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Cosalá, Sinaloa. - En una garrafa de nieve caben mucho más que leche, azúcar y fruta. Para Alondra Salazar Rivas caben los recuerdos de su abuelo, el esfuerzo de su madre y la decisión de no dejar morir una tradición de más de cuatro décadas.
A sus 23 años, esta joven cosalteca transformó el duelo por la pérdida de sus seres queridos en la fuerza para mantener vivo un negocio que hoy forma parte de la identidad de este Pueblo Mágico.
Hay recetas que se escriben en un cuaderno y otras que quedan grabadas para siempre en la memoria. Alondra Salazar Rivas aún recuerda las palabras de su abuelo cuando, siendo apenas una niña, le preguntó cuál era el secreto para hacer la nieve de garrafa. "Por tanto de agua, tanto de leche, tanto de azúcar… y su puntito de sal que no le falte."
En ese momento no imaginó que aquella conversación definiría su futuro. Hoy, cuatro años después de asumir el negocio familiar, esa receta continúa dando vida a una tradición que comenzó hace aproximadamente 43 años en Cosalá.

El impacto de la tradición familiar en el negocio de Alondra
Un negocio nacido de la necesidad. Todo inició cuando un amigo enseñó al abuelo de Alondra el oficio de elaborar nieve de garrafa, pero en aquellos años únicamente preparaba nieve de vainilla. Con las ganancias ayudaba a sostener a su familia, en una época en la que conseguir un empleo bien remunerado era complicado.
Con el paso de los años pudo comprar un cajón de acero inoxidable para producir más nieve y agregar un segundo sabor: ciruela. Aquella pequeña venta ambulante comenzó a convertirse en un referente entre los habitantes de Cosalá.
Cuando la salud de su abuelo se deterioró, su madre tomó el relevo en las ventas. Mientras él preparaba la nieve, ella recorría las calles ofreciendo el producto para llevar el sustento a casa y apoyar también con los medicamentos de su padre. Y aunque creció viendo cómo elaboraban la nieve, Alondra nunca aprendió formalmente el oficio. Su madre insistía en que debía aprender, pero ella nunca creyó que algún día tendría que hacerlo sola.
La vida cambió por completo en 2022, pues primero falleció su abuelo y poco después su madre, ella
Había trabajado como empleada, pero temía que la receta no le saliera igual. Sin embargo, recordó exactamente las instrucciones que había escuchado años atrás y decidió intentarlo.

Cómo la competencia se convirtió en aliada de Alondra Salazar
Los primeros días fueron difíciles. La nieve quedaba demasiado dura por la cantidad de sal que utilizaba y batirla representaba un enorme esfuerzo físico. Uno de los momentos que más recuerda ocurrió cuando decidió pedir ayuda a quien menos imaginaba. Otra familia dedicada a vender nieve de garrafa, originaria de Oaxaca, también ofrecía su producto en Cosalá. Aunque eran competencia directa, Alondra se acercó a preguntar por qué su nieve quedaba tan dura. La respuesta cambió su forma de trabajar. La hija de aquella familia le explicó que estaba utilizando demasiada sal. Gracias a ese consejo pudo perfeccionar la técnica.
"A pesar de que era mi competencia, me ayudó. No fue egoísta", recuerda. Ese gesto le permitió recuperar la calidad que distinguía la receta familiar. Durante muchos años solamente ofrecían dos sabores: vainilla y ciruela. Pero cuando llegaron otros vendedores con una amplia variedad de opciones, las ventas comenzaron a disminuir. Su madre entendía que era momento de evolucionar.
Así nacieron nuevos sabores como fresa, galleta Oreo y limón, aunque ha experimentado con nieve de coco, nuez, plátano y chicle, Alondra reconoce que los clientes siempre terminan regresando por los sabores de toda la vida.
Desafíos y resiliencia en el negocio de nieve de garrafa
La violencia también puso a prueba el negocio. Como muchos pequeños comerciantes de Cosalá, también resintió los efectos de la inseguridad. Durante casi dos años el turismo disminuyó y, con ello, las ventas. Mientras otros vendedores recorrían las calles en motocicleta buscando clientes, ella únicamente podía ofrecer la nieve desde un punto fijo en la plazuela. Actualmente asegura que la situación comienza a mejorar, ya que los visitantes poco a poco han regresado al municipio y las ventas vuelven a estabilizarse, aunque ahora el principal obstáculo son las lluvias, ya que cuando el clima empeora los turistas prefieren no viajar y la plazuela queda prácticamente vacía.
Un amigo que evitó que el legado desapareciera. Los retos continuaron cuando quedó embarazada, pues por complicaciones en la gestación tuvo que guardar reposo por varios meses, con esto pensó que de nuevo tendría que cerrar el negocio, pero un amigo apareció para tenderle la mano. Él aprendió junto con ella el proceso de elaboración y se encargaba de sacar la carreta a vender mientras Alondra permanecía en casa recuperándose. "La verdad me ayudó muchísimo. Siempre voy a estar agradecida con él porque gracias a su apoyo el negocio no se detuvo", afirma.
Cuando su amigo se mudó, Alondra volvió a hacerse cargo completamente de la nieve, había días en que apenas obtenía entre 100 y 200 pesos de ganancia, pero ese dinero representaba un apoyo importante para sacar adelante a su hijo mientras su pareja trabajaba fuera de Cosalá.
Una jornada que comienza antes del amanecer. La elaboración de la nieve sigue siendo completamente artesanal. Todos los días, a las siete de la mañana, Alondra inicia la preparación de cada sabor. Primero elabora las nieves a base de leche y deja para el final la de limón. Después llena las garrafas, agrega hielo y sal y comienza el proceso más pesado: batir una y otra vez hasta lograr la textura perfecta. Más tarde lleva la carreta a la plazuela, donde una trabajadora atiende a los clientes mientras ella regresa a casa para cuidar de su hijo y realizar las labores del hogar, y al caer la tarde vuelve por la carreta y concluye una jornada que repite prácticamente todoslos días.

Más que una nieve, un legado familiar. Para muchos turistas, una nieve de garrafa representa simplemente un antojo. Para Alondra significa mucho más, cada cucharada conserva el esfuerzo de un abuelo que aprendió el oficio para alimentar a su familia; el sacrificio de una madre que encontró en ese trabajo la forma de criar a sus hijos; y la valentía de una joven que, cuando parecía perderlo todo, decidió que una tradición de más de 40 años no terminaría con ella.
Mientras siga girando la garrafa y la receta permanezca intacta en su memoria, el sabor de esa historia continuará formando parte de la identidad de Cosalá y del recuerdo de quienes, generación tras generación, han hecho de esa nieve una parada obligada en el Pueblo Mágico.









