconocer públicamente a un músico que ha dejado huella en la vida artística de Guasave.

Sin embargo, Raúl no habla como quien considera que ya lo hizo todo ni como quien espera una nueva ovación. Se siente satisfecho con lo vivido y disfruta seguir tocando, incluso cuando la recompensa no es económica.

A quienes comienzan en este camino les deja un consejo breve, nacido de una vida entera de insistencia: 

"Que no se den por vencidos jamás". Y cuando habla de lo que la música significa para él, la describe como algo que va más allá de un trabajo: "El mejor regalo de Dios".


La última palabra no la tuvo aquel maestro que lo rechazó

Quizá aquel maestro que escuchó al niño Raúl tocar o que evaluó su audición nunca imaginó que sus palabras acompañarían una historia de más de 70 años. Pero tampoco pudo anticipar que aquel pequeño seguiría buscando instrumentos, formando grupos, estudiando, recorriendo escenarios y compartiendo música a los 81 años.

La vida de Raúl "Bacatuquiras" Valenzuela no se mide solamente por los artistas a los que acompañó ni por las noches que pasó frente a un público. También está en las canciones que aún interpreta, en los jóvenes que se acercan a escucharlo y en la familia que ha estado a su lado durante décadas.

El tiempo ha cambiado los escenarios, los públicos y las formas de escuchar música. Lo que no ha cambiado es su deseo de tocar. Y ahí sigue Raúl: 

Con las manos sobre el teclado de un órgano en el escenario o del piano de su casa, las canciones todavía presentes y la misma pasión que comenzó a sentir cuando era apenas un niño.


Le dijeron que jamás sería músico. A sus 81 años, no necesita responder con palabras. Cada vez que toca, la música responde por él.

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Alma Camacho
Alma Camacho

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Occidente. Con más de 13 años de trayectoria en el ejercicio periodístico. Ha generado contenidos informativos para diversas plataformas digitales y colaborado en medios de comunicación de alcance local, estatal y nacional. Experiencia en coberturas de información general, política y social. Actualmente está enfocada en el periodismo constructivo.

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