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En una esquina de la calle Babel, justo frente al Mercado Municipal Miguel Hidalgo de Rosario, permanece abierta una de las peluquerías más tradicionales del municipio.

Entre espejos antiguos, tijeras, navajas y recuerdos de toda una vida, Raúl Uribe Benítez continúa ejerciendo un oficio que aprendió siendo apenas un adolescente y que hoy forma parte de la historia cotidiana del Pueblo Mágico.

La Peluquería se encuentra frente al Mercado Municipal
La Peluquería se encuentra frente al Mercado Municipal

Con 79 años de edad y alrededor de 65 años dedicado al corte de cabello y afeitado, don Raúl es considerado uno de los peluqueros de la vieja escuela rosarense y uno de los pocos representantes de una generación que hizo de este oficio una forma de vida.

Aprendió del oficio en su etapa de adolescencia 

Su historia comenzó cuando tenía entre 14 y 15 años. En aquel entonces acudía con frecuencia a la peluquería de José Hernández para cortarse el cabello. Sin proponérselo, aquellas visitas despertaron en él la curiosidad por aprender el oficio.

Observando con atención cada movimiento, el manejo de las tijeras y el trato con los clientes, fue adquiriendo conocimientos de manera empírica. Poco a poco comenzó a familiarizarse con el trabajo hasta que surgió una oportunidad que cambiaría el rumbo de su vida.

Tiene más de 60 años atendiendo a niños y hombres
Tiene más de 60 años atendiendo a niños y hombres

Fue Felipe Trillo, conocido cariñosamente como “El Cochito”, quien le abrió las puertas de su establecimiento y le brindó la confianza para dar sus primeros pasos como peluquero.

“Me vine aquí con el Cochito, me dio una silla para trabajar. Aquí trabajé muchos años para él, hasta que desafortunadamente falleció; ya después trabajé por mi cuenta sin que nadie me molestara”


Aunque reconoce que fue ahí donde realmente aprendió el oficio, también admite que aquellos primeros años fueron difíciles. Durante mucho tiempo trabajó sin recibir una remuneración acorde con el esfuerzo que realizaba, pero la pasión por el trabajo y el deseo de salir adelante lo mantuvieron firme.

La peluquería que le permitió construir una vida

Tras el fallecimiento de Felipe Trillo, Raúl Uribe quedó al frente del negocio ubicado en el mismo lugar donde continúa trabajando hasta la fecha. El local pertenecía a una familia de apellido Elizondo, quienes lo rentaban desde años atrás.

Con esfuerzo, disciplina y muchas jornadas de trabajo, logró reunir el dinero suficiente para adquirir aquel viejo cuarto que formaba parte de una antigua casona del centro histórico de Rosario.

Recuerda perfectamente que fue en 1985 cuando concretó la compra por medio millón de pesos, una inversión que marcó un antes y un después en su vida.

“En 1985 ya fue mío aquí, le pagué a Elizondo los 500 mil pesos, escrituré y ya nadie me molesta”


Aquel espacio, que para muchos podría parecer un pequeño local más, se convirtió en el lugar que le permitió construir un patrimonio y sostener a su familia.

Fue precisamente trabajando como peluquero cuando conoció a Enedina, una joven que laboraba en una tienda de ropa ubicada frente a su negocio. El encuentro derivó en una historia de amor que con el tiempo se transformó en una familia integrada por seis hijos.

Gracias a las ganancias obtenidas en la peluquería, pudo brindarles alimentación, educación y oportunidades de desarrollo profesional.

“De aquí ha salido para comer, de aquí le di estudio a mis seis hijos. Yo me casé a los 26 años con mi esposa Enedina”


Durante sus primeros años como peluquero, el servicio de corte de cabello costaba apenas ochenta centavos. Sin embargo, la demanda era tan alta que las jornadas podían extenderse por más de doce horas diarias.

En aquellos tiempos, Rosario contaba únicamente con cuatro peluqueros, por lo que el trabajo nunca faltaba. Era común que los clientes hicieran fila durante varias horas para recibir atención.

El testigo silencioso del paso de las generaciones

Después de más de seis décadas detrás de una silla de peluquería, don Raúl no solo ha cortado cabello; también ha sido testigo de innumerables historias de vida.

Ha visto crecer a niños que llegaron de la mano de sus padres y que hoy son adultos mayores. Incluso hay clientes que alguna vez fueron sus pequeños visitantes y que ahora llevan a sus hijos y nietos a la misma peluquería.

“Muchos vienen y me traen a los hijos. Hubo un amigo que una vez me dijo: ‘Antes yo venía de niño y ahora te traigo a mi nieto’. Son las historias bonitas que me han tocado. Ahí tengo una tabla en la que los subía para que estuvieran más altos y ahora me tocó subir al nieto”


Sin embargo, también ha sido testigo de los cambios que ha traído la modernidad. La apertura de nuevas estéticas y barberías ha reducido considerablemente la clientela que antes abarrotaba su negocio.

“Ya no es igual. Antes hasta daba fichas para saber los turnos que tenía. Siempre atendí a puras personas del sexo masculino. Ya en estos tiempos hay muchas estéticas en todo el pueblo”


Pese a ello, nunca pensó en abandonar el oficio y tampoco quiso que sus hijos siguieran sus pasos. Considera que se trata de una labor noble, pero sumamente exigente y desgastante.

“Yo no quise que mis hijos se enseñaran. Les dije que este trabajo es muy duro. Tienes que estar desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche porque si no estás constante, la gente se va y pierdes los clientes”


Hoy, con casi 80 años de edad, Raúl Uribe Benítez continúa llegando cada día a su vieja peluquería. Ya no lo mueve la necesidad de otros tiempos, sino el cariño por un oficio que le dio identidad, amistades y una vida digna.

Su peluquería es un punto de reunión con amigos y conocidos
Su peluquería es un punto de reunión con amigos y conocidos

Mientras la salud y las fuerzas se lo permitan, seguirá ocupando el mismo espacio que ha sido su segundo hogar durante más de medio siglo.

“Aquí me sirve para estar relajado, platicando y viendo la gente pasar”


Y así, entre conversaciones, recuerdos y el sonido de unas tijeras que se resisten a guardar silencio, don Raúl continúa escribiendo una historia que forma parte de la memoria viva de Rosario.

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Preguntas y respuestas
Jesús López
Jesús López

Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 

Más de diez años de experiencia como periodista, laborando para diversos medios de cobertura estatal, como corresponsal en la zona sur del Estado de Sinaloa. Y actualmente enfocado en el periodismo constructivo.

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