Las amapas rosas transforman el paisaje urbano de Culiacán
La floración de amapas rosa en Culiacán es un recordatorio de la belleza natural que nos rodea, generando un ambiente de pertenencia. Hasta el estado de ánimo de las personas es mejor con ese paisaje natural.

¿Quieres resumir esta nota?
Hay algo en el centro de Culiacán que cambia cada año sin hacer ruido. No es una obra nueva ni una calle remodelada. Desde febrero, cuando las amapas comienzan a florear, la ciudad se detiene un poco y se deja mirar distinta.
Las amapas rosa, también conocidas como rosamoradas, empiezan soltando sus hojas, como si prepararan el escenario.
Días después, los árboles se llenan de flores intensas, de un color rosa que casi se convierte en morado, y las calles del centro se transforman en un paisaje que invita a caminar más despacio, a levantar la vista y, casi siempre, a sacar el celular para tomar una foto.
La floración de amapas rosa transforma el paisaje urbano

"Pasar por aquí en estos días te cambia el ánimo", comparte don Joaquín López, vendedor ambulante que trabaja bajo la sombra de una amapa.
"A veces la gente me compra y se queda viendo el árbol, como si no se quisiera ir". Y es que no se trata solo de un árbol bonito, sino de una escena que conecta con la memoria y con el sentido de pertenencia.
Originaria de la sierra sinaloense, la amapa ha encontrado en la ciudad un lugar para seguir viva. Es resistente, se adapta bien al clima y ofrece sombra, flor y refugio para aves e insectos. Cada ejemplar que florece en el centro es también un pequeño respiro verde en medio del asfalto.
Importancia de la amapa como especie amenazada en Culiacán

Además, su presencia tiene un valor especial: la especie Handroanthus impetiginosus está catalogada como amenazada, por lo que cada amapa urbana que se cuida es una forma de protección silenciosa, pero constante.
Hoy, el centro de Culiacán luce de gala. No por una fecha especial, sino porque la naturaleza decidió recordarnos que la belleza no siempre se construye. A veces, simplemente florece. Y cuando las calles se pintan de rosa, la ciudad se siente, aunque sea por un momento, más nuestra.

















