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Culiacán, Sinaloa.- Cada domingo, el Lago Encantado del Parque Culiacán 87 se llena de risas, asombro y miradas curiosas. Familias del sur de la capital sinaloense llegan para compartir una tarde diferente, donde el teatro, la imaginación y la convivencia convierten este espacio público en un escenario para crear recuerdos juntos.

Padres e hijos comparten tardes de diversión y cultura en el Parque Culiacán 87
Este mes, Argüende Teatro, dirigido por Iván Camargo, presentó “La gallina de los huevos de oro”, como parte de Itiner-Arte, programa del Instituto Municipal de Cultura Culiacán (IMCC) que lleva espectáculos a espacios públicos y permite que más familias disfruten gratuitamente del arte y la cultura.
Desde antes de comenzar el espectáculo, chicos y grandes se acomodaron frente al escenario para dejar atrás por un momento la rutina y dejarse llevar por los títeres, los personajes y la fantasía de una versión libre de la fábula de Esopo.
La puesta en escena cuenta cómo un humilde campesino cambia su suerte al recibir una gallinita capaz de poner huevos de oro.
Sin embargo, aquello que parecía una bendición despierta su ambición y termina poniendo en riesgo lo que realmente le daba felicidad.

Entre risas y momentos de sorpresa, los títeres dejaron una enseñanza que llegó a grandes y pequeños: valorar lo que tenemos, disfrutar cada logro y entender que querer siempre más puede hacernos perder lo verdaderamente importante.
Así, el teatro no solo entretiene, también abre la puerta para conversar, imaginar y aprender en familia.
Al caer la tarde, los aplausos llenaron el Lago Encantado y el parque se convirtió en un lugar para encontrarse, convivir y disfrutar. Son momentos sencillos, pero capaces de quedarse en la memoria de un niño como una tarde especial junto a quienes más quiere.

Cada domingo puede ser una invitación a salir de casa, acercarse al Parque Culiacán 87 y regalarse en familia una experiencia que no cuesta dinero, pero sí puede dejar mucho: una sonrisa, una enseñanza, un abrazo y un recuerdo para toda la vida.
Porque cuando el arte llega a los parques, también abre espacios para que las familias vuelvan a encontrarse.











