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Culiacán, Sinaloa. - A veces, el cansancio obliga a Zaida Patricia Leal Viveros a detener la costura y dejar las tijeras sobre la mesa. Su cuerpo necesita descansar antes de volver a tomar la tela y continuar con los arreglos de ropa que realiza desde casa para contribuir a los gastos del hogar y de su tratamiento médico.
A sus 48 años, cada puntada representa mucho más que un ingreso. Es la oportunidad de mantenerse activa, hacer lo que disfruta y conservar la independencia que tanto esfuerzo le costó recuperar.

Zaida cose motivos para seguir disfrutando la vida
También es una manera de agradecer que, después de haber estado tan cerca de perder la vida, todavía puede abrazar a su esposo, convivir con sus hijos y disfrutar de sus nietos.
Desde hace aproximadamente seis años enfrenta la insuficiencia renal y, desde hace cuatro, recibe hemodiálisis. La enfermedad modificó su ritmo de vida, puso a prueba su fortaleza y le enseñó que también hay momentos en los que necesita hacer una pausa.
Sin embargo, entre descansos y pequeños encargos, encuentra en la costura una razón para seguir haciendo lo que le gusta.
Aprender a reconocerse de nuevo. Después de permanecer tres meses hospitalizada, Zaida tuvo que afrontar cambios físicos y emocionales que nunca imaginó. Perdió peso, necesitó ayuda para realizar actividades cotidianas y durante ocho meses evitó mirarse al espejo.
Reconocer su propia imagen le resultaba doloroso; necesitaba tiempo para comprender cuánto había cambiado su cuerpo y aprender a vivir con una realidad distinta.
“Lo más difícil de aceptar de la enfermedad son los cambios tan drásticos que provoca en tu cuerpo, en tu manera de pensar y de sentir. La insuficiencia renal no solo afecta tus órganos, también impacta tu mente y muchos otros aspectos de tu vida”, expresó.

Para una mujer que siempre fue muy activa, acostumbrarse a las limitaciones físicas y enfrentar la depresión representó uno de sus mayores desafíos. Hubo días en los que levantarse de la cama parecía imposible.
Llegó a pesar entre 40 y 45 kilos y durante una etapa no podía caminar ni ponerse de pie por sí misma.
En esos momentos, el acompañamiento de su familia fue fundamental. Recuerda especialmente a su prima Carla, quien permaneció a su lado durante episodios de convulsiones y estados críticos, y a quien agradece su ayuda y calidad humana.
Pero hubo un momento que marcó un antes y un después en su recuperación. Un día, Zaida le pidió a una de sus hijas que le acercara sus medicamentos para la presión, aunque tenía la posibilidad de caminar hasta la mesa. Con cariño, su hija la animó a levantarse y tomarlos por sí misma.
Al día siguiente, cuando le pidió ayuda para bañarse, su hija le hizo saber que estaría a su lado para apoyarla, pero que también confiaba en que podía realizar algunas actividades por cuenta propia.
Aquellas palabras la hicieron reflexionar sobre el esfuerzo que su familia realizaba para cuidarla y sobre las cosas que todavía podía hacer por sí misma.
“Dios mío, ¿cómo le puedo dar una carga tan grande a mi hija pudiendo hacer las cosas yo?”, recordó que pensó.
Ese día, todavía temblorosa y con las piernas muy débiles, se levantó de la silla, preparó el desayuno y decidió recuperar poco a poco su independencia. Desde entonces, dejó de utilizar la silla de ruedas.
Con el tiempo comprendió que también debía aprender a escuchar su cuerpo, descansar cuando lo necesitara y reconocer sus posibilidades sin exigirse más de lo que podía dar.

Una máquina que le devolvió la ilusión
Desde niña, Zaida ha disfrutado hacer moños, bolsas y manualidades. Las telas siempre le han permitido dar forma a sus ideas y crear con sus propias manos.
Por eso, tener una máquina de coser representaba mucho más que adquirir una herramienta. Significaba la posibilidad de trabajar desde casa, obtener ingresos y mantenerse activa sin descuidar su salud.
Al conocer su deseo, Claudia, jefa del área de hemodiálisis, organizó una rifa para reunir el dinero necesario y comprarle una máquina. Susana, enfermera que la ha acompañado desde el inicio de su tratamiento, también le brindó apoyo económico durante una etapa complicada.
Cuando recibió aquel regalo, Zaida se sintió “única”. Le emocionó saber que varias personas habían pensado en ella y se habían unido para hacer realidad uno de sus anhelos.
“Mi máquina de coser me ha dado muchas felicidades. Hay veces que agarro trabajos y a la semana me quedan 400 o 500 pesos. Es algo que, la verdad, me gusta y me ha ayudado bastante mi maquinita”, compartió.

Actualmente, se dedica principalmente a los arreglos de ropa, como cambios de cierres, dobladillos, ajustes y pinzas. Aunque la enfermedad ha reducido sus fuerzas para elaborar manualidades, estos encargos le permiten seguir trabajando desde casa y contribuir a la economía familiar.
Mientras ella obtiene ingresos con la costura, su esposo, Juan Carlos Flores Burgos, trabaja dando mantenimiento a equipos de aire acondicionado y lavadoras, además de realizar trabajos eléctricos. Siempre que puede, procura acompañarla y estar pendiente de lo que necesita.
“Mi esposo es mi todo, es mi bastón”, expresó Zaida, agradecida por contar con un compañero que ha permanecido a su lado durante las etapas más difíciles.
Hay ocasiones en las que el cansancio es tan grande que quisiera llegar a casa y dormir durante horas. Sin embargo, pensar en los gastos de sus traslados a las sesiones de hemodiálisis y en las necesidades del hogar la impulsa a continuar con los encargos que puede realizar.
“Lo que hago es, más que nada, por necesidad y para ayudar a mi esposo. Hay veces que quisiera llegar a casa y dormir todo el día y toda la noche, pero cuando pienso que el dinero no alcanza y que tengo que cubrir los gastos para ir a hemodiálisis, sé que debo seguir trabajando”, explicó.

Su familia, el mayor motivo para soñar
Sus hijos Diana, Benito Alberto y Xiomara, junto con sus cuatro nietos, Valentina, Leonel, Tadeo y Victoria, ocupan un lugar esencial en su vida. Pensar en ellos le recuerda cuánto desea acompañar a los pequeños mientras crecen, estar presente en sus alegrías y disfrutar muchos momentos familiares más.
Las conversaciones, las risas de sus nietos y la oportunidad de reunirse con los suyos tienen un significado especial. Después de haber estado tan cerca de perder la vida, Zaida aprendió a valorar esos instantes cotidianos que antes podían pasar inadvertidos.
En dos ocasiones estuvo a punto de morir. Durante esos momentos críticos, la atención de la doctora Cindy Salazar fue decisiva. Zaida le guarda un agradecimiento especial por haberla ayudado a salir adelante y por el acompañamiento que le ha brindado durante este proceso.
“En dos ocasiones me jaló de morir (doctora Cindy Salazar). Llegué al hospital prácticamente sin vida y ella me ayudó a salir adelante. Siempre voy a estar agradecida con ella porque nunca me ha dejado sola y me ha apoyado en todo momento”, recordó.
También reconoce el respaldo de Claudia, Susana, el enfermero Humberto, su prima Carla, sus tías Chayo, Irma, Blanca y Eutropia, su amiga Samantha y otras personas que le han tendido la mano. Cada gesto de solidaridad ha sido importante para afrontar las etapas más complicadas y recordarle que cuenta con personas dispuestas a acompañarla.

Un deseo tan sencillo como disfrutar del agua
Después de cuatro años en hemodiálisis, Zaida ha tenido que adaptar incluso los hábitos más cotidianos. Ha pasado por fístulas que no funcionaron y actualmente cuenta con cuatro catéteres, por lo que debe extremar cuidados para proteger sus accesos y evitar complicaciones que puedan dificultar su tratamiento.
Si pudiera pedir algo para mejorar su calidad de vida, su primer deseo no sería un trasplante. Lo que más anhela es contar con una fístula que le permita bañarse con mayor libertad y volver a disfrutar del agua sin las restricciones que enfrenta actualmente.
“Anhelo meterme a un charco, remojarme o simplemente que el agua de la regadera me caiga en todo el cuerpo. Es tan frustrante no poder ir a una alberca o a cualquier lugar y mojarte. Creo que eso es lo que pediría en esta etapa de mi vida: una fístula para tener una mejor calidad de vida”, expresó.
Detrás de ese deseo hay algo más que la posibilidad de bañarse sin tantas restricciones. Zaida quiere recuperar la tranquilidad de realizar actividades sencillas sin temor a que el agua afecte su tratamiento, una libertad que valora especialmente después de tantos años de cuidados.
A esa necesidad se suman las preocupaciones económicas, pues debe cubrir los gastos de su tratamiento y continuar trabajando en la medida en que su salud se lo permite.
Aun con esas dificultades, encuentra consuelo en su fe, en el respaldo de su familia y en la posibilidad de volver a sentarse frente a su máquina de coser cuando recupera las fuerzas.
“Si Dios nos tiene aquí, es por algo. La vida es hermosa, aunque a veces el dolor no nos permita verlo”, reflexionó.
“Amo la vida”, afirmó Zaida, con la gratitud de quien ha estado cerca de perderla y conoce el valor de una nueva oportunidad.
Después de atravesar momentos críticos, disfruta de otra manera los abrazos de sus hijos, las ocurrencias de sus nietos y la compañía de su esposo. En esos instantes encuentra una dicha que ninguna dificultad ha conseguido arrebatarle.
Aunque hay días en los que el cansancio la obliga a detener la costura, espera recuperar fuerzas para volver a su máquina. Cada prenda que arregla le permite sentirse útil, aportar a su hogar y conservar una actividad que la acompaña desde niña.

Sus mayores anhelos son sencillos: ver crecer a sus nietos, celebrar sus logros y seguir construyendo recuerdos junto a su familia. No pide que todos los días sean fáciles; agradece tener la oportunidad de disfrutarlos a su manera, con pausas cuando el cuerpo lo necesita y una sonrisa cuando las fuerzas regresan.
Así, entre telas, puntadas y el cariño de los suyos, Zaida encuentra motivos para seguir adelante. Sabe que la vida puede cambiar en un instante y que, después de haber estado tan cerca de despedirse de ella, cada abrazo, cada conversación y cada día compartido adquieren un valor inmenso.
Porque para Zaida Viveros vivir también significa eso: volver a sentarse frente a su máquina de coser, escuchar las risas de sus nietos, tomar la mano de su esposo y agradecer que todavía tiene muchos momentos por compartir con quienes más ama.













