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LAS REDES SOCIALES VAN A CAMBIAR
Serán menos adictivas, para el bien de todos.
Las redes sociales pueden sin duda ofrecer cosas positivas, pero su toxicidad se ha hecho más y más evidente en los últimos años.
La Comisión Europea lleva años vigilando de cerca a Instagram y Facebook, y este verano ya planteó que Meta se podía enfrentar a una multa de 12,000 millones de dólares por el diseño adictivo de estas plataformas.
En EEUU la cosa era igual de peligrosa para la compañía creada por Mark Zuckerberg.
Estos días Meta se enfrentaba al que probablemente era el proceso judicial más importante de la historia: uno que nos hacía recordar los grandes juicios contra la industria tabaquera.
Desde el principio todo pintaba mal para Zuck y sus chicos, y Adam Mosseri, CEO de Instagram, argumentaba que en el tema de la seguridad de los adolescentes en redes sociales "no existen soluciones mágicas".
Tan negro lo vio Zuck que el máximo responsable de Meta ha preferido llegar a un acuerdo con la justicia norteamericana para evitar que el proceso vaya más allá.
La empresa pagará 18.000 millones de dólares, una cifra colosal, pero lo importante no es eso, sino cómo tanto Facebook como Instagram cambiarán de forma notable su forma de funcionar entre niños y adolescentes.
Las restricciones serán significativas: dos horas diarias como máximo, pausas obligatorias de 15 minutos y bloqueo nocturno.
Los menores de 17 años de EEUU serán los primeros en ver los cambios, pero esto parece solo el principio de un gran punto de inflexión en ese consumo de redes sociales: tras los niños y adolescentes estadounidenses probablemente irán los del resto del mundo, y no es descabellado pensar que haya cambios importantes también en las estrategias de "bienestar digital" de estas plataformas.
El terremoto de las redes sociales acaba de iniciarse.
Su alcance puede ser enorme para toda la industria (te miro a ti, TikTok), y eso supone cambios en toda esa cultura al doom scrolling que hemos creado de la nada y que nos estaba volviendo un poco tarumbas. Todo pinta bien para nuestra salud mental y, sobre todo, para la de nuestros chicos.





