Con fe y ternura, Jesús Alberto, de cuatro años, conmueve a Culiacán al dar vida a Jesucristo
Con devoción, inocencia y una sorprendente entrega, Jesús Alberto Guerrero Pérez participó en la escenificación de la Pasión, Muerte y Resurrección del hijo de Dios, dejando una huella de emoción y esperanza en la comunidad de la parroquia del Santo Niño de la Salud en Culiacán


Culiacán, Sinaloa. - Con una entrega que tocó el alma de los presentes, el niño Jesús Alberto Guerrero Pérez, de apenas cuatro años, conmovió a toda la comunidad al dar vida a Jesucristo durante la tradicional escenificación de la Pasión, Muerte y Resurrección, realizada en la parroquia del Santo Niño de la Salud, en la colonia Miguel Hidalgo.

Jesús Alberto, pequeño y gran actor que tocó corazones al interpretar la vida del hijo de Dios
Desde dos meses antes de la Semana Santa 2026, el menor expresó con genuina emoción su deseo de interpretar a Jesús. Aquella ilusión infantil, nacida de su sensibilidad y curiosidad, se transformó en el motor de una experiencia que fue tomando forma entre ensayos, aprendizaje y una esperanza que crecía día a día.
Acompañado en todo momento por sus padres, familiares y organizadores de la parroquia, Jesús Alberto se preparó con dedicación para este momento tan especial. Su entusiasmo era evidente en cada ensayo, donde no solo aprendía su papel, sino que lo vivía con una entrega poco común para su corta edad.
El día del viacrucis, el pequeño, acompañado de otros infantes, recorrió las calles aledañas al templo —donde se venera al Santo Niño Doctor— portando la cruz y la corona de espinas, en una escena que dejó huella en quienes tuvieron la oportunidad de presenciarla.

Lejos de la distracción propia de la infancia, el rostro de Jesús Alberto reflejaba una concentración conmovedora; sus pasos, aunque pequeños, transmitían una sensibilidad que estremecía en cada estación. En su andar había algo más que una representación: había fe, emoción y una conexión que trascendía lo visible.
La comunidad lo acompañó en un silencio absoluto, cargado de respeto y emoción. Su sola presencia fue suficiente para transmitir un mensaje lleno de ternura, fe y esperanza, que tocó el corazón de quienes seguían cada momento del recorrido.
Para muchos asistentes, la interpretación de este pequeño gran actor trascendió la escenificación y se convirtió en un recordatorio vivo del amor, la espiritualidad y la pureza que florecen en la niñez.

Detrás de esta significativa experiencia también hay una historia marcada por el amor, la fe y la esperanza. Su padre, Abel Guerrero, compartió con gratitud el camino recorrido junto a su esposa Cindy Pérez, quienes, tras diez años de espera, hace poco más de cuatro años recibieron la bendición de convertirse por primera vez en padres de sus hermosos y carismáticos “cuatitos”.
A ellos los llamaron Jesús Alberto y María Judith, como muestra de agradecimiento a Jesús y a la Virgen María.
“Después de una larga espera, Dios nos bendijo con la dicha de ser padres de un niño y una niña”, expresó Abel con emoción.

La fe de un niño: Jesús Alberto, emociona al interpretar la Pasión de Cristo.
Por su parte, su mamá recordó con emoción que, desde muy pequeño, su hijo mostró un interés especial por las representaciones de la vida de Jesucristo.
“Desde hace medio año inició a interesarse por la historia de Jesús; nos pedía que le pusiéramos ‘a Diosito’ en su Tablet. Le llamaba mucho la atención toda la historia, en especial las cruces. Siempre esperaba con ilusión las tardes para asistir a los ensayos; se mantenía muy atento y contaba los días para este momento (viacrucis). Incluso en casa practicaba cómo cargar la cruz”, relató Cindy.
Este anhelo también fue recibido con entusiasmo por el párroco Víctor Soto, quien, al conocer el gran deseo del niño, no dudó en brindarle la oportunidad de vivir esta experiencia dentro de la escenificación, en un entorno de respeto, fe y formación comunitaria.
Los padres de Jesús Alberto agradecen a cada persona que hizo posible que su hijo cumpliera este sueño tan esperado.

En la memoria de quienes estuvieron presentes permanece una imagen imborrable: la de un niño que, con su ternura y entrega, transformó una representación religiosa en un momento de reflexión y unión para todos los asistentes.
A su corta edad, Jesús Alberto ya tiene claro su anhelo de convertirse en médico, motivado por un deseo sincero de ayudar y aliviar el dolor de los demás. “De grande quiero ser doctor para curar gente”, compartió con ilusión el pequeño.
Y es que, en cada escena en la que dio vida al Hijo de Dios, el pequeño Jesús Alberto Guerrero Pérez no solo recreó la historia de Jesucristo… se convirtió en un reflejo de fe viva, capaz de estremecer corazones y recordarnos que en la inocencia de la niñez habita una luz inmensa que abraza el alma, despierta esperanza y tiene el poder de unirnos en un mismo sentir.







































