Sabores de Culiacán: Taquería Doña Bertha, 15 años construyendo comunidad con esfuerzo familiar
Conoce la historia de Bertha Romero y su esposo 'Chon', quienes tras 15 años de trabajo en su taquería en Culiacán, han logrado profesionalizar a sus hijos y convertirse en una parada obligatoria rumbo a Imala


Culiacán, Sinaloa.- En una esquina donde cada mañana se enciende el comal y el aroma de las tortillas calientitas invita a detenerse, Bertha Romero Beltrán, de 65 años, mantiene vivo un negocio que nació de la necesidad y se convirtió en sustento familiar: Taquería Doña Bertha.
Junto a su esposo, Concepción “Chon” Ramírez, de 71 años, lleva 15 años vendiendo tacos, construyendo una historia que comenzó mucho antes con una pequeña carreta en la entrada principal del fraccionamiento Los Ángeles.

De raspados y churros a tacos
Hace alrededor de dos décadas, el negocio era muy distinto. Bertha y su familia empezaron vendiendo churros, cacahuates y raspados desde una carreta en el cruce del bulevar California y carretera a Imala.
Durante unos tres años ese fue el giro del pequeño emprendimiento. Pero con el tiempo las ventas bajaron y la familia tuvo que buscar otra alternativa.
“La misma necesidad fue la que me llevó a buscarle por otro lado”, admite para Tus Buenas Noticias.
Así comenzó el cambio: primero con pocos tacos, casi de prueba, y poco a poco fueron creciendo hasta consolidar lo que hoy es la Taquería Doña Bertha.
Un negocio hecho en familia
El puesto funciona principalmente con manos familiares. Bertha atiende junto a su esposo Chon, quien la acompaña todos los días detrás del comal.
Durante años también participaron sus hijos, quienes ayudaban cuando era necesario.
“Siempre ha sido pura familia”, cuenta.
Actualmente venden tacos, quesadillas, vampiros y tortas, principalmente de asada y tripa. Entre todos los platillos, hay uno que se ha ganado el gusto de los clientes.
Las quesadillas hechas con tortilla de harina preparada a mano se han vuelto de las más solicitadas.
Un esfuerzo que también educa
Más allá del negocio, la taquería ha sido una base para la familia. Con el trabajo diario lograron apoyar la educación de sus cuatro hijos.
Hoy uno de ellos cursa el cuarto año de universidad, donde estudia Química, mientras que sus hermanas se desempeñan como secretaria y psicóloga.
Para Bertha, cada logro de sus hijos representa una recompensa a los años de trabajo detrás del puesto.
El horario de la taquería es constante: de lunes a sábado, de 6 de la mañana a 3 de la tarde. Incluso en momentos difíciles, la familia mantiene la misma decisión: abrir cada día.
Reconoce que hay jornadas con ventas bajas y que la situación económica ha sido complicada, pero nunca han considerado cerrar.
Un mensaje para seguir adelante
Con el paso del tiempo, Taquería Doña Bertha se ha convertido en un punto conocido para vecinos y visitantes. Algunos clientes incluso llegan desde comunidades cercanas como Imala o Agua Blanca para desayunar.
Ese respaldo de la gente, dice, es lo que anima a seguir.
Por eso, cuando le preguntan qué consejo daría a otros pequeños comerciantes, su respuesta es sencilla: “No perder el ánimo ni la fe… y seguir adelante”.














