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De Alaska a Angostura: la asombrosa migración de chorlitos que cada invierno llegan a Sinaloa

Miles de chorlitos recorren cada año miles de kilómetros desde los humedales del Polo Norte en Alaska hasta la Bahía de Santa María, en Angostura, Sinaloa, en una migración clave para la biodiversidad continental.

2 marzo, 2026
La migración de aves playeras conecta ecosistemas desde el Polo Norte hasta las costas del Pacífico mexicano. Foto UABCS
La migración de aves playeras conecta ecosistemas desde el Polo Norte hasta las costas del Pacífico mexicano. Foto UABCS

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Cada invierno, miles de pequeñas siluetas sobrevuelan el cielo del Pacífico para posarse en los humedales del centro de Sinaloa. Son los chorlitos o tildíos, aves playeras que recorren miles de kilómetros desde el extremo norte del continente hasta la costa del municipio de Angostura, en un viaje que conecta al Polo Norte con el trópico mexicano.

La historia de esta interrelación quedó documentada desde 2006 en un recorrido realizado hasta el delta del río Cooper, en Alaska, experiencia difundida en el programa de TVP Reflejos, por el que esto escribe.

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El santuario del norte: el Delta del río Cooper

Ubicado a orillas del Golfo de Alaska, el Delta del río Cooper —también conocido como río Cobre— cubre cerca de 700 mil acres, convirtiéndose en el sistema de humedales continuo más grande del norte del océano Pacífico.

Cada primavera, entre 5 y 7 millones de aves playeras se concentran en sus planicies fangosas, pastizales y marismas. Ahí encuentran abundante alimento: moluscos, gusanos marinos y pequeñas almejas que les permiten acumular la energía necesaria para realizar vuelos extraordinarios.

Aves migratorias, Chorlitos viajan desde Alska a México. Foto. Cortesía Víctor Ayala
Aves migratorias, Chorlitos viajan desde Alska a México. Foto. Cortesía Víctor Ayala

Algunas especies, como el playerito occidental (Calidris mauri), pueden recorrer hasta 32 mil kilómetros en su viaje de ida y vuelta, con trayectos continuos de más de 70 horas sin descanso.

Tras abandonar Alaska al finalizar el verano, muchas de estas aves se desplazan por el corredor migratorio del Pacífico hasta llegar a la Bahía de Santa María, considerada el sitio más rico del noroeste de México para aves playeras durante el invierno.

En este ecosistema costero del municipio de Angostura, los chorlitos encuentran condiciones similares a las del norte: extensas áreas de lodo expuestas por las mareas, abundancia de invertebrados y relativa tranquilidad para descansar y alimentarse.

Durante años, muchos habitantes locales pensaron que estas aves eran propias de la región. Hoy se sabe que son especies compartidas en todo el continente americano, verdaderas embajadoras sin fronteras.

Cooperación internacional para su conservación

La importancia hemisférica de estos humedales ha impulsado alianzas entre organismos internacionales y autoridades de distintos países. El Servicio Forestal de Estados Unidos, responsable del manejo del delta del río Cooper, ha promovido iniciativas para enlazar sitios clave del corredor migratorio.

Los chorlitos recorren hasta 32 mil kilómetros en su ruta migratoria anual entre Alaska y América Latina. Foto AUDUBON
Los chorlitos recorren hasta 32 mil kilómetros en su ruta migratoria anual entre Alaska y América Latina. Foto AUDUBON

En México, la organización Pronatura Noroeste ha trabajado de manera coordinada para fortalecer la conservación en Sinaloa, particularmente en Bahía de Santa María. Estudios migratorios del playerito occidental han permitido confirmar científicamente la conexión entre Alaska y Angostura.

Estas acciones buscan integrar una red hemisférica de reservas para aves playeras que incluya puntos estratégicos desde Panamá, pasando por Sinaloa, hasta Canadá y Alaska.

Un lazo natural entre el Polo Norte y Sinaloa

El fenómeno migratorio de los chorlitos es más que un espectáculo natural: es una prueba viva de la interdependencia de los ecosistemas del continente. Lo que ocurre en los glaciares y marismas de Alaska tiene repercusiones directas en las costas sinaloenses.

La Bahía de Santa María, en Angostura, es uno de los principales refugios invernales de aves playeras en México. Foto Naturalist
La Bahía de Santa María, en Angostura, es uno de los principales refugios invernales de aves playeras en México. Foto Naturalist

Cada invierno, cuando los chorlitos vuelven a posarse en los humedales de Angostura, renuevan un ciclo milenario que une culturas, gobiernos y comunidades en torno a un mismo propósito: preservar los ecosistemas que hacen posible uno de los viajes más asombrosos del reino animal.

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