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VILLA JUÁREZ, Navolato, Sinaloa.— El sabor tropical de un coco fresco, servido al natural o acompañado de sal, limón y chile, forma parte de los antojos de quienes recorren el tianguis de Villa Juárez.
Detrás de esta tradición está Cesáreo Nava Montes, un trabajador que combina sus labores de mantenimiento en un hipódromo del municipio con la venta de cocos, un negocio familiar que le permite ganarse la vida con honestidad.
Originario de Cofradía de Navolato, Cesáreo dedica sus ratos libres a buscar cocos en comunidades y ranchos de la región. Los fines de semana, desde las cinco de la mañana, se instala en el tianguis, a la orilla de la carretera, en Villa Juárez, Navolato, acompañado de su esposa, Heidid Adriana Quevedo López, para ofrecer a sus clientes una fruta fresca y de calidad. 
Entre semana recorre pueblos en busca de familias que tienen palmeras de coco en sus patios y que, en ocasiones, no aprovechan sus frutos. También ofrece mantenimiento a las plantas, a cambio de que los propietarios le entreguen los cocos o acuerden compartir las ganancias.
“Así se elabora mi forma de trabajar”, explica Cesáreo, quien ha encontrado en esta dinámica una manera de aprovechar los recursos de la región y mantener en movimiento su pequeño negocio.
Cocos frescos: un antojo en el tianguis de Villa Juárez
En entrevista para Tus Buenas Noticias comenta que la aceptación de sus clientes ha sido fundamental para continuar con esta actividad. En un día de ventas bajas, Cesáreo puede colocar alrededor de 100 cocos; cuando la jornada es favorable, la cifra llega hasta los 200. 
Aunque reconoce que no es un trabajo que deje grandes ganancias, agradece que las personas sigan acercándose a comprarle. Cada venta representa un ingreso que contribuye a cubrir los gastos del hogar y una oportunidad para continuar trabajando por cuenta propia.
“Es un trabajo que no te deja mucho, pero te deja estar bien con ciertas personas y estar bien con uno mismo y con los demás, trabajar como Dios quiere”, comparte.
Para Cesáreo, la honestidad es uno de los valores esenciales de su actividad. Por eso procura mantener precios accesibles y ofrecer el producto de manera natural, permitiendo que cada consumidor lo disfrute a su gusto. 
El coco se vende a 40 pesos, ya sea tierno o más maduro, y quienes lo prefieren preparado pueden acompañarlo con sal, limón y chile, una combinación que resalta su sabor y lo convierte en un antojo ideal para las jornadas calurosas.
Un trabajo honesto que apoya a la familia
La experiencia de Cesáreo le ha permitido conocer las preferencias de quienes llegan a su puesto. Explica que los consumidores de Sinaloa suelen buscar el coco tierno, especialmente para disfrutarlo por su frescura y sabor.
En cambio, algunas personas originarias del sur del país, que viven en la región o llegan a trabajar a ella, prefieren el coco sazón, más maduro, cuya pulpa comen con sal, limón y chile. 
Estas diferencias forman parte de la convivencia cotidiana en el tianguis, ahí se reúnen personas de gran parte del país, y una fruta tropical puede reunir gustos, costumbres y recuerdos de distintos lugares.
Cesáreo procura atender a todos por igual, consciente de que detrás de cada compra hay personas que, como él, trabajan diariamente para salir adelante. Su negocio se sostiene gracias a esa relación cercana con la gente, que poco a poco se ha convertido en una clientela habitual.
La venta de cocos es también una actividad que comparte con su familia. Su esposa, Heidid Adriana, lo acompaña durante las jornadas de trabajo y sus hijos también le ayudan cuando es necesario.
Juntos se instalan desde las 5 de la mañana y permanecen en el tianguis hasta que se termina la mercancía o disminuye la afluencia de compradores. No hay horarios rígidos ni garantías de que todos los días serán iguales; el ingreso depende de las ventas y del esfuerzo que puedan realizar.
“Gracias a Dios aquí se batalla, pero se goza”, expresa al describir la manera en que enfrenta las exigencias de su trabajo.
Una segunda oportunidad para seguir adelante
La historia de Cesáreo también está marcada por un desafío personal. Después de una operación del corazón, ha tenido que adaptar sus actividades a sus posibilidades físicas. Ya no puede trabajar al mismo ritmo de antes, por lo que procura avanzar con calma, sin abandonar aquello que le permite sentirse útil y sostener a su familia.
“Estoy operado del corazón y trabajo a mi ritmo. Dios me dio otra oportunidad y aquí andamos, laborando al paso”, dice con gratitud.
En el tianguis de Villa Juárez, detrás de cada coco vendido queda el trabajo de una familia que madruga, recorre comunidades y aprovecha las oportunidades que encuentra en el camino. Así, entre el sabor tropical de la fruta y la calidez de sus clientes, Cesáreo Nava Montes continúa escribiendo su historia, con la convicción de que trabajar honradamente siempre vale la pena.







