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San Ignacio, Sinaloa. - Con más de 50 años de historia, Tortillería La Guadalupana es uno de los negocios familiares más tradicionales de San Ignacio. Fundada por los padres de Irma Ofelia Loaiza Bastidas, hoy continúa operando gracias al trabajo de la familia, conservando la elaboración de tortillas con masa de nixtamal y adaptándose a los cambios en las costumbres de consumo.

Durante más de 50 años la tortillería ha estado instalada en este mismo lugar a donde llegan principalmente clientes de los pueblos
Durante más de 50 años la tortillería ha estado instalada en este mismo lugar a donde llegan principalmente clientes de los pueblos

La historia de La Guadalupana y su legado familiar

Un negocio que nació como molino de nixtamal

Antes de convertirse en tortillería, La Guadalupana funcionó durante aproximadamente una década como molino de nixtamal, cuando las familias cocían el maíz en casa y acudían con sus cubetas para molerlo y elaborar sus propias tortillas, pues Ofelia asegura que en aquella época se sembraba mucho maíz en San Ignacio.

Posteriormente, el negocio comenzó a producir tortillas de manera comercial, manteniendo también el servicio de molienda durante varios años.

Tradición familiar

La propietaria, Irma Ofelia Loaiza Bastidas, recuerda que fueron sus padres quienes iniciaron el negocio hace 60 años. Con el paso del tiempo al fallecer su padre ella asumió la responsabilidad de la empresa familiar, labor que desempeña desde hace más de dos décadas con el apoyo de su hermana y dos empleados. "Esta tortillería nunca ha dejado de trabajar, salvo cuando se va la luz", comenta.

La tortillería que dirige Irma Ofelia nunca ha dejado de funcionar a menos que la falle la energía eléctrica
La tortillería que dirige Irma Ofelia nunca ha dejado de funcionar a menos que la falle la energía eléctrica

Desafíos actuales de la tortillería en un mercado competitivo

Las largas filas quedaron en el recuerdo

Irma recuerda que hace años las filas para comprar tortillas eran parte del paisaje cotidiano de San Ignacio. Las madres enviaban a sus hijos con cubetas y servilletas de tela bordadas a mano, y blancas como la nieve, para recoger las tortillas recién hechas, mientras esperaban su turno jugando alrededor del establecimiento.

Actualmente, la dinámica cambió con la aparición del servicio a domicilio en motocicleta y el incremento en el número de tortillerías del municipio, aunque su tortillera no tiene reparto, todo es venta de mostrador.

Una receta que conserva el sabor tradicional

A diferencia de otros establecimientos, en La Guadalupana continúan elaborando las tortillas con harina de maíz industrializada y masa de nixtamal combinada con harina de trigo, lo que, asegura, mantiene el sabor y suavidad que distingue a sus productos.

Más competencia y mayores costos

La propietaria reconoce que el negocio enfrenta hoy un panorama más complicado debido a la disminución de visitantes, el crecimiento de la competencia y el aumento constante en los costos de producción. Explica que el precio de la tortilla se mantiene limitado, mientras que insumos como el maíz, la harina, el gas, la electricidad y las obligaciones laborales continúan incrementándose. Además, recordó que hace más de una década desaparecieron los subsidios gubernamentales que ayudaban a reducir los costos de producción.

En esta tortillería siempre tratan de utilizar materiales de la mejor calidad a la que ya están acostumbrados sus clientes
En esta tortillería siempre tratan de utilizar materiales de la mejor calidad a la que ya están acostumbrados sus clientes

La evolución del consumo de tortillas en San Ignacio

Seis décadas de historia

A pesar de los cambios económicos y sociales, La Guadalupana continúa siendo uno de los negocios con mayor tradición en San Ignacio a donde llegan muchos clientes de las rancherías, quienes expresan que les gustan estas tortillas porque al volverse a recalentar no se ponen duras.

Hoy, con más de medio siglo de servicio, la tortillería sigue elaborando diariamente uno de los alimentos más representativos de la gastronomía mexicana, manteniendo vivo un legado familiar que ha acompañado a varias generaciones de habitantes del municipio.

Una tradición que busca continuar

Aunque Tortillería La Guadalupana ha permanecido en funcionamiento por seis décadas, Irma Ofelia reconoce que dar continuidad al negocio familiar representa un reto, pues las nuevas generaciones han mostrado poco interés en hacerse cargo de la empresa. "Vienen y me ayudan por ratitos, pero nadie ha querido seguir con la tortillería", comenta. No obstante, mantiene la esperanza de que uno de sus sobrinos, quien actualmente la apoya en el mantenimiento de la maquinaria, decida continuar con el legado familiar.

Actualmente, la producción de tortillas se realiza en tres jornadas diarias. La maquinaria opera de 5:30 a 7:30 de la mañana, posteriormente de 11:00 a 12:00 horas y, finalmente, de 12:40 a 14:00 horas, con el propósito de ofrecer tortillas recién hechas durante gran parte del día.

Con más de medio siglo de historia, La Guadalupana continúa siendo un referente para las familias de San Ignacio, preservando una tradición que ha pasado de generación en generación y que busca mantenerse viva en los años por venir.

La producción de tortillas se realiza tres veces al día para que las familias tengan el producto caliente en su mesa
La producción de tortillas se realiza tres veces al día para que las familias tengan el producto caliente en su mesa
Preguntas y respuestas
Yolanda Tenorio
Yolanda Tenorio

Yolanda Tenorio es una periodista con más de 15 años de experiencia narrando historias que importan y que muchas veces no encuentran eco en los grandes titulares. Ingresó a El Debate de Mazatlán el 21 de febrero de 2008 como corresponsal, y desde entonces ha sido testigo y cronista del pulso serrano: comunidades marcadas por el abandono, la violencia o la migración, pero también por su cultura, dignidad y riqueza humana.

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Su pasión por el periodismo se manifiesta especialmente en el género de la crónica, así como en los reportajes especiales que retratan con sensibilidad a los pueblos olvidados y los personajes que resisten con orgullo. Es una periodista que escucha, que camina los pueblos y que sabe encontrar las historias donde otros solo ven silencio.

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