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Hay marcas que terminan formando parte de la memoria de varias generaciones. Cuétara es una de ellas. Sus galletas, particularmente sus tradicionales surtidos, se convirtieron en un producto habitual en hogares de México y España, pero detrás de ese nombre existe una historia que comenzó con seis hermanos que dejaron su tierra natal para buscar una oportunidad al otro lado del Atlántico.
Juan, Florencio, Raimundo, Isaac, Paula y Pedro Cuétara eran originarios de Reinosa, Cantabria. En 1906 emigraron a la Ciudad de México, sin imaginar que aquella decisión terminaría dando origen a una de las compañías galleteras más reconocidas del mundo hispanohablante.
De una pequeña fábrica a las galletas Cuétara
El primer gran paso llegó en 1932, cuando los hermanos menores, Juan y Florencio, fundaron La Espiga de Oro, un pequeño negocio dedicado inicialmente a elaborar pastas para sopa.
Tres años después comenzaron a producir galletas y el negocio empezó a tomar otra dimensión. Entre sus productos apareció la popular galleta María, mientras la empresa ampliaba gradualmente su producción.
En 1945, los hermanos inauguraron una planta en Veracruz bajo el nombre Galletas Gómez Cuétara, consolidando su presencia en México.

Sin embargo, la historia daría un giro inesperado. Tras años en el país y después de enfrentar dificultades familiares y un contexto político complicado, Juan y Florencio decidieron regresar a España en 1946.
El regreso a España y la expansión
Un año después fundaron Gómez Cuétara Hermanos y adquirieron una pequeña fábrica en Santander. En 1950 inauguraron una planta en Reinosa, donde comenzaron a producir algunas de las recetas que posteriormente se convertirían en clásicos.
La compañía no dejó de innovar. Durante las siguientes décadas incorporó productos como cookies y crackers y, en 1963, lanzó uno de sus mayores éxitos: el Surtido Cuétara, acompañado posteriormente por productos como las napolitanas de azúcar y canela.
La expansión llevó a la empresa a instalar fábricas en diferentes regiones de España, incluida la planta de Villarejo de Salvanés, que llegó a convertirse en una de las más grandes de Europa dentro de su sector.

¿Qué pasó con la empresa de los hermanos Cuétara?
El éxito familiar comenzó a complicarse con el paso de las generaciones. A principios de los años 2000 surgieron diferencias entre los accionistas sobre el futuro de la compañía.
Florencio, propietario de 40% de las acciones, era partidario de vender, mientras Juan, quien controlaba 60%, se oponía. La disputa terminó con la venta mayoritaria a SOS Arana en 2001.
Posteriormente, en 2008, la compañía pasó a manos de Grupo Nutrexpa y en 2015 fue adquirida por Adam Foods, su propietario actual.

Así, el apellido Cuétara terminó desvinculado formalmente de la empresa, pero sobrevivió en uno de los nombres más reconocibles de la industria galletera.
La historia de aquellos seis hermanos que llegaron a México en 1906 terminó convirtiéndose en un negocio que cruzó nuevamente el Atlántico y que, casi un siglo después, continúa presente en las mesas de millones de familias mexicanas y españolas.













