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Elota, Sinaloa.- Hace 12 años, José Alberto Salazar llegó a Cruz Roja después de caer de una motocicleta. Tenía alrededor de 18 años y acudió únicamente para recibir atención por sus heridas, sin imaginar que aquella visita terminaría marcando el rumbo de su vida.
Después de ser atendido, tuvo la oportunidad de integrarse al área de Juventud, donde comenzó como voluntario. Su acercamiento con la institución también tenía un antecedente familiar, pues su madre había trabajado ahí y desde antes acudía para visitarla. Con el tiempo, aquella cercanía se convirtió en vocación.
Al cumplir la mayoría de edad, decidió capacitarse como Técnico en Urgencias Médicas (TUM). Entre 2015 y 2016 comenzó a desempeñarse como voluntario y posteriormente recibió la oportunidad de trabajar de planta en una ambulancia de la autopista, donde continúa hasta la fecha.
A sus 30 años suma aproximadamente 12 años como voluntario y una década como paramédico. Cuando se le pregunta qué disfruta de su profesión, responde con sencillez: “Me gusta ayudar a la gente”.
La trayectoria de un joven que encontró su vocación en la Cruz Roja
Emergencias que dejan huella
A lo largo de estos años ha enfrentado emergencias difíciles. Los traumatismos son de los servicios que más le gustan atender, aunque reconoce que los casos donde hay niños son especialmente dolorosos.
Entre las experiencias que más recuerda está el accidente de un autobús ocurrido en el kilómetro 104 de la carretera Mazatlán-Culiacán. La llamada llegó alrededor de las cinco de la mañana y, al arribar, encontraron la unidad incendiada y un escenario devastador: alrededor de 22 personas perdieron la vida.
Los paramédicos atendieron a los sobrevivientes. Ocho personas fueron trasladadas para recibir atención médica y otras 10 fueron valoradas en el lugar sin requerir traslado.
“Llegas y miras el autobús encendido y no puedes hacer nada”, recuerda.
Ante este tipo de situaciones, explica, no hay tiempo para dejarse llevar por el impacto. Hay que controlar los nervios y actuar, sabiendo que detrás de cada paciente existe una familia esperando su regreso.

Impacto de las emergencias en la vida de un paramédico
Una vocación sin esperar recompensa
José Alberto ha continuado capacitándose. Además de su preparación como TUM y técnico de atención médica prehospitalaria, hace aproximadamente dos años realizó en Mazatlán el curso de conductor de vehículo de emergencia, obteniendo su acreditación.
Considera que la preparación es fundamental porque una emergencia no da tiempo para improvisar. Hay que saber qué hacer y actuar con rapidez.
A lo largo de su trayectoria ha recibido agradecimientos de personas a las que ha atendido, pero asegura que nunca ha trabajado esperando reconocimiento.
“Se siente bonito cuando la gente te agradece, pero uno lo hace sin esperar nada a cambio”, afirma.
Por ello invita a los jóvenes a acercarse a Cruz Roja, pues señala que existen distintas maneras de servir, desde participar en Juventud hasta apoyar en actividades comunitarias y emergencias.
José Alberto llegó a Cruz Roja buscando atención para unas heridas y terminó encontrando una vocación. Doce años después continúa poniéndose el uniforme y subiendo a una ambulancia cada vez que alguien necesita ayuda.
Su recompensa no está en los aplausos, sino en saber que estuvo presente cuando alguien necesitaba auxilio.
Porque mientras muchos buscan alejarse de una emergencia, José Alberto corre hacia ella, convencido de que detrás de cada llamada hay una vida que vale la pena intentar salvar.










