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Para Ti

Todavía no son las siete de la mañana y en El Tamarindo ya huele a manteca caliente. Jesús Javier Sauceda Félix, a quien todo mundo aquí conoce simplemente como “Don Chuy”, lleva más de dos horas de pie frente al cazo.

"Empiezo las 4:30 de la mañana. Todos los días", suelta, casi como si fuera lo más normal del mundo contar que lleva casi una década despertando antes que el sol. Y para él, la verdad, lo es.

¿Por qué tan temprano?: porque la cocción lleva su tiempo, sí, pero también porque a las siete ya hay gente que va camino al trabajo y quiere llevarse su porción. Hay quienes llegan desde las 5:30.

Entonces ya tengo que levantarme más temprano todavía", dice, y uno entiende que ese horario no lo impone el reloj, sino la clientela.


De su origen habla sin rodeos: aprendió el oficio en Culiacán, trabajando tres o cuatro años con otra persona que ya se dedicaba a esto.

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Ahí fue metiendo mano en todo panza, tripa, buche, la botana completa, aunque con el tiempo terminaría quedándose solo con lo que mejor se le daba: carnitas y chicharrón. "Le di por donde más se vendía", explica, "por lo que más me pedía la gente".

Se ha ganado su lugar a base de esfuerzo

Cuando llegó a El Tamarindo no conocía a nadie. Trabajó un tiempo en otras cosas y, sin mucho plan, empezó a probar suerte por su cuenta. "Agarré una feriecita y empecé poquito a poco", recuerda. 

Cocinaba en su casa, en una olla de aluminio, y salía a vender bolsitas de 50 pesos calle por calle. Caminando, aclara, nunca arriba de la bicicleta que llevaba consigo, casi como si fuera un accesorio más. Así anduvo cerca de un año, tocando puertas que al principio no se abrían para él.

Frente a una llantera, sobre el bulevar Benito Juárez, el muchacho que la atendía le ofreció: "Yo te paso la luz", le dijo. Con esa conexión y una mesita con vitrina, dejó las calles y se plantó durante años, hasta juntar para rentar el local que ocupa hoy donde ya va para cuatro años.

La técnica de sus productos

Y ahí, entre la olla del chicharrón y la de las carnitas, es donde se nota que este hombre sabe exactamente lo que vende. No hace el chicharrón grande que se acostumbra en Culiacán, el suyo es de rancho, más troceado, con otra técnica de cocción.

Tiene dos versiones que él mismo nombró: el "de jamón", suave, con más grasita, pensado para los adultos mayores que ya no pueden con el carnudo por sus dentaduras; y el de carne, puro, tronador.

Este, si usted lo agarra y se lo come, está tronador. El otro no: usted lo muerde y le sale la grasa", explica, y la comparación suena a algo que ha repetido cientos de veces sin cansarse.


El sabor que salió del pueblo

Tiene clientes que llevan su producto a Tijuana, Mexicali, Guadalajara, Sonora, y que hasta lo han cruzado a los Estados Unidos. En la frontera, de hecho, están sus hijos, profesionistas, dice con un orgullo que no disimula, y a quienes atribuye buena parte de ese logro al trabajo que él mismo sostuvo todos estos años.

Los visita varias veces al año y ellos siempre le piden lo mismo: que les lleve chicharrón, porque allá, jura, no encuentran uno igual.

Antes tuvo ayuda en el local, una señora que hacía las tortillas y atendía pedidos mientras él cocinaba. Cuando ella se fue a trabajar a otro lado, entendió algo que pocos negocios pequeños confiesan en voz alta: la confianza no se reemplaza fácil.

Ahora hace casi todo solo, incluida la salsa y la cebolla que regala con cada porción, aunque hay tiempos de precios altos, no parece importarle demasiado.

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El trato a los clientes

Lo que sí le importa es cómo lo tratan y cómo trata él a la gente. Cuenta de una clienta que llegó buscando chicharrón, se le había acabado, y terminó llevándose carnitas después de probarlas por invitación suya. Volvió esa misma tarde, ya convertida en clienta de lo que ni siquiera había ido a buscar. 

Todo el tiempo trae el peso uno en la bolsa. No deja de traerlo", dice, y ahí uno entiende que para él el negocio nunca fue solo comida. Sueña con crecer, comprar una carreta, quizá probar un estilo más michoacano, aunque sabe que el pueblo tiene sus límites.


Mientras tanto, sigue con la misma fórmula de siempre, la que resume mejor que cualquier receta: "Tienes que dar la mejor cara que tengas".




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Preguntas y respuestas
Erick Valenzuela
Erick Valenzuela

Erick Valenzuela tiene 13 años como periodista, de los cuales, los primeros 8 de ellos daba cobertura temas de seguridad y nota roja, sin embargo, su evolución en el periodismo lo llevó a conocer del tema de salud pública, educación y recientemente el ámbito legislativo. Actualmente se desenvuelve en Tus Buenas Noticias con ediciones impresas en el municipio de Eldorado, y las sindicaturas de Quilá, Costa Rica así como la región Humaya, para contar sus historias, resaltar a su gente y mantener en la memoria colectiva sus tradiciones y subculturas.

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