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Culiacán, Sinaloa.- María del Socorro Sánchez tiene 79 años y una memoria llena de lugares, algunos ya inexistentes, calles que cambiaron de rostro y una colonia que ayudó a construir desde sus primeros días.

En Las Cucas, donde llegó cuando todavía predominaba el monte y la falta de servicios, su historia de vida también es parte de la historia de este barrio ubicado al norte de Culiacán.

Hoy, dos décadas después de comenzar a acudir al DIF de la colonia 6 de Enero, sus mañanas tienen otro ritmo: martes y viernes se pone los tenis, llega puntual a las 9 y se prepara para jugar cachibol.

Doña Socorro no solo vio la transformación de Las Cucas, también encontró nuevas razones para mantenerse en movimiento.
Doña Socorro no solo vio la transformación de Las Cucas, también encontró nuevas razones para mantenerse en movimiento.

Y no juega solo por pasar el rato. Para María del Socorro, el deporte se convirtió en una forma de mantenerse activa, hacer amistades y seguir descubriendo lugares.


De un tejabán a una colonia

Cuando llegó a Las Cucas, lo que encontró fue muy distinto a lo que existe ahora. No había agua ni electricidad y eran pocas las familias que habitaban el sector.

“Todo era monte”, recuerda para Tus Buenas Noticias.


Le dieron un pequeño solar y ahí, junto con su esposo Octavio y tres hijos, comenzó una nueva etapa. Primero levantaron un tejabán. María del Socorro estaba embarazada y, en aquellos primeros años, debía acarrear agua en baldes desde una noria cercana.

También recuerda aquellos días en que la ribera del río Humaya era un espacio cotidiano. Bajaban a lavar entre la arena y los lavaderos, cuando el paisaje todavía permitía ver el río más ancho y distinto al de hoy.

Con el tiempo llegaron más hijos. En total, tuvo siete: cuatro hombres y tres mujeres. La familia creció hasta convertirse en una numerosa descendencia de alrededor de 22 nietos, 25 bisnietos y dos tataranietas.

Los domingos, María del Socorro espera a sus hijos, nietos y bisnietos para compartir pozole, tacos o cualquier comida que reúna a la familia.
Los domingos, María del Socorro espera a sus hijos, nietos y bisnietos para compartir pozole, tacos o cualquier comida que reúna a la familia.

El cachibol como una nueva etapa

Durante muchos años, María del Socorro estuvo dedicada principalmente al hogar. Incluso trabajó cerca de seis años ayudando a una comadre con las labores de su casa, mientras atendía también a su propia familia.

Pero a los 57 años encontró una actividad que la ha acompañado durante más de dos décadas: el cachibol.

Nunca había jugado volibol. Sin embargo, le tomó gusto rápidamente. Ahora participa en encuentros y competencias con otros grupos del DIF, incluso en parques y torneos fuera de Culiacán.

“Es como una terapia”, dice al hablar de las actividades del DIF y de las amistades que ha construido ahí.


María del Socorro también conoce otras actividades del centro: costura, manualidades, yoga, corte y confección y talleres de belleza. Sin embargo, el cachibol terminó ganándole al resto.

Su mensaje es sencillo: salir de casa, convivir, aprender algo nuevo y mantenerse activos puede abrir una nueva etapa de la vida.




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Francisco Castro
Francisco Castro

Comunicólogo con más de 20 años dedicado al periodismo impreso y digital. Experiencia en periodismo de investigación, edición de contenidos y actualmente enfocado al periodismo constructivo y de soluciones.

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