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Guasave, Sin. - En el centro de Guasave permanece un pequeño puesto que, con el paso de los años, se convirtió en parte de la historia cotidiana de la ciudad. Es el negocio de aguas y dulces que inició Elías Navarrete, conocido como el Güero Cebadero, y que hoy mantiene vivo su hija Alma Leticia, mejor conocida como la Güera Cebadera.
El próximo febrero, si Dios les presta vida, la familia espera celebrar los 70 años de aquel negocio que comenzó como una forma de sacar adelante a nueve hijos.
Alma Leticia tiene 62 años y desde los 8 ayuda a su padre. Son 54 años detrás del mismo puesto, donde aprendió el oficio y las enseñanzas que sus padres, Elías y doña Chole, dejaron en ella y sus hermanos. 
“De este negocio salió todo para salir adelante”, recordó.
Los nueve hermanos lograron convertirse en profesionistas. Entre ellos hay un médico anestesiólogo, maestras, trabajadoras sociales, enfermeras, secretarias y un veterinario. La mayoría emigró a Estados Unidos, donde actualmente vive y trabaja, mientras Alma Leticia decidió quedarse en Guasave para continuar con el negocio familiar.
“Yo me quedé con el negocio porque me encanta”, compartió con Tus Buenas Noticias.
Para ella, el puesto representa mucho más que una fuente de ingresos: es una manera de mantener presentes a sus padres y el ejemplo que les dejaron.
“Los principios morales que nos enseñaron fueron, más que nada, trabajar, salir adelante con honradez”, señaló.
Una vida detrás del mostrador
Durante más de cinco décadas, Alma Leticia ha visto pasar generaciones de clientes. Algunos llegaron de niños y hoy regresan con sus propios hijos o nietos.
Atender diariamente a personas distintas también le ha enseñado a tener paciencia y carácter.
“Hay gente muy noble, muy buena, hay de todo, pero tienes que saber sobrellevar a todo mundo”, comentó.
Su jornada comienza alrededor de las 9:00 horas de la mañana, después de realizar las labores del hogar, y puede terminar cerca de las 17:00 horas de la tarde. El calor y las picaduras de abejas forman parte de una rutina que conoce desde niña. 
“A mí me encanta, disfruto mucho mi trabajo”, afirma.
Sus dos hijos también crecieron cerca del puesto y la ayudaron mientras estudiaban. Ahora, con tres nietos, Alma Leticia procura transmitir a su familia las mismas enseñanzas que recibió de sus padres.
El puesto donde encontró el amor
Entre los recuerdos de aquel lugar guarda uno especial: ahí conoció a su esposo. En aquellos años, sus padres vendían aguas en una carretita frente al sitio donde hoy se encuentra el negocio. Él era taxista y frecuentaba el lugar.
“Él me echó el ojo y yo también a él”, contó entre risas.
La historia terminó en matrimonio. Actualmente suman alrededor de 30 años juntos y él continúa apoyándola en el negocio.
A unos meses de celebrar siete décadas de aquel proyecto familiar, la Güera Cebadera sigue levantando la cortina cada día. No sabe cuánto tiempo más permanecerá detrás del mostrador, pero tiene claro por qué continúa ahí: disfruta su trabajo y mantiene vivo el esfuerzo de sus padres.
“Esperemos en Dios festejar los 70 años aquí en el negocio”, destacó.
Así, entre aguas, dulces y clientes que regresan generación tras generación, Alma Leticia conserva en el centro de Guasave un legado que comenzó como el sustento de nueve hermanos y hoy forma parte de la memoria de la ciudad.












