Antigua torre de control en Culiacán: Un viaje a la memoria del Aeropuerto El Palmito
La antigua torre de control del aeropuerto El Palmito sobrevive en una esquina de la colonia Lomas del Bulevar, en Culiacán. Hoy convertida en taller, guarda la memoria de una etapa clave en la conectividad aérea local


En la colonia Lomas del Bulevar, en Culiacán, una estructura discreta pasa inadvertida para la mayoría. Es la torre de control de la antigua central aeroportuaria de la ciudad.
Ubicada en la esquina de Lago Ontario y L. Silverio, a espaldas del Oxxo Lomas del Bulevar y cerca de Soriana Zapata, esta edificación de apariencia modesta resguarda una historia que despegó décadas atrás y pocos conocen.

Antes de la existencia del actual Aeropuerto Internacional de Culiacán, el aeropuerto conocido como El Palmito operó durante aproximadamente 30 años a mediados del siglo XX.
Desde ahí se coordinaban vuelos regionales, avionetas y taxis aéreos que conectaban a la capital sinaloense con distintos puntos del noroeste del país.
De torre de control a taller cotidiano
Hoy, el edificio luce lejos de su pasado aeronáutico. Durante un tiempo albergó un autolavado llamado “Clyds La Torre”, y actualmente funciona como taller automotriz, de acuerdo con los vecinos.
Entre herramientas, vehículos y actividad cotidiana, la estructura mantiene su esencia, aunque sin reflectores.
Trabajadores y comerciantes de la zona coinciden en que pocos reconocen su valor histórico. La torre, dicen, “está ahí”, casi invisible, integrada al ritmo urbano sin señalización ni narrativa que la reivindique.
Arquitectura que prioriza la función
Desde el punto de vista arquitectónico, el inmueble responde a un estilo funcionalista típico de infraestructuras aeronáuticas de mediados del siglo pasado.

Su elemento más distintivo es el volumen superior: una torre elevada de planta circular o suavemente poligonal que permitía una visibilidad panorámica completa, clave para las operaciones aéreas.
El cuerpo inferior, más sólido y de aperturas reducidas, sugiere funciones administrativas. En contraste, la torre presenta ventanales corridos que favorecían el control visual.
La estructura combina concreto armado, aplanados blancos —hoy desgastados— y elementos metálicos añadidos con el tiempo.
A su alrededor, postes, cableado y construcciones vecinas han modificado su contexto original. Donde antes dominaba el paisaje abierto, hoy comparte espacio con una ciudad que creció sin mirar atrás.
Memoria en riesgo, oportunidad latente
Lejos de ser una postal nostálgica, esta torre representa una oportunidad. Su valor no radica en su estética, sino en lo que simboliza: una etapa clave en la historia de la conectividad en Culiacán.
Rescatar su memoria —con señalética, intervención urbana o proyectos culturales— no es un gesto romántico, es una inversión en identidad. Porque aunque hoy ya no coordine vuelos, este edificio sigue apuntando hacia el mismo lugar: el pasado que explica el presente.










