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Culiacán, Sinaloa. -Desde temprano, familias completas, jóvenes, adultos y ciudadanos vestidos de blanco llegaron a La Lomita. Algunos llevaban globos, otras pancartas y muchos simplemente acudieron con la intención de caminar junto a otras personas que comparten un deseo: volver a vivir con tranquilidad.

Culiacán se pone de pie y camina por la paz
Esta vez, las calles fueron ocupadas por un mensaje diferente. No hubo miedo en los rostros de quienes participaron.
Hubo familias caminando juntas, personas saludándose, ciudadanos conversando y una sensación de confianza que permitió que la marcha avanzara de manera pacífica desde La Lomita hasta el Centro de Culiacán.
La movilización, denominada “Sinaloa Ponte de Pie”, llevó también los mensajes “Sinaloa nos une” y “El grito de paz nos mueve”, como parte de una expresión ciudadana convocada por organizaciones civiles y distintos sectores de la sociedad. Más de 30 organizaciones se habían sumado al llamado para esta jornada.
Uno de los aspectos que marcó la jornada fue el operativo de seguridad y prevención implementado para acompañar a los participantes.

Elementos de la Unidad de Vialidad y Tránsito Municipal se distribuyeron a lo largo del recorrido y realizaron cierres temporales conforme avanzaba el contingente.
Agentes en motocicleta acompañaron la movilización y efectuaron cortes escalonados en los cruces para mantener despejada la ruta.
Los conos colocados en diferentes puntos ayudaron a delimitar el paso de los participantes, mientras las vialidades fueron liberándose gradualmente una vez que el contingente avanzaba.
La presencia de los agentes permitió que las personas caminaran por las calles sin preocuparse por el paso de vehículos.
Para quienes acudieron con niños, adultos mayores o en familia, fue una forma de recuperar durante unas horas algo que la ciudadanía desea conservar: la tranquilidad de salir y encontrarse con los demás en el espacio público.

También hubo acompañamiento de Protección Civil Municipal, con personal y una unidad atentos a cualquier situación que pudiera presentarse.
Cerca del contingente permaneció una ambulancia de Cruz Roja Mexicana, como parte del dispositivo preventivo, mientras elementos de la Policía Municipal apoyaron en el resguardo de los asistentes y en la vigilancia de los alrededores.
La jornada transcurrió de manera pacífica. Y ese detalle también fue parte del mensaje.
Porque mientras cientos de personas caminaban pidiendo paz, las instituciones de seguridad y emergencia estuvieron presentes para generar las condiciones necesarias para que esa expresión pudiera realizarse con orden.
Antes de comenzar la marcha, a los pies de La Lomita se celebró una misa por la paz.
Desde ahí comenzó una jornada que llevó a los ciudadanos a recorrer la avenida Álvaro Obregón hasta llegar a Catedral.

La Diócesis de Culiacán había convocado también a familias, jóvenes, comerciantes, comunidades educativas y ciudadanos de buena voluntad a sumarse a esta expresión.
El obispo Jesús José Herrera Quiñónez llamó a caminar unidos y a mantener la esperanza.
Y la respuesta estuvo en las calles. Personas que llegaron por su cuenta terminaron caminando junto a desconocidos.
Familias que acudieron juntas encontraron a otras familias. Los mensajes de las pancartas se mezclaron con el blanco de las camisetas y con los globos que acompañaron el recorrido.
Por unas horas, las calles de Culiacán tuvieron otro significado. Fueron el punto de encuentro de una ciudadanía que no quiere acostumbrarse al miedo y que también quiere demostrar que puede reunirse, caminar y expresarse pacíficamente.

La marcha no resolvió los problemas de seguridad de Sinaloa. Pero dejó una imagen que vale la pena mirar: una ciudad caminando junta y haciéndolo con tranquilidad.
La presencia coordinada de agentes viales, policías, Protección Civil y Cruz Roja permitió que esta expresión ciudadana se desarrollara de manera ordenada y segura.
Y para quienes participaron, caminar por las calles sin temor, acompañados por sus familias y rodeados de otras personas que buscaban lo mismo, fue también una forma de recuperar la confianza en el espacio público.
Este domingo, Culiacán no solamente pidió paz, también la mostró
La mostró en las familias que caminaron juntas, en quienes levantaron una pancarta, en los jóvenes que participaron, en los adultos mayores que recorrieron la ruta y en los ciudadanos que encontraron en las calles un lugar para expresar, de manera tranquila, lo que desean para su ciudad.
“Sinaloa nos une, el grito de paz nos mueve”. Y este domingo, Culiacán caminó unido para decir que quiere vivir en paz.














