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En el corazón del Valle de San Lorenzo, a escasos 50 kilómetros al sur de Culiacán, una antigua casona construida a principios del siglo XX guarda entre sus muros un pedazo entrañable de la memoria audiovisual mexicana.
Ahí, en el Centro Cultural del Valle de San Lorenzo, ubicado en la sindicatura de Quilá, la Sala de Cine Museo Comunitario invita a los visitantes a recorrer casi un siglo de historia del cine nacional, desde que los hermanos Lumière trajeron el cinematógrafo a México en junio de 1896.
Una vista al pasado en el México contemporáneo
La exposición reúne decenas de pósters originales que documentan el esplendor de la época de oro del cine mexicano (1936-1957), aquel periodo irrepetible en que las salas del país se llenaron de historias que retrataban, primero en clave documental y después en la ficción, la vida cotidiana, las costumbres y los sueños de varias generaciones.
En las paredes conviven "Juana Gallo", protagonizada por María Félix; "Tizoc", con el entrañable Pedro Infante; "Ahí está el detalle", con la genialidad cómica de Cantinflas, y las aventuras del Santo, el enmascarado de plata, ídolo popular que trascendió la pantalla.
La joya de la exposición
Pero si algo detiene el paso del visitante es una joya de la ingeniería cinematográfica: un proyector Simplex X-L de 35 milímetros, lanzado en 1949 por la International Projector Corporation.
Durante décadas fue uno de los equipos más utilizados en las salas de Norteamérica y se convirtió en un estándar de la exhibición cinematográfica que se mantuvo vigente hasta el ocaso de la era del cine de "primera corrida".
La pieza fue donada por el ingeniero Favio Edgardo Rojo Mendoza, un gesto generoso que permitió que hoy forme parte del patrimonio que la comunidad puede admirar. Verlo de cerca es como asomarse al mecanismo mismo que hizo posible la magia de proyectar luz y sombra sobre una pantalla.
Un espacio público para disfrutar
Este espacio, alojado en una casona que perteneció por generaciones a la familia Ochoa y que este año celebra 18 años como centro cultural, es mucho más que una sala de exhibición: es un esfuerzo comunitario por preservar la identidad y acercar el arte a las siete sindicaturas del sur de Culiacán.
Junto al cine, conviven talleres de música norteña, banda sinaloense, danza folclórica y artes plásticas, prueba de que la cultura, cuando se cultiva desde lo local, florece con fuerza propia.
Visitar esta muestra es una oportunidad para reencontrarse con las raíces del séptimo arte mexicano y comprender cómo, entre carretes y proyectores, se fue tejiendo una identidad compartida que sigue proyectándose, generación tras generación, sobre la pantalla de la memoria colectiva.














