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En la esquina de Javier Mina e Independencia, en Eldorado, un hombre de 63 años sostiene un cepillo con la misma firmeza con la que lo hace desde que tenía diez.
Florentino Zamora Vega, mejor conocido como "el Cholingas", lleva más de cinco décadas boleando zapatos, oficio que aprendió de su padre y que hoy lo ha convertido en una figura entrañable del municipio.

Los inicios de una gran trayectoria
Nacido en Sonora, pero criado en Eldorado desde niño, Zamora Vega se asume sinaloense de corazón.
Desde niño me trajeron para acá", cuenta, y desde entonces no se ha movido de esas calles que lo vieron crecer.
Cursó hasta la preparatoria e incluso comenzó la carrera de ingeniería agrónoma, pero la falta de recursos económicos lo obligó a dejarla. Se casó, tuvo tres hijos y, para sacarlos adelante, combinó el oficio de la bola con distintos trabajos, siempre entre la casa y la esquina que lo vio nacer como boleador.
Un atleta nato
Su nombre también resuena en el deporte local. Jugó fútbol y basquetbol, corrió maratones incluida la ruta hacia Mazatlán y representó a Culiacán en torneos estatales y nacionales.
Viajó por buena parte de la república jugando fútbol: Puebla, Guadalajara, Pachuca. Fue reconocido como jugador más valioso en la primera y segunda fuerza de Eldorado, presume que anotó más goles que nadie en esa categoría, y aún hoy sigue practicando varias disciplinas, aunque ya sin el mismo ritmo de antes.

Ya no como antes, nomás para llegar", dice entre risas al hablar de sus carreras recientes.
Lustrando a personajes de la vida pública
Con los años, su silla ha recibido a alcaldes, regidores y hasta a un futbolista que jugó un Mundial con las Chivas de Guadalajara. Recuerda con particular cariño su amistad con el expresidente municipal “Chuy” Valdés, y asegura que muchos de los alcaldes que ha tenido Culiacán se han sentado en su sillón alguna vez.
Clientes de Culiacán, Mazatlán y hasta del norte del país, incluido Nuevo León, buscan sus manos expertas. Muchos de ellos son también sus amigos: doctores, maestros y profesionistas que, según cuenta, "a veces me echan la mano" con algo de comer o un refresco, en una relación que ha trascendido lo comercial.
Busca preservar el oficio con sus enseñanzas a otros
Pero lo que distingue a Zamora Vega no es solo la clientela que ha reunido en más de medio siglo de trabajo, sino su disposición a compartir el oficio sin reservas.

Ha enseñado a bolear a compadres, algunos jóvenes y a migrantes sinaloenses radicados en Estados Unidos, a quienes incluso ha acompañado a la ferretería para elegir sus primeros materiales: cepillos, grasa, crema, pintura.
Hay que ayudar a la gente, porque Dios le ayuda a uno", dice con sencillez, resumiendo la filosofía que ha guiado su vida y que repite cada vez que alguien llega a pedirle un consejo del oficio.
Su nieta Jimena lo acompañó de pequeña en el sillón, y su presencia se volvió parte del paisaje del centro eldorandense; los clientes se detenían a tomarse una foto con ella mientras aprendía a bolear entre risas.
Aunque ahora, ya en la secundaria, prefiere mantener cierta distancia por la edad, el cariño entre ambos permanece intacto y Zamora Vega habla de ella con un orgullo que no necesita adornos.
Su rutina diaria sigue firme: llega a la esquina a las ocho de la mañana y se retira alrededor de las siete de la noche, aunque en estos días ha ajustado su horario para ayudar a un vendedor de la zona que enfermó y necesitaba cubrir su turno cerca del estadio de fútbol de Eldorado.
El noble oficio que debe ser orgullo de quienes lo realizan
Preocupado por el futuro de un oficio que ve desaparecer poco a poco, Zamora Vega insiste en que aprender a bolear no debe avergonzar a nadie.
Recuerda que conoce médicos, ingenieros y abogados que pagaron sus estudios boleando zapatos, y por eso invita a los jóvenes a acercarse: la puerta de su taller improvisado siempre está abierta para quien quiera aprender.
Este oficio es muy noble", repite, convencido de que el respeto por el trabajo bien hecho sigue abriendo puertas.
Después de 54 años en la misma esquina, "el Cholingas" no piensa en el retiro como un final, sino como una etapa más por construir. Mientras tanto, sigue ahí, entre cepillos y pinturas, acompañado del oficio que le dio identidad, amigos en cada rincón de Culiacán y un lugar entrañable en la memoria de Eldorado.









