Misticismo prehispánico en Mazatlán: Ignacio Tizoc y sus danzas en la Machado
Movimientos dedicados al sol, la tierra y los ciclos del calendario agrícola y solar se convierten en un vínculo entre la cultura mexicana y los turistas navieros que impulsa la valoración de nuestras raíces, fortalece la difusión cultural y convierte la admiración en conocimiento


Cada mañana de arribo de crucero turístico en Mazatlán la explanada de la Plazuela Machado se convierte en el escenario donde los turistas extranjeros viven un momento de cercanía y admiración por la cultura prehispánica mexicana.
Ignacio Tizoc González Velázquez, originario de la Ciudad de México, desde hace años representa las danzas y rituales prehispánicos en este lugar, ataviado como un guerrero azteca.
Los turistas llegan en grupos guiados o caminando en familia siguiendo la línea azul desde la terminal naviera y es en la Plazuela Machado donde encuentran el lugar perfecto para tomar un primer descanso en la ciudad.
Ahí, Ignacio y su compañero esperan para realizar su representación, similar a la que puede verse en la explanada del Zócalo de la Ciudad de México por los también conocidos como danzantes o “concheros”. 
Las danzas son dedicadas a elementos de la naturaleza y más que entretenimiento son una conexión mística entre el plano terrenal y el espiritual.
“Nuestras danzas van relacionadas con los movimientos de los astros, con los calendarios agrícola y solar, también son expresiones de agradecimiento, de gratitud al padre sol por lo beneficios recibidos, a la madre tierra, a los elementos de la vida, damos gratitud a lo sagrado y participamos con la gente”, dice Ignacio.
Rituales que asombran a turistas nacionales y extranjeros
Acompañados por el fuego e instrumentos como un tambor de tronco (huehuetl) y sonajas de conchas (ayoyotes), los danzantes cautivan la atención de los visitantes que durante algunos minutos admiran los penachos coloridos y el ritual que se desarrolla frente a ellos. 
“Hay algo bien misterioso y mágico, muchas veces el extranjero aprecia más nuestra cultura que nosotros mismos, durante muchos años ha sido así, apenas ahora nuestra gente empieza a despertar y a conocer más de nuestro origen”, asegura.
Desde 1985 Ignacio Tizoc salió de la capital del país, luego del sismo que estremeció la ciudad. Ahí inició su camino por muchos estados de la República llevando las danzas y rituales hasta llegar a Mazatlán.
En el puerto comparte un poco de la magia y el misticismo de la cultura de nuestros ancestros, de las culturas prehispánicas de México.
En cada presentación de Ignacio Tizoc en la Plazuela Machado, se observa una danza y se abre una puerta para que visitantes y locales entiendan que la cultura prehispánica sigue viva, activa y en diálogo con el presente. 
Su trabajo recuerda que el patrimonio no es algo del pasado, sino una práctica que puede generar cercanía, respeto y aprendizaje mutuo.
El danzante, al propiciar estos encuentros con los turistas impulsa la valoración de nuestras raíces, fortalece la difusión cultural y convierte la admiración en conocimiento.
Con su arte más personas se acercan a lo que somos y lo preservan con el mismo cuidado con el que se transmite el ritual.









