Logo

“Llegué con bastón, pero con ganas de seguir”: una jubilada de Culiacán descubre que aprender también sana

A los 68 años, Delia Morgado Salazar, de Loma Linda, encontró en el DIF Palmito un espacio de rehabilitación, aprendizaje y comunidad que transformó su salud física, emocional y su proyecto de vida, en Culiacán

27 enero, 2026
A los 68 años, Delia Morgado Salazar concluyó en noviembre de 2025 un diplomado de ofimática en el DIF Palmito, dos años después de haber llegado a ese espacio caminando con bastón por una lesión. | Imágenes de Francisco Castro
A los 68 años, Delia Morgado Salazar concluyó en noviembre de 2025 un diplomado de ofimática en el DIF Palmito, dos años después de haber llegado a ese espacio caminando con bastón por una lesión. | Imágenes de Francisco Castro

A los 68 años, cuando muchas historias se cuentan en pasado, Delia Morgado Salazar decidió conjugar el verbo aprender en presente. En noviembre de 2025, concluyó un diplomado de ofimática en el Centro de Desarrollo Integral No. 1 del Sistema DIF Sinaloa, en la colonia Industrial Palmito, al sur de Culiacán. 

El dato, por sí solo, podría parecer una línea más en una agenda académica. Pero detrás hay una historia que combina disciplina, resiliencia y una convicción poco negociable: siempre es buen momento para empezar de nuevo.

El DIF Palmito funcionó para Delia como un espacio de rehabilitación integral: ahí recuperó movilidad, redujo la depresión y fortaleció su vida social, combinando aprendizaje, actividad física y comunidad.
El DIF Palmito funcionó para Delia como un espacio de rehabilitación integral: ahí recuperó movilidad, redujo la depresión y fortaleció su vida social, combinando aprendizaje, actividad física y comunidad.
Suscribirme Newsletter

Delia tiene 68 años. Tiene dos licenciaturas, una en Derecho y otra en Administración de empresas, es maestra de aula jubilada y profesora certificada de yoga.


También es una mujer que, hace dos años, llegó a ese mismo centro caminando con bastón, cargando una lesión en el tobillo —diez tornillos incluidos— y una depresión silenciosa que pesaba más que cualquier expediente.

Un accidente y una decisión incómoda

La caída ocurrió en una escalera. Las consecuencias fueron inmediatas: dolor, limitación física y una sensación de encierro que no aparecía en ningún diagnóstico médico. 

Caminar era difícil, socializar aún más.


La invitación para volver a moverse no vino de un consultorio, sino de una alumna de yoga: “Que traigan a la maestra Delia para ver si así se anima a caminar”, sugirieron.

La propuesta no sonaba cómoda. De hecho, sonaba dolorosa. Pero Delia aceptó. Llegaba como podía: en Didi, con ayuda de su hija o sola, apoyándose en el bastón. 

Cada visita al DIF Palmito se convirtió en una meta pequeña, pero firme: caminar un poco más, quedarse un poco más, hablar con alguien más.

El DIF como espacio de rehabilitación integral

Lo que comenzó como una forma de terapia física se transformó en algo más amplio. Delia no solo recuperó movilidad; recuperó rutinas, vínculos y propósito. El diplomado de ofimática fue parte de ese proceso: un ejercicio mental que acompañó la rehabilitación corporal.

“El beneficio es integral”, resume. Menos dolor, menos rigidez, más amistades, más reuniones sociales. Y, sobre todo, menos depresión.


Hoy aún tiene algunas molestias en el tobillo, pero ya no depende del bastón ni del aislamiento.

En noviembre pasado, Delia Morgado terminó un diplomado en computación en el DIF Palmito, una generación de la que egresaron 14 personas adultas mayores.
En noviembre pasado, Delia Morgado terminó un diplomado en computación en el DIF Palmito, una generación de la que egresaron 14 personas adultas mayores.

Una vida dedicada a aprender… y a enseñar

Aunque suele presentarse como maestra jubilada, Delia aclara que su formación académica es amplia y diversa. 

Estudió Administración de Empresas, ejerció durante 25 años y, más tarde, cursó la licenciatura en Derecho

La docencia llegó “por accidente”, admite, cuando necesitaba tiempo para hacer su tesis y aceptó unas horas de clase que terminaron convirtiéndose en 25 años frente a grupo.


Impartió clases en el Tec Milenio, la Prepa Anáhuac y el Colegio del Valle, en Culiacán. A esa trayectoria se sumó, hace 15 años, una certificación como instructora de yoga por la Asociación Internacional de Yoga. 

Hoy da clases de yoga en el propio DIF Palmito y en Loma Linda, la colonia donde vive desde hace cuatro décadas.

Envejecer activos, no medicados

Delia habla sin rodeos cuando se refiere al envejecimiento. Advierte que muchas veces se opta primero por el medicamento y no por el movimiento, aun cuando existen espacios gratuitos y accesibles

“No se trata de dejar tratamientos, sino de complementarlos con actividad física y mental, siempre con indicación médica”, puntualiza.


Para ella, estos centros comunitarios no solo previenen el deterioro físico, también mantienen activo el cerebro

“Si uno se queda en casa, se endurecen las articulaciones… y también la mente”, dice, con una sonrisa que no pretende dramatizar, pero tampoco maquillar la realidad.

Libertad, comunidad y plenitud

Y aunque Delia vive sola, tiene tres hijos adultos y cinco nietos, con quienes convive. 

Disfruta una etapa de libertad que define con claridad: puede viajar, tomar cursos, aceptar o no trabajos ocasionales. Esa posibilidad de elegir es, para ella, salud emocional.

Salir de casa, arreglarse, integrarse a un grupo, aprender algo nuevo. Acciones simples que, en conjunto, cambiaron su día a día. 

“De otra manera, probablemente estaría más medicada”, reconoce con franqueza y un toque de humor que aligera la frase sin restarle peso.


Si tuviera que resumir su vida en una sola palabra, no duda: plenitud. No como meta lejana, sino como estado que se construye paso a paso… incluso cuando esos pasos, al inicio, se dan con bastón.




1 / 6
Imagen 1
2 / 6
Imagen 2
3 / 6
Imagen 3
4 / 6
Imagen 4
5 / 6
Imagen 5
6 / 6
Imagen 6

Enlaces patrocinados
×
Boletín Tus Buenas Noticias