Desde hace 17 años, Magui acompaña a las mujeres de Culiacán con sus clases de baile
Magui no solo enseña a bailar al ritmo de zumba, también enseña a sus alumnas a sentirse bien consigo mismas.

Magui habla y sonríe. Y cuando sonríe, se entiende por qué la gente no deja de llegar a sus clases. "Yo siempre he dicho que la gente vuelve a donde fue feliz", dice para Tus Buenas Noticias.
Lo dice desde el Jardín de Niños del fraccionamiento Loma Bonita, el mismo donde hace 17 años dio su primera clase sin experiencia, sin micrófono y con más miedo que certezas. Ahí empezó todo. Y ahí regresó.
Margarita Guadalupe Jacobo Rodríguez, "Magui" para todas, tenía apenas 16 años cuando se animó a intentar algo que no sabía hacer, pero que sentía muy dentro: bailar. "Yo no sabía qué era dar una clase. Yo nada más bailé", recuerda entre risas.
Una oportunidad inesperada

Vio un anuncio en redes y se animó a ir a buscar la oportunidad. La entrevistaron, le pusieron música y la aceptaron. Daría clases en colonias donde la gente no podía pagar un gimnasio. "La idea era que la gente cambiara su mentalidad", le explicaron.
Su primera clase fue para 10 mujeres. Vecinas. Mamás. Amigas en el sector Barrancos. "Yo me aventé una hora completa, a como Dios me dio a entender", dice entre risas.
Con el tiempo fueron 20, luego 40, luego casi 60 mujeres. Todas encontrando en el baile un espacio para ellas.
Mientras tanto, Magui estudiaba, trabajaba, aprendía. Nunca dejó de prepararse. Se tituló como licenciada en Enfermería, se certificó como maestra técnica en danza, tomó cursos, dio clases en colonias populares, comunidades y plazuelas.
La historia de Magui Jacobo y su impacto en la comunidad

En 2020, en plena pandemia y con un bebé recién nacido, tomó una decisión importante: independizarse.
"Yo necesitaba hacer algo. Siempre he hecho ejercicio, y también quería crear algo mío".
Así nació Mayem, su proyecto más personal. "Le puse así por Magui y Emilio, mi hijo".
Empezó en la cochera de su casa. Con miedo, pero con muchas ganas.
"Pensé: la gente quiere salir, moverse, sentirse viva". Y pasó. Llegaron muchas.
Hasta que la vida volvió a moverle el piso. Hace dos años murió su papá. "Yo soy hija única. Él era todo para mí".
Cerró espacios, regresó a vivir con su mamá, reorganizó su vida. Pero no se detuvo. "No podía dejar de hacer lo que amo", cuenta.
Fue entonces cuando el destino la regresó al inicio. Al mismo Jardín de niños en Loma Bonita. El lugar donde empezó todo. "Y volvió a llenarse", dice con orgullo.
"A veces siento que el destino me dijo: aquí es".
Hoy Magui tiene alrededor de 45 alumnas activas. Cobra lo mínimo. Apoya al Jardín de niños con el dinero recabado de cada clase. "Esto es un ganar-ganar. Ellos me ayudan, yo los ayudo".
También hay mujeres que llegaron tristes. "Tuve una señora que perdió a su esposo por COVID. Estaba deprimida. Y me dijo: ‘volví a vivir’".
Otras con artritis, con dolores, con cansancio emocional. "Aquí mejoran, no solo físicamente. También de ánimo".
El crecimiento de las clases de baile en Barrancos

Hoy sueña con volver a abrir academias, con llegar a más colonias, con que más personas tengan acceso a un espacio así.
Y mientras ese sueño sigue creciendo, ella sigue ahí. Con la música lista, con una sonrisa que abraza, con la certeza de que bailar también puede sanar.
Porque en Barrancos, Magui no solo da clases. Magui levanta ánimos, crea comunidad y recuerda que siempre se puede volver a empezar.
















