De Ucrania a Mazatlán: el sueño de Yuliia Yushyna y su cafetería Olas Negras
Sabores y culturas unidos en un emprendimiento que poco a poco construye comunidad en el puerto. Yuliia encontró en el ramo gastronómico una oportunidad para aportar con su trabajo y sus talentos al crecimiento de esta ciudad sinaloense que es ya su hogar


Los atardeceres, la playa, el clima, la cultura y la gastronomía de Mazatlán atraparon el corazón de Yuliia, una joven ucraniana que visitó el puerto por primera vez invitada por un novio que conoció mientras trabajaba en un crucero turístico.
A sus 22 años de edad Yuliia había terminado su carrera como traductora en Ucrania y decidió emplearse en una compañía naviera, en su primer y único viaje a bordo del crucero escuchó por primera vez de Mazatlán y al visitarlo decidió que este sería su hogar.
“Nunca había escuchado de Mazatlán por ejemplo mucha gente menciona Cancún, Acapulco, pero Mazatlán es algo desconocido llegué y lo primero que hice el primer día me pasearon por el malecón, probé la cerveza oscura, los camarones y dije oye que chido es un paraíso”, cuenta entusiasmada.
El objetivo de Yuliia hasta antes de conocer Mazatlán era llegar a Estados Unidos y ganar dólares, cosa que había logrado al ser contratada por la naviera, sin embargo, la vida en el mar no era fácil y pensó que en tierra sinaloense tendría más oportunidades de lograr sus sueños. 
“Mi sueño era ir a Estados Unidos, ganar dólares, seguir adelante económicamente y pensé y si aquí no gano tanto, pero tengo el lujo de ver el atardecer cada día, comer esta comida rica y estar en traje de baño en febrero, ¿qué es eso si no es felicidad?. Y esa fue mi decisión”, platica con una sonrisa.
Aprendizaje y adaptación a una nueva cultura
Al cumplir con su contrato en el crucero turístico Yuliia se mudó a Mazatlán. La familia de su entonces novio le ofreció trabajo como encargada de la cafetería del Conalep I, en Urías, donde pronto aprendió español por la necesidad de comunicarse con los alumnos.
“Cuando llegué no hablaba español aquí aprendí español pata salada que fue más difícil porque los mazatlecos hablan muy rápido y no perdonan, pero a la larga me ayudó mucho, tenía muchas ganas de hacer amigos y aprender. Entonces fluyó bastante bien”, comenta.
Para la joven ucraniana iniciar una nueva etapa de su vida en Mazatlán no fue fácil, tuvo que aprender el idioma, las costumbres, una cultura totalmente diferente a la de su país y a moverse en transporte público en una ciudad desconocida.
“Fue la primera vez que use el transporte público me perdí muchas veces en la ciudad, dure dos años en ese primer trabajo, pero fue un empujón muy grande porque con los jóvenes sí o sí tienes que hablar entonces aprendí muy rápido ellos te empujan”.

Después de dos años en la cafetería del Conalep Yuliia consiguió un trabajo como recepcionista en una oficina de bienes raíces, donde después trabajó como fotógrafa de casas para renta y venta.
Disfrutaba su trabajo pues conoció lugares exclusivos de Mazatlán y luego de unos años se convirtió en fotógrafa freelance en el mismo ramo de bienes raíces.
“Estuve seis años como fotógrafa de casas para renta y venta y luego empecé a trabajar como freelance, y muchos me contrataban, disfruté mucho mi trabajo pero siempre buscaba trabajos adicionales para lograr mi meta. Con un trabajo no es suficiente a veces ni siquiera con dos trabajos entonces buscas hasta tres o cuatro siempre con las ganas de salir adelante”, explica.
Amante del café y fan de la cultura cafetera, Yuliia siempre tuvo en mente una meta: tener su propia cafetería en Mazatlán, por ello trabajaba todo lo que podía.
“Yo no vengo de un país de primer mundo Ucrania es un país de economía no tan buena, entonces yo sé cómo es complicada la situación para los jóvenes aquí en México, tienes que luchar para lograr lo que quieres”, dice convencida en entrevista con Tus Buenas Noticias.

Cuando llegó la pandemia del COVID 19 Yuliia perdió su trabajo y en los meses de encierro decidió desarrollar una de sus habilidades, la pintura, lo que le permitió obtener recursos con la venta de sus cuadros y empezar a ahorrar para poner su primera cafetería.
“Hice muchos cuadros soy pintora también, de hecho creo que fue mi tiempo de florecer porque tenía el tiempo que nunca tuve antes, conseguí bastante entrada de dinero. Y como en COVID no podía salir ni viajar fui guardando mi dinero”, señala.
Después del COVID Yuliia recibió a su mamá en Mazatlán, la guerra entre Ucrania y Rusia la obligó a emigrar y al llegar al puerto juntas empezaron nuevos proyectos, empezaron a cocinar y vender comida ucraniana en mercados orgánicos de Mazatlán.
“Mi mamá también me ayudó, me la traje por la guerra de Ucrania y empezamos a vender comida ucraniana, nuestros clientes son más extranjeros hay mucha cultura ucraniana en Canadá y no fue difícil en este mercado, pero con los mazatlecos es más complicado no tanto por cuestión de dinero sino por el desconocimiento de los platillos”.
Cumpliendo metas, nace Olas Negras en el sector centro de Mazatlán
Yuliia logró abrir una pequeña cafetería en una de las principales calles del centro de la ciudad hace dos años, su cafetería Olas Negras está ubicada en Belisario Domínguez entre Zaragoza y Morelos. 
Ahí se vende solo café para llevar y postres. Aunque Yuliia había logrado uno de sus objetivos, ahora su meta había cambiado, al ver que la cultura cafetera iba creciendo en la ciudad decidió ir por más.
“Veo como Mazatlán se está desarrollando y tomando ejemplos de ciudades grandes como Guadalajara y CDMX vamos creciendo mucho, de hecho tenemos una comunidad de cafeteros aquí en Mazatlán que somos baristas apasionados, que estamos trabajando en llevar mejor calidad a los clientes”, asegura.
Con apoyo de amigos y conocidos la primer cafetería Olas Negras tuvo éxito y Yuliia continuó trabajando para abrir un nuevo negocio. Hace seis meses pudo abrir una segunda cafetería más grande en Playa Sur.
“El dueño de este local en Playa Sur nos dio la oportunidad de ir arreglado el lugar poco a poco con mucho trabajo, mucho esfuerzo. Esta cafetería tiene medio año abierta nos recibieron muy bien desde el primer día la gente empezó a llegar y todos se maravillaban por el lugar, por el menú, por la atención cálida, somos como una familia”, dice orgullosa.

El menú de Olas Negras, llamada así por el mar negro que divide a Ucrania de Turquía, es una mezcla de sabores y culturas.
Desde chilaquiles y desayunos muy tradicionales en México hasta combinaciones con salsas y café turco original que poco a poco mazatlecos y turistas han probado y adoptado para sus mañanas en el puerto.
Un nuevo objetivo se abre en el horizonte para Yuliia: un restaurante de comida ucraniana y una nueva sucursal de Olas Negras al otro extremo de la ciudad. 
La joven que hace 11 años llegó a Mazatlán a probar suerte, hoy ve en el ramo gastronómico una oportunidad para aportar con su trabajo y su cultura al crecimiento de este puerto que es ya su hogar.
Yuliia ha invertido en Mazatlán para formar un patrimonio y sigue trabajando para formar aquí una familia, después de 11 años obtuvo su nacionalidad mexicana y se casó con un joven culichi que al igual que ella ama Mazatlán.
“Si checas mi cuenta de banco vas a ver que no tengo nada, pero a la vez tengo todo, ahorita es mi momento de luchar y de arriesgar yo quiero tener familia, pero primero tengo que trabajar”, dice convencida.
La historia de Yuliia es un recordatorio poderoso de que la migración no solo “llega”, sino que transforma e integra en una comunidad abierta a recibir y adoptar a quienes como ella contribuyen al crecimiento de Mazatlán.


















