Culiacán en conversación: preguntas clave y respuestas directas sobre el futuro de la ciudad
Empresarios, jóvenes y ciudadanos dialogaron con el empresario y filántropo Alberto Coppel Luken y el chef Luis Osuna Vidaurri sobre salario mínimo, pacificación, educación, pobreza e infraestructura en “Culiacán en conversación”


¿Quieres resumir esta nota?
En el foro Culiacán en conversación: La ciudad que imaginamos, visión y acción compartida, las preguntas no fueron decorativas. Fueron directas. Y las respuestas también.
El diálogo, encabezado por el empresario y filántropo Alberto Coppel Luken y el empresario y chef Luis Osuna Vidaurri, y moderado por Richard Huett, director del Tecnológico de Monterrey campus Sinaloa, puso sobre la mesa temas que duelen, que en ocasiones resultan polémicos, pero que no pueden evitarse.

Salario mínimo: ajuste necesario, pero con orden
Uno de los cuestionamientos más claros fue sobre el incremento histórico del salario mínimo. ¿Por qué antes hubo resistencia y ahora no?
La respuesta de ambos coincidió en un punto: el rezago era evidente. El salario había perdido poder adquisitivo durante años y el ajuste era necesario frente a la inflación global. Sin embargo, se subrayó que cualquier incremento debe hacerse con disciplina y responsabilidad para mantener competitividad.
El mensaje fue pragmático: justicia salarial sí, pero con estabilidad económica.
Pacificación: corresponsabilidad real
La conversación subió de tono cuando se abordó la seguridad. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad ciudadana y dónde empieza la del gobierno?
La postura fue clara: la sociedad debe exigir, pero también participar activamente. Denunciar cuando sea necesario. Construir canales de diálogo. Colaborar sin caer en la confrontación interna.
“No podemos pelearnos entre nosotros”, fue la idea central. Frente al crimen, la división nos debilita, pero la coordinación nos fortalece.
Juventud, liderazgo y tocar puertas
Jóvenes líderes preguntaron cómo lograr apoyo empresarial para proyectos sociales. La respuesta fue concreta: tocar puertas y presentar propuestas sólidas. Las empresas buscan causas serias y medibles.
También se habló de ampliar la comunicación de iniciativas sociales. Muchas existen, pero no siempre se conocen. La visibilidad es clave para sumar voluntades.
Una intervención destacó la importancia de la perseverancia: las oportunidades no siempre llegan; se buscan.
Infraestructura y diversificación económica
Otro planteamiento fue contundente: Culiacán necesita infraestructura estratégica y dejar de depender exclusivamente de la agricultura.
Se propuso imaginar una ciudad conectada con la frontera norte, con manufactura, tecnología y nuevas vocaciones económicas.
La comparación con la transformación de Mazatlán tras la carretera Mazatlán–Durango dejó una pregunta implícita: ¿cuál será la obra que cambie el rostro de Culiacán?
Educación y tecnología: el siguiente paso
El rol de la robótica, la inteligencia artificial y la ingeniería fue señalado como determinante. La ciudad no puede quedarse en el modelo tradicional. El mundo avanza hacia la automatización y Culiacán debe tecnificarse si quiere competir.
La conclusión fue directa: el futuro no espera. La reconstrucción del tejido social, la diversificación económica y la apuesta tecnológica requieren acción compartida.
No fue un evento de aplausos fáciles. Fue un ejercicio de realidad. Y eso, para una ciudad que busca reinventarse, ya es un avance.














