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Culiacán, Sinaloa.- Hay pasiones que acompañan toda la vida. Para Abel Alberto Quijano Tolosa, esa pasión comenzó cuando era niño y escuchaba los discos de ópera que sonaban en casa.
Sin imaginarlo, aquellos momentos despertarían un amor por la música que, años después, se convertiría en una de las contribuciones más importantes de su vida para la cultura sinaloense.
Aunque su formación profesional fue como ingeniero industrial eléctrico, nunca dejó de lado el canto. Mientras desarrollaba su carrera en el área de las telecomunicaciones, continuó preparándose como tenor y participando en coros de ópera, hasta que la música comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en su camino.
Con el nacimiento de grandes proyectos culturales en Culiacán, Abel tuvo la oportunidad de involucrarse de manera más cercana en la organización de conciertos y producciones. Desde hace más de 20 años forma parte del Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC), donde actualmente se desempeña como jefe de producción.
Su trabajo ocurre, en gran medida, detrás del escenario. Gestiona espacios, coordina presupuestos, organiza programas y acompaña el desarrollo del Taller de Ópera, el Coro de Ópera y la Banda Sinfónica del Estado. Aunque el público pocas veces lo ve, su labor hace posible que cada presentación llegue a buen puerto.
A lo largo de su trayectoria también se ha especializado en una labor poco conocida: el supertitulaje de óperas, que consiste en traducir y sincronizar los textos que interpreta el elenco para que el público pueda seguir la historia. Un trabajo que requiere conocimiento musical, dominio de idiomas y una gran capacidad de concentración.
"Te conviertes en un músico más. Tienes que seguir la partitura y entender exactamente lo que está ocurriendo para que la traducción aparezca en el momento preciso", explica.

Parte de la historia cultural de Culiacán
Más allá de la producción de espectáculos, Abel ha sido testigo del crecimiento cultural que ha vivido Sinaloa en las últimas décadas.
Recuerda que cuando inició, la asistencia a los conciertos era reducida, mientras que hoy es común ver a familias, estudiantes y jóvenes disfrutando de la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes y de otras actividades artísticas.
Para él, acercar a las nuevas generaciones a la música también significa abrirles nuevas oportunidades de desarrollo y fortalecer el tejido social:
"Si nunca han escuchado una orquesta o una ópera en vivo, vayan. Dense esa oportunidad; estoy seguro de que no se van a arrepentir", comparte.
Después de más de cuatro décadas unido a la música y más de dos trabajando desde el ISIC, Abel Quijano sigue demostrando que una vocación puede nacer de un pasatiempo y terminar dejando una huella en la historia cultural de todo un estado.











