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Culiacán, Sinaloa. - En el fraccionamiento Lomas de San Isidro, Malena Alarcón y su esposo, José Pablo Flores, decidieron hacer algo por su comunidad: recuperar tres parques de Cumbres Majalpa, Cumbres Mayores y Cumbres Himalaya para que los niños volvieran a jugar y las familias tuvieran espacios para encontrarse, convivir y compartir buenos momentos.
Con escobas, herramientas y muchas ganas de ayudar, comenzaron a retirar la maleza y recoger la basura. Eran dos personas frente a una tarea que parecía demasiado grande, pero su iniciativa poco a poco ha sumado más manos y ha demostrado que cuidar los espacios públicos también es una manera de construir paz.

Un esfuerzo que nació en casa y busca unir a más vecinos
Al encontrar los parques descuidados, con hierba alta y poca iluminación, Malena y José Pablo decidieron actuar con los recursos que tenían.
Día tras día limpiaron las áreas verdes, cuidaron los árboles y buscaron mejorar las condiciones para que los pequeños pudieran regresar a los juegos. Con el tiempo, también lograron que se instalaran varias luminarias.
“Empezamos poquito a poquito, todos los días salíamos a limpiar”, recordó Malena.

Aunque al principio ocho personas integraron el comité vecinal, con el paso del tiempo quedaron pocos colaboradores. Malena también tuvo que detener sus actividades durante casi un mes debido a un periodo complicado de salud. El acompañamiento de su esposo fue fundamental para retomar las labores y continuar con el apoyo de otra vecina.
Mientras ella barre y recoge los residuos, José Pablo corta la hierba y poda los árboles. Cada tarea, por pequeña que parezca, contribuye a conservar estos lugares y evitar que vuelvan a quedar en el abandono.
A estas actividades también se sumó el vecino Juan Bernardo Ávila, demostrando que el ejemplo puede animar a más habitantes a involucrarse en el bienestar de su colonia.
Su trabajo refleja que recuperar un parque va más allá de retirar basura o mantener la vegetación. Cuando las familias cuentan con espacios agradables para reunirse y los niños pueden jugar, se abren oportunidades para conocerse, fortalecer la confianza y estrechar los lazos comunitarios.

La alegría de los niños les da motivos para continuar
Ver a los pequeños correr, jugar y disfrutar de un parque limpio e iluminado es una de las mayores satisfacciones de Malena. Sus risas le recuerdan por qué vale la pena seguir, incluso cuando las tareas parecen demasiadas para las pocas manos que participan.
En este camino, la pareja agradece el respaldo de los habitantes que se han sumado a las mejoras, así como el acompañamiento de Parques Alegres. A través de su asesora Celene Arias, la organización les ha brindado iluminación, materiales, ideas y motivación para seguir trabajando por el bienestar de su comunidad.
Aunque todavía hay mucho por hacer, Malena desea que más familias se animen a participar. No se necesita tener grandes recursos para ayudar: barrer, recoger residuos, cuidar los árboles, reportar desperfectos o dedicar un poco de tiempo a las áreas comunes puede marcar una diferencia.

“Las cosas no son de la noche a la mañana. Si uno quiere lograr más cosas, es trabajo en equipo y no bajar la guardia”, expresó.
Malena y José Pablo comenzaron con sus propias manos, movidos por el deseo de ofrecerle a la niñez un lugar digno para jugar. Ahora, cada área recuperada representa una oportunidad para fortalecer la convivencia y hacer que las familias disfruten nuevamente de estos espacios.
Su ejemplo invita a más vecinos a dar el primer paso. Porque cuando alguien decide cuidar el lugar donde vive y otras personas se animan a colaborar, un parque puede convertirse en mucho más que un área verde: puede ser un punto de encuentro donde nazcan amistades, crezca la confianza y la paz se construya con acciones cotidianas.







































