De vender paletas en burro a conquistar México: así nació La Michoacana
La paletería "La Michoacana" comenzó como un negocio artesanal en Tocumbo, Michoacán, y hoy es símbolo nacional; su modelo comunitario y sabores naturales la llevaron a expandirse por México y otros países


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La imagen de una niña tarasca sosteniendo una paleta se ha vuelto parte del paisaje urbano en México. En casi cualquier ciudad del país es posible encontrar una sucursal de La Michoacana, convertida hoy en sinónimo de tradición y sabor artesanal.
Detrás de esa popularidad hay una historia que comenzó hace más de ocho décadas en un pequeño pueblo de Michoacán. Su crecimiento no solo transformó el mercado de los postres fríos, sino también la economía de toda una comunidad.
El nacimiento en Tocumbo y el contexto histórico
Para entender el origen de La Michoacana, es necesario viajar a finales de los años treinta, en pleno periodo posterior a la Gran Depresión y durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. En ese escenario de incertidumbre nacional e internacional, en Tocumbo, Michoacán, comenzó una historia distinta.
Rafael Malfavón inició la venta de paletas de hielo elaboradas con fruta de temporada. Su receta destacaba por contener abundantes trozos naturales, lo que rápidamente conquistó a los clientes. Para distribuirlas, utilizaba burros cargados con cajas de madera que él mismo fabricaba.
El éxito fue tal que el negocio creció en poco tiempo. La calidad y frescura de las paletas marcaron la diferencia frente a otras opciones disponibles en aquella época.

Un modelo comunitario que impulsó la expansión
Más allá del producto, el verdadero impulso de La Michoacana estuvo en su modelo de colaboración. Malfavón comenzó a enseñar el oficio a jóvenes de su comunidad, convencido de que la prosperidad podía compartirse.
Con el paso del tiempo, trabajadores como Ignacio Alcázar llevaron el negocio a ciudades como Morelia, Guadalajara y, posteriormente, a la Ciudad de México. El esquema consistía en otorgar responsabilidades a encargados que eventualmente podían adquirir el local a plazos, lo que permitió abrir nuevas sucursales, muchas de ellas administradas por familiares.
Además, comerciantes consolidados regresaron a Tocumbo para ofrecer préstamos accesibles a sus vecinos, con tasas bajas y facilidades de pago. Este sistema fortaleció la economía local y evitó que muchos habitantes migraran en busca de mejores oportunidades.

¿Por qué existen tantas "La Michoacana"?
Con el paso de las décadas, el nombre se multiplicó. Aunque la marca oficial reporta alrededor de 35 puntos de venta autorizados, son muchas más las paleterías que utilizan la denominación o variantes como "La Nueva Michoacana" o "La Original Michoacana".
La flexibilidad del modelo permitió a los dueños adaptar productos según su mercado. Además de paletas, se incorporaron:
- Aguas frescas.
- Helados.
- Nachos.
- Papas.
- Otros alimentos.
Sin embargo, esa libertad también generó diferencias en calidad entre establecimientos. Actualmente, la oferta alcanza hasta 125 sabores, con opciones de agua y leche, así como coberturas adicionales como nuez o chocolate.

Identidad, innovación y expansión internacional
El icónico logotipo de la niña tarasca con la frase "Es natural" fue diseñado por Alejandro Andrade y su equipo como parte de un proyecto de innovación que reforzó la identidad visual de la marca.
La Michoacana también ha registrado presencia en países como Guatemala y El Salvador, y su concepto se ha extendido hasta Estados Unidos y Dubái. La empresa destaca procesos de capacitación enfocados en la estandarización y mejora continua, buscando adaptarse a las exigencias del mercado actual.
Más de 85 años después, aquella receta creada en Tocumbo continúa vigente. La historia de La Michoacana demuestra que una idea sencilla, basada en calidad y trabajo comunitario, puede convertirse en un fenómeno nacional que trasciende fronteras y generaciones.











