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Para Ti

En este artículo descubrirás por qué aceptar la realidad no significa rendirse y cómo esa forma de pensar puede ayudarte a enfrentar los problemas con mayor serenidad.

Todos atravesamos momentos que no elegimos: un despido, una enfermedad, una ruptura, un proyecto que no salió como esperábamos o simplemente un día en el que todo parece complicarse al mismo tiempo. Aprender a distinguir entre el dolor inevitable y el sufrimiento que generan nuestras expectativas puede cambiar la manera en que enfrentamos esos momentos. Comprender esta diferencia no elimina las dificultades, pero sí puede ayudarte a responder con más calma, claridad y fortaleza.

Hay días en los que pareciera que todo sale mal. El tráfico hace que llegues tarde, recibes un mensaje que cambia tus planes, alguien a quien aprecias te decepciona o aparece un gasto inesperado cuando menos lo imaginabas.

En esos momentos solemos pensar: "Esto no debería estar pasando."

Esa frase parece inofensiva, pero muchas veces marca el inicio de una lucha agotadora. Dejamos de enfrentar el problema para empezar a pelear con la realidad misma.

Y esa es una batalla que nadie puede ganar.


Cuando el problema no es el dolor, sino la expectativa

Desde pequeños aprendemos que esforzarnos suele traer buenos resultados. Es una enseñanza valiosa, pero a veces terminamos creyendo algo más: que si hacemos las cosas "correctamente", la vida debería ser justa, estable y libre de grandes dificultades.

Cuando la realidad rompe esa expectativa aparece una segunda capa de sufrimiento.

No solo duele perder un empleo; también duele pensar que "después de todo mi esfuerzo esto no debería pasar".

No solo duele una separación; también duele convencernos de que "si hubiera hecho todo bien, esta relación tendría que haber funcionado".

El problema inicial es real. Pero la resistencia a aceptar que ocurrió suele hacerlo todavía más pesado.

Esta idea coincide con uno de los pilares de la Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT), desarrollada por el psicólogo Steven C. Hayes. Más de tres décadas de investigación muestran que intentar controlar o evitar constantemente las experiencias difíciles suele aumentar el malestar, mientras que desarrollar flexibilidad psicológica ayuda a adaptarse mejor y a tomar decisiones más útiles. Este enfoque cuenta con un sólido respaldo científico. Una revisión publicada en el Journal of Contextual Behavioral Science integró 20 metaanálisis, 133 estudios y 12,477 participantes, concluyendo que la ACT es eficaz para mejorar problemas como la ansiedad, la depresión, el estrés y la calidad de vida. Dicho de forma más sencilla, no se trata de evitar todo lo que nos incomoda, sino de aprender a responder mejor cuando esas situaciones llegan.

Aceptar una situación no significa aprobarla. Tampoco significa resignarse.

Significa reconocer la realidad tal como es para poder actuar sobre aquello que todavía puede cambiarse.

Es parecido a quien intenta abrir una puerta empujándola durante varios minutos sin darse cuenta de que abre hacia el otro lado. Puede seguir gastando energía o detenerse un momento, observar y buscar otra manera de avanzar.

La realidad funciona de forma muy parecida.

Aceptar no es rendirse; es recuperar la capacidad de actuar

Existe una idea equivocada muy común: creer que aceptar es sinónimo de conformarse. En realidad sucede exactamente lo contrario. Cuando dejamos de gastar energía luchando contra aquello que ya ocurrió, recuperamos esa energía para ocuparnos de aquello que todavía podemos hacer.

Aceptar no significa quedarse de brazos cruzados. Una persona puede reconocer que perdió un empleo y, aun así, comenzar a buscar nuevas oportunidades. Puede aceptar un diagnóstico médico y seguir su tratamiento con responsabilidad. Puede asumir que una relación terminó mientras, poco a poco, empieza a reconstruir su vida. En todos esos casos, aceptar significa dejar de gastar fuerzas en lo que ya no puede cambiarse para poner la atención en lo que todavía es posible hacer.

El dolor probablemente seguirá ahí durante un tiempo. Eso es parte de la experiencia humana. Pero cuando dejamos de luchar contra la realidad, ese dolor deja de controlar cada una de nuestras decisiones. No desaparece de un día para otro, pero sí se vuelve más llevadero y nos permite avanzar, incluso antes de sentir que todo está completamente resuelto.

Eso es, precisamente, desarrollar flexibilidad psicológica: la capacidad de adaptarnos a las circunstancias sin quedar atrapados intentando cambiar aquello que ya ocurrió. No significa dejar de sentir tristeza, miedo o frustración, sino aprender a actuar de acuerdo con nuestros valores incluso cuando esas emociones están presentes. Con el tiempo, esa manera de responder nos permite afrontar mejor los cambios inevitables de la vida y recuperar la sensación de que, aunque no podamos controlar todo lo que sucede, sí podemos elegir cómo seguir adelante.

Algunas ideas que puedes poner en práctica desde hoy

No existe una fórmula para evitar las dificultades, pero sí hay maneras de relacionarnos con ellas de una forma más saludable.

Cuando aparezca un problema, prueba alguna de estas estrategias:

Cambia la pregunta. En lugar de pensar "¿Por qué me pasa esto?", intenta preguntarte: "Ahora que esto está ocurriendo, ¿qué sí depende de mí?" Ese pequeño cambio dirige tu atención hacia la acción, no hacia la impotencia.

Separa los hechos de la historia que te cuentas. Perder un proyecto es un hecho. Pensar "soy un fracaso" es una interpretación. Diferenciar una cosa de la otra suele disminuir mucho el sufrimiento.

Hagamos un ejercicio práctico para mejorar la manera de cómo reaccionamos ante diferentes situaciones.
Hagamos un ejercicio práctico para mejorar la manera de cómo reaccionamos ante diferentes situaciones.

Haz un círculo de control. Divide una hoja en dos columnas. En una escribe aquello que no puedes cambiar; en la otra, aquello sobre lo que sí puedes actuar. Empieza por esta última.

Recuerda que sentir no significa rendirse. La tristeza, el miedo o la frustración no son señales de debilidad. Son emociones normales cuando atravesamos situaciones difíciles y suelen perder intensidad cuando dejamos de pelear con ellas.

Aceptar la realidad no modifica lo que ocurrió, pero sí puede cambiar la forma en que empezamos a responder a ello. Y, muchas veces, ese cambio de perspectiva es el primer paso para encontrar nuevas posibilidades donde antes solo veíamos obstáculos.

Quizá la vida nunca deje de sorprendernos con momentos difíciles.

La pregunta no es si podremos evitarlos, sino qué pasaría si dejáramos de esperar una vida sin dificultades y empezáramos a confiar un poco más en nuestra capacidad para atravesarlas.

Preguntas y respuestas
Mtro. Juan José Díaz
Mtro. Juan José Díaz

Mtro. Juan José Díaz es licenciado en Psicología y maestro en Psicoterapia, especializado en el tratamiento de problemas de pareja, ansiedad y depresión. Además de su práctica clínica, se desempeña como conferencista, docente, columnista y creador de contenido sobre salud mental. A través de sus publicaciones, comparte conocimientos de psicología aplicados a la vida cotidiana, con el objetivo de ofrecer información confiable y herramientas prácticas que favorezcan el bienestar emocional y el crecimiento personal.

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