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Elota, Sinaloa.- Hay negocios que trascienden el tiempo y se convierten en parte de la historia de un pueblo. Ese fue el caso del restaurante Hong Kong, un establecimiento que durante décadas dio identidad a El Espinal, municipio de Elota, y que todavía hoy es recordado por generaciones de sinaloenses.

Detrás de esa historia se encuentra un hombre originario de China que llegó a México con poco más que sus ganas de trabajar.

Su travesía comenzó al desembarcar en Cananea, Sonora, desde donde viajó hasta Culiacán. Ahí escuchó hablar de las fértiles tierras del Bolsón de Navolato y decidió comenzar una nueva vida como agricultor.

La historia de un inmigrante que construyó un patrimonio en Elota

Los primeros años no fueron fáciles.

Su hija Blanca Rosa Fu de Castro relató que su padre llegó y rentó tierras para sembrar frijol y, después de obtener una buena cosecha, empezó a criar cerdos. Más tarde diversificó su producción con hortalizas como zanahoria, pepino, rábano, calabaza y otras verduras que llevaba a vender a Navolato.

Con el tiempo logró comprar terrenos propios en Baturí, donde amplió sus cultivos de arroz, tomate, cebolla, ajo, chile y papa.

Su crecimiento fue constante. Compró un tractor, formó un hato ganadero e incluso viajaba a Sonora para adquirir mulas que utilizaba en las labores agrícolas.

Además de producir, apoyaba a otros campesinos de la región prestándoles dinero y semilla para sembrar, y después les compraba la cosecha.

"Nadie le regaló nada; todo lo consiguió con su trabajo", recuerda su familia.

Blanca Rosa Fu Cabanillas recuerda que ayudaba en la cocina y que al restaurante llegaban diferentes personalidades
Blanca Rosa Fu Cabanillas recuerda que ayudaba en la cocina y que al restaurante llegaban diferentes personalidades

Un legado que trasciende generaciones en Sinaloa

En 1952 decidió emprender un nuevo proyecto.

Abrió el restaurante Hong Kong en El Aguaje, un punto estratégico sobre la carretera. El nombre era un homenaje al puerto chino donde había nacido.

El establecimiento funcionaba junto a una gasolinera también de su propiedad, y pronto comenzó a atraer a viajeros de todo el estado.

Años después, en 1973, la familia adquirió el edificio donde permanecería durante décadas en El Espinal, Elota, consolidando definitivamente el restaurante.

El Hong Kong pronto dejó de ser un restaurante más.

Se convirtió en una parada obligada para quienes viajaban entre Mazatlán, Culiacán, Elota y San Ignacio.

En sus mejores años era común ver decenas de vehículos estacionados frente al negocio.

La cocina trabajaba sin descanso y llegó a emplear hasta seis personas entre cocineros y meseras para atender la demanda.

Su menú combinaba comida china tradicional con platillos mexicanos, una propuesta poco común para la época.

El chop suey, la comida cantonesa, el té chino y diversos platillos preparados con recetas familiares se convirtieron en los favoritos de los clientes.

Este fue el famoso restaurante Hong Kong ubicado en El Espinal Elota que se convirtió en parada obligatoria de muchos viajantes
Este fue el famoso restaurante Hong Kong ubicado en El Espinal Elota que se convirtió en parada obligatoria de muchos viajantes

Impacto del restaurante Hong Kong en la comunidad sinaloense

La fama del Hong Kong cruzó las fronteras de Elota.

Por sus mesas pasaron figuras reconocidas como José José, Julio César Chávez, Capulina, Leonorilda Ochoa, Dina de Marco, Rafael Banquells y, según recuerda la familia, también Chayanne durante uno de sus recorridos por la región.

El restaurante recibía además visitantes provenientes de San Ignacio, Cosalá, Culiacán y numerosas comunidades del sur de Sinaloa.

Las empanadas que conquistaron a todos

Aunque la especialidad era la comida china, uno de los productos más exitosos nació casi por accidente.

Blanca Rosa Fu comenzó a preparar empanadas de piña utilizando una receta propia.

Su padre no estaba convencido de venderlas, pero cada vez que las preparaba se agotaban rápidamente.

Con el tiempo se transformaron en uno de los productos más emblemáticos del restaurante, junto con la repostería china y las tradicionales natas de leche.

Los postres que preparaba doña Blanca Rosa Fu, se convirtieron en los preferidos no solo de quienes llegaban a comer, sino de toda la comunidad.
Los postres que preparaba doña Blanca Rosa Fu, se convirtieron en los preferidos no solo de quienes llegaban a comer, sino de toda la comunidad.

El cierre del restaurante Hong Kong

Después de más de seis décadas de servicio, el Hong Kong cerró alrededor de 2012. No fue por falta de clientes.

La familia explica que simplemente ya no había suficientes personas para continuar con la operación del restaurante, pues quienes ayudaban en la cocina habían formado sus propias familias. Sin embargo, el cierre del negocio no significó el fin de su legado.

Un nombre que sigue vivo

A más de una década de haber bajado sus cortinas, el Hong Kong continúa siendo tema de conversación entre quienes recorrieron la antigua carretera y disfrutaron de su cocina, incluso recuerdan ese sabor único de los postres, los cuales continúan haciendo, pero de momento se han tomado una pausa.

Su historia representa el esfuerzo de un inmigrante que encontró en Sinaloa la oportunidad de construir un patrimonio, primero trabajando la tierra y después conquistando el paladar de miles de personas.

Más que un restaurante, el Hong Kong fue un símbolo de El Espinal, un lugar donde la cultura china y la tradición sinaloense se encontraron alrededor de una mesa, dejando un legado gastronómico que aún permanece en la memoria colectiva del municipio.

Blanca Rosa Fu, posa muy sonriente en el lugar que funcionó por varias décadas el restaurant Hong Kong
Blanca Rosa Fu, posa muy sonriente en el lugar que funcionó por varias décadas el restaurant Hong Kong
Preguntas y respuestas
Yolanda Tenorio
Yolanda Tenorio

Yolanda Tenorio es una periodista con más de 15 años de experiencia narrando historias que importan y que muchas veces no encuentran eco en los grandes titulares. Ingresó a El Debate de Mazatlán el 21 de febrero de 2008 como corresponsal, y desde entonces ha sido testigo y cronista del pulso serrano: comunidades marcadas por el abandono, la violencia o la migración, pero también por su cultura, dignidad y riqueza humana.

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Su pasión por el periodismo se manifiesta especialmente en el género de la crónica, así como en los reportajes especiales que retratan con sensibilidad a los pueblos olvidados y los personajes que resisten con orgullo. Es una periodista que escucha, que camina los pueblos y que sabe encontrar las historias donde otros solo ven silencio.

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