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Culiacán, Sinaloa.- El parque Prados del Sol La Tundra, al sur de la ciudad, se convirtió en un espacio para explorar, preguntar y aprender durante una tarde en la que la ciencia salió de las aulas para encontrarse con niñas, niños y familias de la comunidad.
A través de esta exposición de aparatos que fomentan la ciencia, las y los asistentes participaron en experimentos, actividades interactivas y dinámicas que despertaron su curiosidad y les permitieron acercarse al conocimiento de una manera divertida y cercana.

Aprender mientras se juega
La experiencia permitió descubrir que la ciencia también está presente en los espacios cotidianos. Los árboles, insectos y distintos rincones del parque se transformaron en oportunidades para observar, hacer preguntas y encontrar nuevas respuestas.
Durante una jornada de ciencia lúdica, niñas, niños, adolescentes y adultos exploraron diversos módulos interactivos. Utilizaron microscopios que permitían observar un piojo o una hormiga aumentados decenas de veces su tamaño, apreciando detalles invisibles a simple vista.
También jugaron con las Torres de Hanoi, poniendo a prueba el pensamiento lógico de los niños con un rompecabezas matemático clásico; y un experimento de magnetismo que a más de uno le erizó los cabellos con solo tocar un dispositivo cargado eléctricamente.
Chicos y grandes disfrutaron de una bicicleta que, al pedalear, activaba un esqueleto humano, además de un maniquí anatómico con piezas removibles que permitió aprender sobre los órganos internos.

Más que una actividad de divulgación, el encuentro propuso otra forma de convivir con el conocimiento: correr, explorar y experimentar mientras se comparte tiempo en familia y comunidad.
Ciencia y convivencia en un mismo espacio
Acercar estas actividades al parque fue posible gracias a la Coordinación General para el Fomento a la Investigación Científica y la Innovación del Estado de Sinaloa (Confie) y el Centro de Ciencias de Sinaloa, con el apoyo de Parques Alegres y el comité de vecinos del parque.
La iniciativa muestra cómo los espacios públicos pueden convertirse también en lugares para aprender y fortalecer la convivencia.
Cuando la ciencia llega hasta donde están las familias, la curiosidad encuentra nuevas formas de crecer.
La Expo Ciencia dejó así una invitación sencilla pero poderosa: seguir construyendo parques donde aprender, jugar y convivir formen parte de una misma experiencia.














