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En medio de la violencia, una parroquia en El Salado, Culiacán se convierte en refugio de esperanza

La Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, con más de un siglo de historia en El Salado, se ha convertido en refugio espiritual y social para la comunidad ante los momentos convulsos que se viven en Culiacán

30 enero, 2026
La parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en El Salado, combina fe, ayuda social y diálogo comunitario para sostener a las familias en medio de la violencia que vive la región. | Imágenes de Francisco Castro
La parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en El Salado, combina fe, ayuda social y diálogo comunitario para sostener a las familias en medio de la violencia que vive la región. | Imágenes de Francisco Castro

Culiacán, Sinaloa.- A media hora de la capital sinaloense, la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en la sindicatura de El Salado, se mantiene como un espacio de encuentro, memoria y auxilio para decenas de familias que hoy enfrentan un contexto marcado por los tiempos convulsos y de incertidumbre en Culiacán.

Con casi tres años al frente de esta comunidad, el padre José Antonio Martínez Puebla coordina una labor pastoral que abarca alrededor de 35 comunidades distribuidas entre cuatro sindicaturas, desde Las Tapias hasta Tacuichamona, llegando incluso a zonas serranas donde las necesidades espirituales y materiales conviven de manera constante.

Más de 35 comunidades de cuatro sindicaturas reciben acompañamiento pastoral y apoyo social desde la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, un templo con más de un siglo de historia en El Salado.
Más de 35 comunidades de cuatro sindicaturas reciben acompañamiento pastoral y apoyo social desde la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, un templo con más de un siglo de historia en El Salado.
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Un templo con más de un siglo de historia

Aunque la parroquia como tal fue erigida en 2006, tras la división eclesiástica de Quilá, el edificio de la iglesia cuenta con más de cien años de presencia religiosa en la región, y así lo afirma el párroco, aunque algunos apuntes periodísticos refieren alrededor de 170 años de antigüedad.

La historia de este templo católico se entrelaza con la identidad del pueblo: bautismos, matrimonios, despedidas y celebraciones que han dado forma a la vida comunitaria generación tras generación.

“El archivo parroquial es muchas veces la memoria viva de los pueblos”, explica el sacerdote.


Incluso señalar que, aunque los registros formales más antiguos se resguardan en Quilá, la historia de El Salado se ha tejido durante décadas en torno a este templo.

La fe que también se traduce en ayuda concreta

Ante el incremento de la violencia y el desplazamiento de personas, la parroquia ha fortalecido su pastoral social, comparte el padre. En el acceso principal, estantes con medicamentos donados por la propia comunidad reflejan una dinámica basada en la confianza: “deja lo que puedas y toma lo que necesites”.

A ello se suma una farmacia gratuita, un dispensario médico mensual, entrega de despensas, un ropero comunitario y apoyo a familias que han llegado a la sindicatura sin pertenencias. Solo recientemente, se gestionaron hasta 250 despensas, distribuidas entre comunidades y la sede parroquial, añadió.

Más allá del apoyo material, el padre Martínez Puebla subraya que la Iglesia sigue siendo una institución en la que la gente confía, no solo por su dimensión espiritual, sino por su presencia constante en los momentos de mayor vulnerabilidad social.

Tender puentes en medio de la división

Para el párroco, uno de los mayores desafíos actuales es la fractura del tejido social. Amigos, compadres y vecinos se han visto divididos por el miedo, la desconfianza y la violencia. En ese contexto, afirma, la Iglesia ha optado por mantenerse como un espacio neutral, de escucha y esperanza.

“La caridad y el perdón son los puentes más grandes que podemos construir”, señala en entrevista para Tus Buenas Noticias.


Está convencido de que el diálogo y la comunicación son caminos reales para avanzar hacia la paz.

Un mensaje de esperanza para Culiacán

En su mensaje final, el padre José Antonio Martínez reconoce el dolor que vive la sociedad sinaloense, pero insiste en no perder la esperanza. “Mucha gente sigue esperando que sus seres queridos vuelvan a casa”, expresa.

Para él, la paz no es un gesto superficial, sino un proceso profundo que se construye desde la espiritualidad, el diálogo y la voluntad colectiva.

“Dios siempre será el mejor medio y el camino”, afirma, convencido de que, incluso en los tiempos más complejos, la fe puede seguir siendo un punto de encuentro y reconciliación.


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