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La fama de Mario Moreno, mejor conocido como Cantinflas, llegó mucho más lejos que las salas de cine. El actor mexicano, considerado una de las grandes figuras de la Época de Oro del cine mexicano, llegó a relacionarse con importantes personajes de la política, entre ellos un presidente de Estados Unidos.
Su talento y particular sentido del humor le permitieron acercarse a figuras que difícilmente habrían imaginado compartir una amistad con un comediante. Entre ellas estuvo Lyndon B. Johnson, quien ocupó la presidencia estadounidense entre 1963 y 1969 y llegó a tener tal cercanía con Cantinflas que incluso lo recibió como huésped en la Casa Blanca.
Y fue precisamente durante aquella visita cuando el actor mexicano tuvo un trato bastante peculiar: estuvo acompañado y protegido por agentes del Servicio Secreto de Estados Unidos.
La vez que Cantinflas durmió en la Casa Blanca
Todo ocurrió en el otoño de 1967, cuando Johnson invitó personalmente a Cantinflas a quedarse a dormir en la Casa Blanca. El problema fue que, de acuerdo con los relatos sobre aquella visita, las habitaciones destinadas a los invitados ya estaban ocupadas.
La solución del presidente fue bastante particular. Johnson ordenó que se desocupara la recámara de su propia hija para que el comediante mexicano pudiera utilizarla durante su estancia.
Al convertirse en huésped de la Casa Blanca, Cantinflas quedó sujeto al protocolo de seguridad correspondiente a cualquier invitado de alto perfil que permaneciera dentro de la residencia presidencial.

Por ello, durante sus desplazamientos por Washington D.C. y otras ciudades estadounidenses, agentes del Servicio Secreto se encargaron de acompañarlo y protegerlo. El actor era trasladado en caravanas oficiales, escoltadas por vehículos en los que viajaban agentes de seguridad.
Es importante aclarar que esto no significaba que Cantinflas estuviera detenido o bajo alguna investigación. Se trataba de un protocolo de protección: el mexicano era un invitado de Lyndon B. Johnson y, por lo tanto, su seguridad debía ser atendida por los mismos encargados de proteger al mandatario y a otros personajes bajo su resguardo.
La amistad entre Cantinflas y Lyndon B. Johnson
La relación entre ambos comenzó varios años antes de aquella visita. Cantinflas y Johnson se conocieron gracias al entonces presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz, quien invitó a ambos a cenar cuando todavía no habían llegado a ocupar las presidencias de sus respectivos países.
El encuentro dejó una impresión particularmente buena en Johnson y en su esposa, Claudia Alta Taylor, conocida como Lady Bird. Ambos quedaron sorprendidos por el humor de Cantinflas y por su capacidad para burlarse abiertamente de los políticos y gobernantes.

La admiración de Johnson llegó a tal punto que consideraba que, si Cantinflas se hubiera lanzado a la política en México o Estados Unidos, habría tenido posibilidades de éxito. Lady Bird recordó posteriormente en su diario que su esposo incluso bromeaba con que él y ella podrían retirarse de sus carreras si el comediante se postulaba a un cargo.
Cantinflas, sin embargo, parecía tener claro que su lugar estaba en la comedia. Como recordó Lady Bird, el actor prefería “burlarse de los presidentes en lugar de competir contra ellos”.
La amistad se fortaleció en 1961, cuando Johnson todavía era vicepresidente de Estados Unidos. En aquel momento buscó el apoyo de Cantinflas para la campaña de Henry B. González, un político estadounidense de origen mexicano que aspiraba a llegar al Congreso.
Moreno participó en la campaña y mantuvo conversaciones frecuentes con Johnson. Durante sus viajes a Estados Unidos relacionados con las elecciones, incluso llegó a hospedarse en la casa de los Johnson. Aquella convivencia terminó convirtiéndose en una amistad que continuó cuando Lyndon B. Johnson llegó a la presidencia.

La cercanía entre ambos no se limitó a reuniones sociales. En 1966, Cantinflas atravesaba una situación especialmente dolorosa: su esposa, Valentina Ivanova, padecía cáncer de huesos y el actor buscaba desesperadamente alguna alternativa para tratarla.
Moreno tenía previsto viajar a Texas con la esperanza de encontrar un tratamiento para ella, pero el avión en el que pretendían trasladarse tuvo problemas y el vuelo no pudo realizarse.
Al enterarse de la situación, Johnson tomó una decisión poco común. Ordenó cancelar las actividades de uno de sus aviones para enviar una aeronave que recogiera a Cantinflas y a su esposa y los llevara hasta su rancho. Desde ahí, la pareja podría continuar su viaje hacia Texas utilizando el avión presidencial.
El gesto conmovió profundamente al actor y a su hijo. Como muestra de agradecimiento, le regalaron al mandatario estadounidense una medalla azteca.
Detrás de aquella curiosa imagen de Cantinflas recorriendo Washington rodeado por agentes del Servicio Secreto, había mucho más que un protocolo presidencial. Era también la consecuencia de una amistad poco común entre uno de los comediantes mexicanos más famosos del siglo XX y un presidente estadounidense que, años antes, había quedado fascinado con su particular manera de hacer reír hasta de los propios gobernantes.










