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Culiacán, Sinaloa.- Hay lugares que terminan convirtiéndose en parte de la identidad de una ciudad. En Culiacán, el Jardín Botánico es uno de ellos.
A lo largo de sus 10 hectáreas, este espacio ha construido durante 40 años una comunidad que aprecia, conoce y respeta la biodiversidad, convirtiéndose en un lugar donde la naturaleza, la ciencia, el arte y la cultura conviven.
Su historia comenzó con una visión que buscaba regalarle a Culiacán un gran espacio verde.

Una historia que nació del amor por la naturaleza
Fue el ingeniero Carlos Murillo Depraect, apasionado por la botánica, quien tuvo la iniciativa de crear un área verde para la ciudad y que dentro de ella existiera un Jardín Botánico. Para hacerlo realidad, donó su propia colección de plantas.
En 1986 se inauguró el Jardín Botánico, dando inicio a una historia que con el paso de los años se convertiría en uno de los mayores orgullos naturales de Culiacán.
Durante sus primeros años, su privilegiada ubicación lo convirtió en un espacio atractivo para desarrolladores inmobiliarios. Sin embargo, la sociedad civil se organizó para evitar que este lugar desapareciera y defendió su permanencia como área verde para la ciudad.
En 1996, la Sociedad Botánica y Zoológica de Sinaloa se sumó a la causa de Murillo Depraect y solicitó formalmente al Gobierno la concesión para asumir la administración integral del espacio.
Ese momento fue fundamental para consolidar el proyecto y continuar trabajando en su conservación y crecimiento.
A partir de entonces, el Jardín comenzó una nueva etapa. En 2005 inició el proyecto de arte contemporáneo, mientras que en 2007 se presentó la primera propuesta de colecciones botánicas y comenzó la modernización de su infraestructura.
El Plan Maestro arquitectónico estuvo a cargo de la reconocida arquitecta Tatiana Bilbao, dando una nueva visión al espacio y fortaleciendo su vocación como un lugar donde naturaleza y cultura pudieran encontrarse.

Un patrimonio vivo de Culiacán
Hoy, el Jardín Botánico es considerado uno de los jardines más importantes de México y del continente, y su trabajo se desarrolla alrededor de cuatro grandes ejes: conservación, investigación, educación y exhibición.
En materia de conservación, impulsa acciones para proteger especies nativas amenazadas y contribuye a preservar parte de la biodiversidad que enfrenta riesgos de desaparición.
En investigación, opera y administra un banco de germoplasma y un herbario registrado ante el Index Herbariorum, reconocimiento internacional para herbarios orientados a la investigación científica.
La educación también ocupa un lugar fundamental. El Jardín promueve programas relacionados con la botánica, además de desarrollar actividades y espacios para la expresión artística y cultural. Incluso cuenta con una biblioteca que fortalece su labor educativa.
Y en exhibición, resguarda una colección botánica de más de mil especies, distribuidas en 17 colecciones, además de una colección de 39 obras de arte contemporáneo y su propia biblioteca.

Su riqueza también puede encontrarse en la fauna que habita el espacio, con más de 200 especies de fauna silvestre y 146 especies de aves, que convierten al Botánico en un refugio de biodiversidad dentro de la ciudad.
También cuenta con más de 300 especies en conservación bajo riesgo de desaparición y es hogar de la Colección Nacional de Palmas, que reúne más del 60 por ciento de las especies mexicanas de este grupo.
Un orgullo que pertenece a todos
Más allá de sus cifras y reconocimientos, el verdadero valor del Jardín Botánico está en la relación que ha construido con la ciudad.
Durante cuatro décadas, generaciones de culiacanenses han encontrado aquí un lugar para caminar, aprender, convivir y acercarse a la naturaleza.
Para los niños, puede ser el sitio donde descubren por primera vez la diversidad de plantas y aves; para las familias, un espacio para compartir tiempo al aire libre; y para quienes buscan tranquilidad, una pausa dentro del movimiento de la ciudad.
El contacto con la naturaleza ayuda a reducir el estrés, favorece el bienestar físico y emocional, estimula la creatividad y fortalece la convivencia. Por eso, tener un espacio de estas características dentro de Culiacán representa también una oportunidad para construir una ciudad más humana.
El Jardín Botánico ha logrado que conservación y cultura caminen de la mano. Su proyecto de arte contemporáneo, sus colecciones, sus actividades educativas y su riqueza natural hacen que cada visita sea una oportunidad para descubrir algo nuevo.

Un trabajo que traspasa fronteras
El Jardín Botánico de Culiacán es considerado uno de los 10 mejores jardines de Norteamérica para visitar, de acuerdo con los Garden Tourism Awards del Consejo de Jardines de Canadá, un reconocimiento que pone en valor la importancia que ha alcanzado este espacio.
Pero quizá uno de sus mayores reconocimientos es otro: ser parte de la vida de Culiacán.
A 40 años de su inauguración, el Jardín Botánico no solo conserva plantas. Conserva una historia, protege biodiversidad, genera conocimiento, impulsa la cultura y ofrece a la ciudad un espacio para respirar.
Es un patrimonio vivo que nació del sueño de regalarle a Culiacán un área verde y que hoy, cuatro décadas después, pertenece a todos los que lo han recorrido, disfrutado y aprendido a querer. Porque una ciudad también se reconoce en los espacios que decide conservar.
Y el Jardín Botánico es, sin duda, uno de esos lugares que hacen que Culiacán tenga algo único que mostrar y, sobre todo, algo propio de lo que sentirse orgulloso.

Algunas de las actividades del Botánico
- Club de Jardinería
- Club de Orquídeas
- Club Bonsái
- Talleres de jardinería
- Huertos y cultivo
- Actividades culturales y al aire libre
- Club del libro
- Ejercicio y convivencia familiar






