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Escuinapa, Sinaloa.- En cada comunidad existen personas que, con su trabajo diario, dejan una huella imborrable en quienes las rodean.
En Escuinapa, uno de esos nombres es el de Martha Alicia Romero Isiordia, una mujer que ha dedicado gran parte de su vida a atender con esmero y alegría su conocida “Fondita Martha”, un negocio que con el paso de los años se ha convertido en un referente para cientos de habitantes del municipio.

Ubicada frente a la Unidad Administrativa y rodeada por instituciones educativas de nivel secundaria y preparatoria, la fondita ha sido durante años una parada obligada para estudiantes, empleados, maestros, padres de familia y visitantes que buscan un alimento preparado con sabor casero y atención cordial.
Una fondita que se volvió parte de la vida cotidiana
Desde temprana hora, Martha abre las puertas de su pequeño establecimiento para ofrecer una variedad de antojitos y comidas que forman parte de la preferencia de sus clientes.
Tacos dorados de camarón, tostadas, tortas, gorditas y bebidas refrescantes son algunos de los productos que diariamente llegan a las manos de quienes encuentran en ese lugar una opción accesible y de calidad.

Sin embargo, más allá de los alimentos que prepara, lo que realmente distingue a Martha es la forma en que atiende a las personas. Su sonrisa permanente, su disposición para conversar y el trato amable que brinda a cada cliente han sido elementos fundamentales para construir una relación cercana con quienes la visitan.
A lo largo de los años, la fondita se ha convertido en un espacio donde no solo se comparte comida, sino también historias, anécdotas y momentos de convivencia que fortalezcan los lazos entre quienes forman parte de la comunidad escuinapense.
La fuerza para levantarse después de la adversidad
Como ocurre con muchas historias de emprendimiento, el camino de Martha no ha estado exento de dificultades. A pesar de los obstáculos que ha enfrentado, su determinación y fortaleza le han permitido mantenerse firme y continuar adelante.
Uno de los episodios más complicados que recuerda ocurrió en octubre de 2018, cuando el huracán Willa impactó severamente la región. La fuerza de los vientos y las lluvias destruyeron gran parte de la estructura de su carpita, dejándola prácticamente sin el espacio que durante años había sido su fuente de ingresos.
La situación se volvió aún más complicada debido a diversos actos de vandalismo registrados después del fenómeno meteorológico, lo que representó nuevas pérdidas para el negocio y una dura prueba para la emprendedora.
Lejos de darse por vencida, Martha comenzó nuevamente desde cero. Con esfuerzo, paciencia y el respaldo de quienes confiaban en ella, logró reconstruir poco a poco su espacio de trabajo y continuar ofreciendo sus servicios.
Cuando parecía que las cosas comenzaban a estabilizarse, llegó otro desafío inesperado: la pandemia de COVID-19. Al igual que miles de pequeños comerciantes en todo el país, tuvo que cerrar temporalmente su negocio y enfrentar meses de incertidumbre.
La disminución de la actividad económica y las restricciones sanitarias generaron preocupación sobre el futuro de la fondita. Sin embargo, una vez más, Martha encontró la manera de salir adelante.
Su perseverancia fue más fuerte que las dificultades. Con disciplina y optimismo logró retomar sus actividades cuando las condiciones lo permitieron, demostrando que la voluntad y el trabajo constante pueden superar incluso los momentos más complejos.
El legado de una mujer que alimentó sueños y generaciones
Para Martha Romero, el verdadero valor de su trabajo no se mide únicamente en los años de servicio ni en los ingresos obtenidos, sino en las relaciones humanas que ha construido a lo largo del tiempo.
Después de más de veinte años atendiendo a estudiantes y trabajadores, conserva innumerables recuerdos de personas que conoció cuando eran adolescentes y que hoy son profesionistas, padres de familia y ciudadanos que contribuyen al desarrollo de Escuinapa.

Cada generación que pasó por las escuelas cercanas dejó una historia en su memoria. Muchos de aquellos jóvenes que alguna vez compraron una tostada o una bebida durante el recreo continúan visitándola y saludándola con el mismo afecto de años atrás.
Esa cercanía con la comunidad es una de las mayores satisfacciones que le ha dejado su labor. Sin embargo, existe otra que ocupa un lugar especial en su corazón: haber podido apoyar a sus hijos para que continuaran sus estudios.
Con orgullo, Martha asegura que la educación es la mejor herencia que una madre puede ofrecer, y considera que todo el esfuerzo realizado durante décadas ha valido la pena al ver los resultados obtenidos en su familia.
“Gracias a este trabajo y con el favor de Dios he podido lograr apoyar a mis hijos en sus estudios; es la satisfacción más grande que mi trabajo me ha dado, ya que es la mejor herencia que les podemos dejar a ellos”
Actualmente, con más de 60 años de edad, mantiene intacta la energía y entusiasmo que la caracterizan. Su actitud positiva y su amor por el trabajo siguen siendo los mismos que la impulsaron desde el primer día.
“Mientras Dios me dé la oportunidad y la fuerza para seguir trabajando y atendiendo a mi gente, aquí voy a estar”
Entre aromas de cocina casera, risas compartidas y el cariño de quienes la visitan diariamente, Martha Romero continúa escribiendo una historia de esfuerzo, dignidad y perseverancia.
Su ejemplo refleja el espíritu de muchas mujeres escuinapenses que, con trabajo honesto y dedicación, contribuyen todos los días al crecimiento de su comunidad y dejan una huella imborrable en la memoria de quienes tienen la fortuna de conocerlas.

















