Cerezia, la pasión de Ana, quién diseña los sueños de sus clientes desde Valle Alto en Culiacán
Con solo 28 años, Ana Flor ha construido Cerezia sin grandes campañas ni reflectores, su atelier crece gracias al talento, la constancia y la recomendación de sus clientas


A los 28 años, Ana Flor no presume grandezas. No habla de cifras ni de éxitos virales. Habla de telas, de cortes, de estética, de esa sensación casi mágica que ocurre cuando una idea pasa del papel a convertirse en prenda.
Su emprendimiento, Cerezia, nació entre dudas, cambios y aprendizajes, pero sobre todo nació de una pasión profunda por el diseño.
Cuando estaba en la universidad, comenzó a sentir la inquietud de crear algo propio. No se sentía completamente segura, ni lista, ni “suficiente”, como ella misma dice. Sin embargo no cesaba en la idea de ser una diseñadora de modas profesional.
Aun así, la idea de emprender no la dejaba tranquila. Intentó primero acompañada, junto a dos amigas. Probaron, fallaron, volvieron a intentar. La falta de experiencia y de recursos era evidente, pero también lo era el deseo de hacer algo distinto.
Con el tiempo, el equipo se desintegró y Ana decidió quedarse con el proyecto. No por orgullo, sino porque entendió que el diseño no era solo una etapa universitaria: era parte de ella.
Cerezia comenzó en una casa prestada por su mamá, en Valle Alto. Sin mobiliario sofisticado ni grandes inversiones, instaló su máquina de coser, un espejo y lo necesario para empezar.
Patronaban en el piso, ajustaban detalles, aprendían sobre la marcha. No había presupuesto para publicidad ni estrategias complejas de marketing. Lo que había era trabajo.
A veces no me sentía suficiente para hacerlo sola, pero entendí que si amo diseñar, tengo que atreverme.”
Ana reconoce que no siempre tuvo claro su camino. Antes estudió otra carrera y la dejó. Sabía que lo suyo estaba en el diseño, pero no exactamente en cuál rama. Descubrió que le apasiona la moda, pero también el interiorismo, la arquitectura, todo lo que implique crear desde la estética.
Le gusta la costura, el estilismo, la construcción visual de una prenda. Disfruta ver cómo una tela plana puede transformarse en algo que haga sentir especial a quien lo usa.
Actualmente, desde su taller en Valle Alto, confecciona principalmente vestidos de fiesta y piezas especiales. Su sello está en el detalle y en la dedicación. Cada clienta es atendida de manera cercana, sin poses ni formalidades exageradas. Esa sencillez es parte de su esencia.
Crecimiento orgánico desde el amor al arte y el diseño
Sin invertir en publicidad pagada, el crecimiento de Cerezia ha sido orgánico. Las recomendaciones han sido su mejor aliado. El boca en boca ha llevado nuevas clientas a su puerta.
Y aunque a veces le cuesta creérselo, lo cierto es que rara vez pasa largos periodos sin encargos, pues siempre hay alguien agendando algún pedido en su página de instagram @cerezia.atelier.
Ana Flor se define por intentarlo. Por seguir aprendiendo. Por aceptar que su camino creativo aún está en construcción.
A sus 28 años, con Cerezia no es solo un emprendimiento: es la prueba de que cuando el talento se combina con humildad y pasión, el diseño deja de ser una idea y se convierte en identidad. Es con orgullo la diseñadora de modas de Valle Alto.









