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Para Aurora Smith Hurtado, los pasteles empezaron con un fondant. Su mamá volvió de un diplomado de repostería con uno muy bonito y ella, aún en la prepa, pensó: “Yo quiero hacer eso”.
Vive en la sindicatura de Costa Rica y hoy tiene 31 años y 14 de oficio, todos aprendidos mirando. Pero hubo una época en que no quería saber nada de eso.

La vida y sus caprichos
En la universidad, donde estudió Nutrición, los pedidos llegaban solos. Hasta cargaba pasteles a clases y le daba vergüenza. Durante el servicio social, sus jefes le insistían:
“Deberías ejercer lo de los pasteles. Cumpleaños siempre hay”. Ella no lo tomaba bien. “Yo quería ejercer mi profesión”, cuenta. Los pasteles eran un hobby. Para eso, decía, estaba estudiando.
Entonces llegaron los desmayos. Tenía 22 años. Tras meses de médicos y estudios, cuando la directora de su facultad le ofreció un interinato, tuvo que rechazarlo. “Yo literal daba un paso y me desmayaba”. Esa oportunidad todavía le pesa.
El diagnóstico fue disautonomía, una alteración del sistema nervioso autónomo, el que controla lo involuntario: presión, digestión, vista. Después de una crisis, su cuerpo tarda días en recuperarse. Vive lejos de la ciudad y salir a un empleo formal era muy complicado; ya se había desmayado en la calle sin que nadie la ayudara.

Un impulso en su vida
Pasó dos años cuidando a la hija de una prima y esa etapa la atesora en su corazón porque según cuenta a Tus Buenas Noticias, le cambió la vida totalmente.
“Me dio mucha vida”, dice.
Luego vino la pandemia derivada del Covid-19 y una amiga suya, fue quien le insistió que se preparara y siguiera con el noble oficio de los pasteles, pero Aurora todavía entonces se resistía.
“Ahí me voy a quedar yo por eso estoy estudiando”, recuerda para Tus Buenas Noticias.
Pero a los 25 años quería dejar de depender de su papá. Su hermano mayor le prestó su tarjeta. La primera venta le dejó 500 pesos de ganancia y “Yo bien feliz”, relata a Tus Buenas Noticias.
Los pedidos crecieron hasta que la casa no alcanzó. Este año el mismo hermano la empujó: “Si no lo haces ahorita, no lo vas a hacer nunca”. Hoy su local en la calle Lázaro Cárdenas, en Costa Rica, nació de una cochera. Vive de lo que se resistía a hacer.

Hace falta socializar
Trabaja solo bajo pedido. En las semanas de fatiga va más lenta y sus clientes no lo notan; no le gusta “estarlo gritando”. Lo que más le piden es Spider-Man y, este año, las guerreras K-pop.
Precisamente el mes de octubre tiene la fecha en donde se conmemora la concientización de la disautonomía, que para muchas personas sigue siendo una discapacidad invisible y poco conocida por la falta de difusión entre la sociedad.
“No tenemos la cultura de ayudar a una persona cuando la vemos desmayada”, lamenta.
Metas por lograr

Su siguiente paso es contratar mujeres con ganas de aprender. “Las personas que tienen ganas de trabajar son las que aprenden más”, dice. La encuentran en Instagram: pasteles_aurorasmith.














