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En diciembre de 2021, cuando el año se despedía, la sindicatura de Costa Rica, en Culiacán, comenzó a escribir un capítulo distinto de su historia. No fue con asfalto ni con cemento, sino con pintura, pinceles y una idea sencilla: convertir un callejón en un lugar que los costarricenses pudieran sentir como propio.
Así nació el Callejón Mágico, que está ubicado frente a la iglesia y en pleno centro de la sindicatura, hoy orgullo de su gente.

Idea que se transformó en realidad
La iniciativa surgió desde la propia sindicatura municipal y pronto sumó talento. Pintores de la localidad, que conocen cada esquina y cada historia del pueblo, trabajaron codo a codo con artistas invitados de Culiacán.
Ese encuentro entre lo local y lo visitante le dio al callejón una voz plural, hecha de manos distintas pero con un mismo cariño por la comunidad.

Para quienes viven en Costa Rica, el Callejón Mágico es mucho más que un conjunto de murales. Es la prueba de que el arte también pertenece a los pueblos, no solo a las grandes ciudades.
Sus pinturas
Cada trazo recuerda que una comunidad agrícola, trabajadora y orgullosa de sus raíces puede tener su propio espacio cultural, uno que se ve, se camina y se presume.
Hay un orgullo particular en recorrerlo. Un espacio así invita a que las familias lo caminen con sus hijos, a que los jóvenes se fotografíen frente a las obras y a que vecinos de comunidades aledañas se acerquen a conocerlo. Lo que antes era un simple paso se transforma en punto de encuentro.
Identidad de un pueblo
Además, el Callejón Mágico habla de identidad. Costa Rica, sindicatura de Culiacán reconocida como tal desde 1949, cuenta con una historia propia y una gente que la defiende. Ver esa identidad reflejada en colores y formas fortalece el sentido de pertenencia y deja claro que la comunidad también sabe crear belleza para sí misma.

Lo que se construye con arte y participación perdura. En tiempos en que las comunidades buscan motivos para unirse, un callejón pintado se vuelve símbolo de esperanza, de cuidado compartido y de espacios públicos que se sienten de todos. Cuidarlo, visitarlo y contarlo es una forma de decir presente.
A casi cinco años de aquel diciembre de 2021, el Callejón Mágico sigue ahí, esperando quien quiera cruzarlo. Para los costarricenses no es solo una calle decorada: es un pedazo de su pueblo que aprendió a brillar, y que hoy pueden mostrar con la frente en alto a quien llegue de cerca o de lejos.






