Logo

Don Rogelio y la fe que levantó al Sagrado Corazón de Jesús en Altata

La promesa que dio origen a la iglesia en Altata

2 enero, 2026
Conoce la historia de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Altata. Una obra llena de fe y amor cristiano. Fotos y video: Lino Ceballos.
Conoce la historia de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Altata. Una obra llena de fe y amor cristiano. Fotos y video: Lino Ceballos.

Don Rogelio habla despacio, como quien va recordando con cuidado lo vivido. A veces duda en las fechas, pero no en lo esencial: la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Altata no nació de planos ni de grandes proyectos, nació de la fe y de una promesa hecha en medio del mar.

"Esta iglesia tiene más de 50 años", dice. Al principio no era como ahora. Era una iglesia sencilla, de madera, con lámina de cartón negro, de esas que se usaban antes.

No había lujos ni comodidades, pero sí mucha gente. En esos años, Altata vivía del mar. Había pesca en abundancia y hombres que se aventuraban al mar abierto, al que aquí le dicen "para afuera".

Suscribirme Newsletter

La promesa que dio origen a la iglesia en Altata

La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús fue levantada gracias a la fe de un marinero que prometió un templo a cambio de ser rescatado en altamar. Foto: Lino Ceballos.
La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús fue levantada gracias a la fe de un marinero que prometió un templo a cambio de ser rescatado en altamar. Foto: Lino Ceballos.

Fue en uno de esos viajes donde ocurrió el hecho que marcaría la historia del templo. Don Eduardo Rich, conocido como el Guayo Rich, junto con otras personas, salió a pescar en un yatecito, un pequeño velerito.

Se sentían capaces, confiados. Pero al salir por la barra de la bahía, las olas estaban muy fuertes, los atrapó una marejada y la lancha se volteó. Los tripulantes del yate se estaban ahogando. No había qué hacer.

"Se andaban ahogando", recuerda Don Rogelio. En medio del miedo, prometieron a Dios que, si se salvaban, le cumplirían.

La salvación llegó de la manera menos pensada. Dos muchachos, hermanos, venían del mar alto después de ir a pescar tiburón. Al ver el yate volteado y a la gente luchando por su vida, no lo dudaron.

Se metieron a la oleada una y otra vez, batallando contra el mar, hasta lograr subirlos a su embarcación. Los salvaron a todos. El yate quedó a la deriva, pero las vidas se conservaron.

"Así Dios los salvó", dice Don Rogelio con firmeza.

Los hombres rescatados cumplieron su promesa. Aportaron dinero y levantaron la primera iglesia formal. Tenía bancas a los lados, era sencilla, pero ya era casa de Dios. Con el tiempo, Altata fue creciendo. Llegaron más casas, más familias, gente de fuera.

La comunidad católica de Altata se une para fortalecer su iglesia

La comunidad católica de Altata se han unido para fortalecer su fe y establecer la iglesia. Foto: Lino Ceballos.
La comunidad católica de Altata se han unido para fortalecer su fe y establecer la iglesia. Foto: Lino Ceballos.

Entre ellos, don Manuel Echeverría y su esposa, doña Martha, personas profundamente católicas. Al ver la iglesia, doña Martha insistió: había que reconstruirla.

Juntos invirtieron más de un millón de pesos. Tiraron paredes, ampliaron el espacio, la hicieron más grande, más bonita, más digna. "Quedó muy hermosa", dice Don Rogelio.

La fe no se quedó ahí. Mujeres de distintos pueblos comenzaron a reunirse, sobre todo en Semana Santa y Pascua. Venían todos los días a la iglesia.

Entre ellas surgió otra idea: hacía falta una casa parroquial para tener un padre de planta en Altata.

Se organizaron, hablaron con el obispo, formaron un comité y juntaron dinero. Católicos del propio pueblo aportaron. Compraron un terreno y se empezó a construir. La intención siempre fue la misma: fortalecer la vida de la iglesia.

Don Rogelio no habla desde lejos. Él y su familia han sido parte activa de esta historia. Cuando no había luz, pasaban electricidad desde su casa para las misas, bodas, quince años o servicios de cuerpo presente. Cuando hacía falta agua, también la compartían.

"Dios nos ha bendecido porque hemos cooperado mucho", dice sin presumir.


Su hijo Rogelio, el más chico, terminó trabajando por más de 20 años con la familia de doña Martha. Cuando ella venía a misa y el templo se llenaba de carros, lo señalaba con orgullo: "Ese señor es el papá de Rogelio".

Don Rogelio y su familia: pilares de la historia de la iglesia

La iglesia está en la calle Juan Escutia, es el centro de Altata. Y Don Rogelio lo dice claro: no es solo para quienes vienen a la playa. Es un lugar que guarda historias de fe, de mar, de promesas cumplidas y de un pueblo que se ha sostenido ayudándose unos a otros.

Porque en Altata, como demuestra Don Rogelio, la fe no solo se reza: se construye, se comparte y se sostiene con acciones. Porque la fe mueve montañas… y en Altata, también levantó una iglesia.

1 / 5
Imagen 1
2 / 5
Imagen 2
3 / 5
Imagen 3
4 / 5
Imagen 4
5 / 5
Imagen 5

Enlaces patrocinados
×
Boletín Tus Buenas Noticias