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El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz quedó marcado por uno de los episodios más oscuros de la historia de México: la represión del movimiento estudiantil de 1968 y la matanza de Tlatelolco. Pero la intolerancia del régimen hacia sus críticos no comenzó aquella noche del 2 de octubre.

Durante el sexenio de Díaz Ordaz, entre 1964 y 1970, el gobierno mantuvo bajo vigilancia a distintos sectores considerados incómodos o potencialmente peligrosos para el régimen. Periodistas, intelectuales, artistas, organizaciones sociales y opositores políticos podían convertirse en objeto de seguimiento por parte de los organismos de inteligencia.

En ese ambiente, incluso el humor y la sátira política podían resultar incómodos para el poder.

Así vigilaba Díaz Ordaz a sus críticos

Una de las principales herramientas utilizadas para estas labores fue la Dirección Federal de Seguridad (DFS), organismo dependiente de la Secretaría de Gobernación que recopilaba información sobre personas, organizaciones y movimientos considerados una amenaza.

Los archivos que hoy se conocen muestran que la vigilancia podía alcanzar prácticamente cualquier espacio donde surgieran expresiones críticas. La prensa, los movimientos estudiantiles, organizaciones políticas y distintos círculos intelectuales fueron objeto de seguimiento.

La razón de fondo era el temor del gobierno a que las expresiones de inconformidad se convirtieran en movimientos capaces de desafiar al régimen priista.

El humor tampoco se salvaba del todo. En una época en la que la caricatura política y la comedia tenían una importante presencia en la cultura popular, ridiculizar al presidente podía convertirse en una forma de cuestionar públicamente su autoridad.

El gobierno de Díaz Ordaz estuvo marcado por la intolerancia y la represión.
El gobierno de Díaz Ordaz estuvo marcado por la intolerancia y la represión.

De hecho, existen expedientes de la DFS relacionados con artistas que hacían referencias a Díaz Ordaz. Uno de los casos documentados es el de la actriz y cantante Irma Serrano, conocida como “La Tigresa”, cuyas obras teatrales incluían alusiones a personajes políticos de la época y fueron objeto de seguimiento por parte de la agencia.

¿Por qué le preocupaban tanto las críticas?

Díaz Ordaz gobernó en un momento particularmente complicado. México mantenía una estructura política dominada por el PRI y, mientras el gobierno presumía estabilidad ante el exterior, en el país aumentaban las expresiones de inconformidad.

La vigilancia estatal se intensificó en un contexto marcado por la Guerra Fría y por el temor oficial a la expansión de movimientos de izquierda. Los servicios de inteligencia alimentaron la percepción de que las protestas podían estar relacionadas con una supuesta conspiración internacional.

Esa visión terminó influyendo profundamente en la manera en que el gobierno respondió al movimiento estudiantil de 1968.

Además, México estaba a punto de convertirse en el centro de atención mundial por los Juegos Olímpicos. Para el gobierno era fundamental proyectar una imagen de estabilidad y control, precisamente cuando las manifestaciones estudiantiles habían alcanzado una dimensión nacional.

Ante el autoritarismo del régimen priista, surgió el movimiento estudiantil de 1968.
Ante el autoritarismo del régimen priista, surgió el movimiento estudiantil de 1968.

Tlatelolco, el punto más oscuro

La tensión llegó a su punto máximo el 2 de octubre de 1968. Ese día, miles de personas se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, donde una operación de las fuerzas de seguridad terminó en una masacre contra manifestantes.

El número exacto de víctimas continúa siendo objeto de debate debido a la falta de registros y la poca información que difundió el gobierno del priista, pero se habla de 150 a 350 víctimas, la mayoría de ellos estudiantes.

Lo que sí está ampliamente documentado es la responsabilidad del Estado en la represión y la existencia de una operación coordinada de las fuerzas de seguridad.

La matanza de Tlatelolco se convirtió en el símbolo definitivo de un gobierno que había mostrado poca tolerancia frente a la protesta y la crítica.

De esta manera, la vigilancia de artistas, periodistas e intelectuales formó parte de un aparato mucho más amplio de control político. En el México de Díaz Ordaz, una caricatura, una obra teatral, una publicación o incluso una expresión pública podían llamar la atención de los organismos encargados de vigilar a quienes el régimen consideraba incómodos.


Preguntas y respuestas
Raúl Durán
Raúl Durán

Soy licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

Inicié mi experiencia en medios en 2019 como reportero web en Debate, para luego sumarme al equipo de Tus Buenas Noticias como Periodista digital jr. en 2023.

Me dedico a escribir noticias y generar contenido para búsquedas de Google con base en conocimientos de SEO, para lo cual me he capacitado con diversos cursos proporcionados por Google.

Mi interés periodístico se centra en temas de noticias generales, finanzas personales, tecnología, IMSS, Infonavit, economía. Escribo consciente de la responsabilidad que implica acercar al lector información, procurando que sea veraz e imparcial.

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