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Para Ti

Culiacán, Sinaloa.- Mariella Montoya Estrada tenía 20 años cuando decidió convertir una idea que había guardado desde la preparatoria en un emprendimiento junto con su novio Joaquín.

Tres años después, aquella apuesta que comenzó entre clases, apoyo familiar y dudas se ha transformado en Kit Cart, un negocio viral que sigue conquistando a Culiacán con sus monchosas fresas con crema y un menú construido, en buena medida, a petición de sus propios clientes.

Hoy, ambos tienen 23 años, son egresados de Arquitectura y cuentan con dos puntos de venta: uno sobre el corredor a Imala, frente a Plaza Oasis, y el otro en el sector Cañadas, frente al Kiosco Cañadas.

Las fresas con crema, especialmente las Raffaello, se convirtieron en uno de los productos más buscados y ayudaron a que Kit Cart se volviera viral.
Las fresas con crema, especialmente las Raffaello, se convirtieron en uno de los productos más buscados y ayudaron a que Kit Cart se volviera viral.

Pero antes de las filas y de los videos virales en redes sociales, hubo una pequeña mesa, una caja de gomitas y muchas horas de trabajo.

Un carrito, 13 kilos de gomitas y una oportunidad

La idea nació cuando Mariella y su novio Joaquín estudiaban Arquitectura. Él quería incursionar en las barras de snacks para eventos; ella recordaba un carrito blanco que había visto años atrás y que le había llamado la atención.

Juntos decidieron comprarlo. No tenían capital para arrancar, así que pidieron prestado y recibieron el respaldo de sus familias.

El primer proyecto consistía en ofrecer hasta 13 variedades de gomitas en eventos. Sin embargo, una etapa complicada para Culiacán provocó la cancelación de actividades y la joven pareja terminó guardando con el carrito… y con 13 kilos de gomitas sin vender.

La solución fue sencilla, aunque nada cómoda: llevar las gomitas a la universidad. “¿Por qué no las vendemos aquí?”, pensó Mariella.


Así comenzaron a recorrer los pasillos de la Facultad de Arquitectura, salón por salón, ofreciendo bolsitas de gomitas a sus compañeros. El calor de Culiacán no era impedimento. Tampoco las tareas, los proyectos y las exigencias de la carrera.

Para Mariela, uno de los mayores orgullos está precisamente en crecer sin dejar de aprender.
Para Mariela, uno de los mayores orgullos está precisamente en crecer sin dejar de aprender.

La confianza también fue parte del emprendimiento

Con el tiempo, el trabajo universitario se volvió más intenso y la pareja encontró una alternativa: el autocobro.

Una profesora les propuso dejar una caja con productos para que los estudiantes tomaran lo que quisieran y pagaran por su cuenta. El primer experimento fue con 10 bolsas de gomitas. El resultado sorprendió a Mariella: no faltó producto ni dinero.

Durante ocho o nueve meses, Kit Cart creció dentro de la universidad. A las gomitas se sumaron brownies, nueces y otros snacks. La iniciativa incluso inspiró a otros estudiantes a emprender y pronto aparecieron distintas cajitas de productos por la facultad.

Hasta que llegó el momento de salir nuevamente de ahí. Cuando la universidad tuvo que retirar los puntos de autocobro por una queja relacionada con una mesa, Mariella se encontró con un problema: tenía productos preparados, pero ya no tenía dónde venderlos. Fue entonces cuando decidió apostar por la calle.

De vender 30 pesos al día a formar filas

Sin carpa, sin mesa y sin sillas propias, la pareja improvisó su primer punto sobre el corredor a Imala con artículos prestados por sus padres. El inicio fue difícil. Había días en los que apenas vendían 15, 30 o 50 pesos.

Su mamá le propuso darse tres meses para demostrar si el proyecto podría funcionar. Mariella aceptó el reto y comenzó a mover las redes sociales.

Los videos de TikTok e Instagram empezaron a atraer clientes. Algunos llegaban porque habían visto el negocio en redes; otros comenzaron a recomendarlo. Y Kit Cart dejó de ser un pequeño puesto.

“Yo soy muy terca”, reconoce Mariella, al recordar aquellos primeros días. Esa perseverancia se convirtió en uno de los ingredientes principales de su negocio.


Las fresas con crema cambiaron la historia

El menú actual tampoco nació de una estrategia rígida. Fueron los clientes quienes ayudaron a construirlo. Primero llegaron los brownies con nieve y diferentes presentaciones, después las fresas con crema a petición de los visitantes.

Mariella Montoya y su novio cuentan con dos puntos de venta y buscan establecer nuevas casetas en Culiacán, mientras exploran a futuro opciones como las franquicias.
Mariella Montoya y su novio cuentan con dos puntos de venta y buscan establecer nuevas casetas en Culiacán, mientras exploran a futuro opciones como las franquicias.

Mariella nunca había preparado fresas con crema, pero sus tías, ambas reposteras, compartieron con ella recetas que hoy forman parte de Kit Cart. Así surgieron las fresas con crema, con brownie, con pay, las Raffaello, las Lotus y otras combinaciones.

El éxito de las fresas Raffaello llevó al negocio a otro nivel. La demanda creció tanto que la pareja tuvo que comprar equipo y aumentar su capacidad de producción.

Un menú que también lo escriben los clientes

Hoy Kit Cart ofrece fresas con crema, brownies con nieve, snacks, papas preparadas y distintas combinaciones.

La joven emprendedora escucha constantemente las sugerencias de quienes los visitan. Incluso pregunta qué ingredientes les gustaría encontrar y después experimenta con las recetas.

Pero hay una regla que mantiene firme: no vender algo que ella misma no haya probado y que no le guste. Su crema, además, se ha convertido en uno de los distintivos del negocio.

El siguiente reto: crecer sin perder la esencia

Actualmente, Kit Cart cuenta con dos puntos y emplea a personas para atender la demanda, especialmente durante los fines de semana.

Mariella y su novio también mantienen otra faceta de su formación como arquitectos: cuentan con una marca dedicada al diseño y elaboración de muebles y trabajos de carpintería.

Aunque reconoce que le gustaría ejercer su profesión, por ahora su prioridad es consolidar Kit Cart. Su meta es contar con al menos tres carretas fijas en Culiacán y, más adelante, explorar posibilidades como una franquicia.

La petición ya existe: incluso han recibido mensajes de personas interesadas en llevar la marca a otras ciudades. Pero antes de pensar en grande, Mariella quiere seguir fortaleciendo lo que construyeron desde aquella primera mesita universitaria.

Porque si algo le han enseñado estos tres años es que un emprendimiento no crece de la noche a la mañana.


Más que fresas, una historia de perseverancia

Kit Cart crece con trabajo, con errores, con clientes que sugieren nuevas ideas, con familias que prestan una mesa o una hielera y, sobre todo, con la decisión de volver al día siguiente aunque el anterior haya sido difícil.

Hoy, cuando Mariella ve las filas frente a Kit Cart, todavía le cuesta dimensionar lo que han conseguido.

A veces son sus propios clientes quienes se lo recuerdan: aquellos que la conocieron cuando apenas tenía una carpita y ahora regresan para verla dentro de una caseta acondicionada, atendiendo un negocio que nació cuando tenía apenas 20 años.

Y quizá ahí está la parte más dulce de esta historia: las fresas con crema hicieron viral a Kit Cart, pero fueron la perseverancia, el aprendizaje y la confianza de sus clientes los que ayudaron a construirlo.



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Francisco Castro
Francisco Castro

Comunicólogo con más de 20 años dedicado al periodismo impreso y digital. Experiencia en periodismo de investigación, edición de contenidos y actualmente enfocado al periodismo constructivo y de soluciones.

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