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“Judíos” Mayo-Yoremes irrumpen Villa Juárez y ciudades de Sinaloa con su manda de Semana Santa

Con máscaras, tambor y 40 días de sacrificio, los “judíos” Mayo-Yoreme provenientes de Choix recorren Villa Juárez y ciudades para cumplir su manda y recaudar fondos para la fiesta tradicional del Sábado de Gloria.

26 febrero, 2026
Con máscaras grotescas y atuendos coloridos, los “judíos” Mayo-Yoremes en recorrido por el tianguis de Villa Juárez solicitando cooperación para su fiesta ceremonial.
Con máscaras grotescas y atuendos coloridos, los “judíos” Mayo-Yoremes en recorrido por el tianguis de Villa Juárez solicitando cooperación para su fiesta ceremonial.

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Con máscaras grotescas o de animales, atuendos multicolores y el inconfundible sonido de un tamborcillo, los llamados “judíos” de la etnia Mayo-Yoreme irrumpieron en las calles y el tianguis de Villa Juárez, reviviendo una de las manifestaciones más emblemáticas de la Semana Santa en el norte de Sinaloa.

Como cada año, estos personajes recorren los espacios más transitados de Sinaloa, solicitando cooperación económica. Entre danzas, brincos y carreras repentinas, se convierten en el asombro —y a veces el “terror”— de niños y hasta de los perros que le salen al paso.

El sonido del tamborcillo anuncia la presencia de los danzantes, quienes cumplen una manda de esfuerzo y resistencia durante la Cuaresma.
El sonido del tamborcillo anuncia la presencia de los danzantes, quienes cumplen una manda de esfuerzo y resistencia durante la Cuaresma.

Sin embargo, más allá del impacto visual, su presencia encierra un profundo sentido espiritual y comunitario. La tradición de los “judíos” forma parte del complejo ritual de Cuaresma de los pueblos yoremes, resultado de casi 500 años de sincretismo religioso.

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No se trata propiamente de una danza, sino de una “manda”: un acto de sacrificio moral y físico ofrecido al Señor Jesucristo o a la virgen, para conmemorar, a su manera, la Semana Santa. Durante estos días no pueden hablar.

En Sinaloa, los “judíos” aparecen el primer viernes después del Miércoles de Ceniza y permanecen activos hasta el Sábado de Gloria. Durante esos 40 días, salen de sus centros ceremoniales para “limosnear” y reunir fondos destinados a solventar los gastos de la fiesta mayor.

Esto incluye: pirotecnia, alimentación durante cinco días para unos mil y dos mil participantes, durante las reuniones multitudinarias en sus centros ceremoniales, también el pago a los danzantes de pascola y venado con sus músicos, así como adornos y mejoras a la iglesia.

El grupo proveniente de Choix se suma a la diversidad cultural de Villa Juárez, sindicatura donde convergen más de 20 etnias del país.
El grupo proveniente de Choix se suma a la diversidad cultural de Villa Juárez, sindicatura donde convergen más de 20 etnias del país.

Impacto cultural de la manda en la comunidad

Es una mezcla de la evangelización Jesuita con la cosmovisión indígena. Representan a los soldados que persiguieron y crucificaron a Jesús. Es una manda de sacrificio, esfuerzo y resistencia física durante los 40 días de cuaresma. El Sábado de Gloria, sus máscaras y vestimentas se queman, simbolizando el perdón de sus pecados.

Cada participante porta sus tenábaris de capullos de mariposa colocados en las pantorrillas, sonajas de carrizo a la cintura y una vestimenta especial con la que recorren largas distancias a pie como parte de su compromiso.

El esfuerzo físico y la resistencia son componentes esenciales de esta manda, asumida sin esperar recompensa material alguna. Aunque suelen confundirse con los matachines, los “judíos” no son lo mismo; comparten, eso sí, el sentido devocional hacia el Niño Dios y el Señor Jesucristo.

Detalles sobre la celebración y su significado

En esta ocasión, el grupo proveniente del municipio de Choix se sumó al mosaico cultural de Villa Juárez, sindicatura que concentra a más de 20 etnias representadas por migrantes de distintos estados del país. Su presencia nos recuerda las raíces indígenas del norte sinaloense y reafirma la diversidad cultural que caracteriza a esta comunidad agrícola.

Entre el estruendo del tambor y el murmullo del mercado, los “judíos” dejan claro que su paso no es simple espectáculo: es fe en movimiento, memoria viva y resistencia cultural que, año con año, vuelve a tomar las calles.

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